Logo El Confidencial
hot feminists

A debate: ¿querer ser sexy te convierte en una 'mala feminista'?

Analizamos las dificultades que encierra buscar la igualdad y querer ser sexy cuando es la sociedad la que dice lo que se necesita para serlo

Foto: Imagen: Gtresonline
Imagen: Gtresonline

Es difícil comprender que nos encontremos en el año 2018 y que todavía sigamos preguntándonos si es coherente, e incluso posible, ser feminista y ser sexy. Quizás Paris Hilton no hizo más que echar más leña al fuego cuando sentenció que ella era sexy, pero no sexual. El problema de esta afirmación radica en que ser sexual es también una de las características de las mujeres, por lo que al negar la sexualidad, niega en cierta parte una de las piezas que nos componen. No es por ello de extrañar que la sexualidad femenina sea precisamente uno de los aspectos más silenciados por la sociedad, que incita a ser sexuales en la cama, pero remilgadas en nuestro día a día. Y eso, queridos lectores, es mucho más paradójico que lo que dijo Paris Hilton.

El desfile de Victoria´s Secret ha sido acusado de no cambiar sus normas en la era post-Weinstein, pues muchos opinan que un desfile en el que mujeres esculturales lanzan besos en ropa interior abofetea al feminismo. Pero quizás lo realmente empoderador sea comprender que esas mujeres lucen con orgullo unas siluetas cinceladas en el gimnasio y que presumen de su sensualidad y, por qué no, de su sexualidad, al adueñarse de sus cuerpos y de su sex appeal. La modelo Emily Ratajkowski es feminista, modelo y, oh, sí, innegablemente sexy. La top se enfrenta cada día a acusaciones que señalan la imposibilidad de proclamarse feminista cuando posa en ropa interior -incluso sin ella-, pero Ratajkowski hace hincapié en lo sexista que es no dejar a las mujeres expresarse como quieran, aunque sea en lencería.

Emily Ratajkowski. (Gtresonline)
Emily Ratajkowski. (Gtresonline)

Pero ¿qué es ser sexy?

Habría que preguntarse qué es ser sexy. Para algunos, no hay nada más sexy que ser inteligente y defender tus convicciones. Para otros, se limita a encajar en los cánones estéticos impuestos por la sociedad. El problema es que si estos cánones promueven un tipo de belleza que las mujeres se desviven por conseguir, lo que la sociedad valora en realidad es la obediencia que las mujeres muestran por estos patrones y los sacrificios que sufren para alcanzarlos. Pero cuidado, que llegamos a la primera paradoja: si quieres adaptarte a ellos, ir al gimnasio y olvidar las patatas fritas, estás en tu pleno derecho y, por supuesto, tu elección no es menos loable que la contraria.

Es complicado saber cuándo eliges hacer algo porque realmente quieres o cuándo lo haces porque la sociedad así lo dicta. Esto ocurre, por ejemplo, cuando hablamos de la depilación. Leticia Dolera, en su libro 'Morder la manzana', habla de cómo dejó de depilarse las piernas durante una temporada y de la avalancha de comentarios que su elección trajo consigo. Al final, volvió a depilárselas por sentirse así más femenina, siendo la actriz consciente de que la feminidad es una construcción cultural.

Con un par de tacones

Otro apunte: si amas la moda para estar sexy o si la amas sin que lo de ser sexy tenga absolutamente nada que ver, puedes ser igualmente feminista. Así lo defiende en el libro 'Hot Feminist Polly Vernon', una periodista de moda feminista que adora el maquillaje, las tendencias y los tacones. Porque por mucho que la feminista Germaine Greer señale que una mujer que jamás se quita los tacones jamás sabrá cuánto podría andar o cuán rápido podría correr, también se puede ser feminista y llevar tacones. Pero un segundo: lo de ser feminista es menos restrictivo de lo que parecía, ¿no? Así es. Pero volvamos un segundo a los tacones. Para muchas mujeres, este incómodo calzado las empodera, y aquí volvemos a nadar en el jaleo compuesto por lo que el heteropatriarcado impone y por con cuánta libertad real construimos nuestro discurso las mujeres en una sociedad patriarcal.

¿Nos gustan los tacones porque nos hacen sentir sexy y nos confieren seguridad, o esa seguridad resulta precisamente de una sensualidad dictada por la sociedad? Tal vez lo que realmente les moleste a muchos es que los tacones se crearon para que los carniceros no se mancharan de sangre en el Antiguo Egipto y que los soldados persas en el siglo XV los llevaran para montar a caballo. Es decir: las mujeres se han apropiado de un complemento que no estaba destinado para ellas. ¿Te gustaba que te robaran el bocata en el colegio? No. ¿Y que te roben los tacones? Mmmm... En realidad, son más molestos que el bocadillo, pero entendéis lo que quiero decir. Como dice Julia Reiss en 'Manual feminista para llevar tacones', quizás la historia esté indicando que los tacones celebran más la libertad de las mujeres para vestir y actuar igual que los hombres que la objetivación sexual.

El erotismo según Beyoncé

Vivimos en la falsa dicotomía que separa lo erótico de lo espiritual y lo político. El erotismo siempre se ha utilizado contra las mujeres, lo que ha hecho que no ahondemos en el poder que encierra. El erotismo nos recuerda que somos capaces de sentir y de disfrutar, y al apropiarnos de esta creencia, luchamos por disfrutar a sabiendas de que el disfrute no proviene necesariamente de un hombre. Por eso el placer femenino se silencia y por eso vivimos la sexualidad desde un prisma falocentrista que se esfuerza en señalar que la única forma de disfrutar es teniendo a un hombre al lado.

Imagen: Beyoncé
Imagen: Beyoncé

Si Beyoncé es acusada de ‘mala feminista’ por mandar mensajes feministas mientras viste de forma provocativa, quizás deberíamos preguntarnos si dentro del hecho de que ella responda a los cánones de belleza impuestos, el que una cantante negra se haya apropiado de la supremacía blanca capitalista y se haya convertido en una de las estrellas pop más importantes de la historia es digno de aplauso. Ella ha utilizado su sensualidad y el erotismo para reclamar igualdad no solo como mujer, sino como una mujer negra que triunfa en una industria que muchas veces ningunea a las artistas que no son blancas. ¿Ha utilizado el erotismo como arma? Sí ¿Es esto un pecado? Desde luego que no. En realidad, es la prueba de que el erotismo también pertenece a las mujeres, y el que quede probado su poder explica que muchos quieran que las mujeres lo teman.

El físico también importa

Si una mujer que defiende la igualdad, su derecho a ser sexual y la libertad de vestir como quiere no es ser feminista, entonces ¿qué demonios lo es? Tal vez lo que muchos teman de que se extienda el mensaje de que hay miles de formas de ser feminista, incluyendo amar la moda o querer ser sexy, es que así sea un movimiento más al que cada vez más mujeres -y hombres, por descontado- quieran subirse. Cuando te señalen y te digan eso de “