Björk Guðmundsdóttir (no le cabe en el DNI) cumple 55: ataques de furia, gorgoritos y un fan asesino
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Björk Guðmundsdóttir (no le cabe en el DNI) cumple 55: ataques de furia, gorgoritos y un fan asesino

La niña prdiogio reconvertida en abuela moderna ha tenido una vida familiar bunquerizada: de Islandia al mundo, la vida de esta artista catalogada como única y 'raruna'

Foto: Björk Guðmundsdóttir (no le cabe en el DNI) cumple 55: ataques de furia, gorgoritos y un fan asesino
Björk Guðmundsdóttir (no le cabe en el DNI) cumple 55: ataques de furia, gorgoritos y un fan asesino

“Björk Guðmundsdóttir, pone en mi DNI, que no cabe”, decía Joaquín Reyes hace unos años en uno de esos ‘Testimonios’ en los que el humorista manchego se transformaba, a su manera, en un personaje conocido. Su impersonización de la islandesa está entre las mejores que pudieron verse en la desaparecida y recordada ‘La hora chanante’. “Tengo este apellido tan peculiar porque soy medio lapona, medio esquimal, medio mongola”, decía antes de arrancarse con una biografía ‘a la gornú’ que corría en un universo paralelo (con ciertos apuntes de realidad) solo apreciado por gente 'tunante y golismera' (según el diccionario de la 'Muchachada Nui').

En un viaje que este que suscribe realizó a Reikiavik en calidad de monitor de conjunto coral (todos tenemos un pasado), tuve la ocasión de conocer a la profesora de música de la cantante. La maestra recordaba a Björk como una niña con un talento especial que ya apuntaba maneras, y de hecho, así lo demostró desde su más tierna infancia grabando su primer disco con 12 años. ¿Cómo fue eso posible? Pues porque la profesora quedó fascinada por la pequeña Guðmundsdóttir en una función de colegio, grabó la actuación y la mandó a una emisora de radio. Y a partir de ahí, ancha es Islandia… Su álbum debut (uno de versiones titulado como ella) fue disco de oro en su país, que teniendo en cuenta que la población islandesa cabe en Móstoles, calculen…

Infancia jipilondia

Como los nombres en latitudes escandinavas son un reto lingüístico y además hacen risa al pronunciarlas, diremos que la cantante nació en el barrio de Oslin (en la capital de la isla) fruto del matrimonio formado por la ecologista Hildur Rúna Hauksdóttir y el electricista Guðmundur Gunnarson. La pareja se separó cuando la cantante tenía dos años, y por aquello de que no hay mal que por bien no venga y que incluso en Islandia este refrán español tiene vigencia, fue precisamente su padrastro, el guitarrista Sævar Árnason, el que la animó a dedicarse a la música y componer. Poco después, la familia se trasladó a una comuna hippie aunque no está del todo claro que anduvieran por ahí “todo el día en culo” y le dieran una educación con “mucha relajación de costumbres” por ser ellos “unos jipilondios”, como asegura la falsa Björk en la piel de Reyes.

Si te estás preguntando si esa forma de ser tan extraña suya le viene de siempre, un dato (bueno, varios): desde pequeña demostró interés por la física, coleccionaba insectos y su ídolo era Albert Einstein. Ajá. No sabemos si lo hacía por destacar (tenía seis hermanos y eso siempre es duro), por hacerse la guay o es que en ese país en el que es de día seis meses y de noche otros seis las cosas funcionan de otra manera. Si aquí ya nos volvemos locos cuando atrasamos o adelantamos una hora el reloj, imagínense ese baile temporal. Como para no estar “medio merilota”.

Bjork, en un concierto. (Reuters)
Bjork, en un concierto. (Reuters)

Mientras que la carrera musical de la islandesa ha sido siempre un escaparate abierto al mundo, su vida personal ha tenido un devenir más opaco. Esta cantante de la que se ha dicho que tiene una de las voces más únicas y personales de la historia (comparada con María Callas aunque en otro registro) ha mimado su privacidad hasta sus últimas consecuencias. Y si eso incluye marcarse un Pantoja o un José Ortega Cano (“No grabes más que te parto los ojos”, le llegó a decir a un cámara en un arranque de furia), sin problemas.

La furia islandesa

Sucedió en el aeropuerto de Don Muang en 1996 cuando la periodista de Thai TV Julie Kaufman fue agredida por la cantante cuando intentó acercarse a la artista. “Bienvenida a Bangkok”, dijo la reportera alegremente. Y a partir de ahí, una lluvia de patadas y tirones de pelo cayó sobre ella como si fuera un combate de pressing catch. El incidente fue tan desproporcionado (sobre todo en alguien tan esquivo y aparentemente frágil) que fue portada en los diarios del día siguiente. “Llevaba mucha presión encima, por eso exploté”, se intentó justificar ella. Claro, bajando de un avión es normal… Avión..., presión… ¿Lo pillan? Ya, es tan malo que nos merecemos una ‘manguzada’.

Aunque para presión, presión, la que le puso Ricardo López, un joven uruguayo de 21 años residente en Miami que se grabó a sí mismo (ojo a esto) mientras fabricaba una bomba de ácido sulfúrico para acabar con la vida de la artista. Una bomba de ácido sulfúrico. Eso es mucha maldad. Porque ya en sí una bomba, mal, pero con ácido sulfúrico... Criaturaaaaa. Eso es el daño por el daño. El daño mayúsculo. “El ácido sulfúrico es un químico muy fuerte que es corrosivo. Esto significa que puede causar quemaduras graves y daño a tejidos cuando entra en contacto con la piel o las membranas mucosas (una web random encontrada en internet sobre salud lo corrobora)”. El dañismo en estado puro. Como lo del 'te arranco los ojos' pero en formato explosivo.

López envió la bomba dentro de un libro haciéndose pasar por un ejecutivo que le ofrecía un guion para una supuesta película. El paquete fue interceptado por Scotland Yard, Ricardo se pegó un tiro delante de la cámara y Bjork se refugió en Andalucía intentando escapar de esta pesadilla que un fanático enfadado y obsesionado con ella había puesto en marcha. Como para negarle un autógrafo a nadie. En su aventura andalusí, la islandesa conoció a Raimundo Amador, surgió la chispa (musical, se entiende) y juntos grabaron un tema: ‘Broken’. De aquellos barros estos lodos, y la aventura española de la islandesa no acabó ahí: hace unos meses la omnipresente Rosalía ejerció como profesora de español de la islandesa que tenía que cantar unos versos de Antonio Machado en un tema de la artista venezolana Arca. El resultado, ‘malamente’. A ver si eres capaz de entender “Anoche cuando dormía soñé́, ¡bendita ilusión!, que una colmena tenía dentro de mi corazón”, en este tema…

La vida secreta de la lapona

Ya hemos visto que cuando se trata de proteger a los suyos, miss Guðmundsdóttir no escatima medios. Probablemente por eso haya llegado a convertirse en abuela sin que (casi) nos enteráramos. De su vida personal, solo hemos tenido dos pinceladas de aperturismo: la relación que tuvo durante un año con Por Eldon (los dos músicos, los dos componentes de la banda Sugarcubes, los dos padres de Sindri) y la sangrante ruptura del que fue su pareja durante 13 años, Matthew Barney. Cuando la segunda relación de la cantante terminó, Björk se quedó tan echa polvo que compuso un disco (‘Vulnicura’) a modo de terapia donde se despachaba a gusto culpando a Barney de la ruptura por estar cada vez más distante, sin ganas de luchar, mientras ella se preocupaba por mantener unida a la familia. Con él tuvo a su segunda hija, Ísadóra Bjarkardóttir Barney (¿qué tal llevan lo de la pronunciación?).

Björk y Matthew Barney, en 2005. (Getty)
Björk y Matthew Barney, en 2005. (Getty)

El año pasado, su primogénito, que ahora es periodista, anda por los 34 años y vive en Estados Unidos, la convirtió en ‘amma’ (abuela en islandés). Se nos hace difícil visualizar a esta mujer empujando un carrito de bebé mientras en su cabeza va imaginando su show del próximo Sonar. Ella, que residió en un barco cuando vivía en Nueva York. Ella, a la que el Gobierno islandés le regaló una pequeña isla (Ellidaey) deshabitada por su contribución a colocar este pequeño país en el mapa global. Ella, que cuando trabajó con el director Lars Von Trier en ‘Bailar en la oscuridad’ (hacía de ‘cegarruta’) se acercaba a él cada mañana para decirle lo mucho que lo despreciaba y a continuación le lanzaba un escupitajo (una de las muchas leyendas en torno a aquel rodaje). Ella, que tenía miedo a la tele cuando era pequeña porque escuchó a un poeta islandés decir que estos aparatos provocaban que el cerebro de las personas se saturara con las imágenes, lo que provocaba una incapacidad para distinguir lo bueno de lo malo. Ella, que ha sido nombrada en numerosas ocasiones la artista más rara del mundo y no “necesita sardinas para beber agua”, cumple hoy 55. Til hamingju!

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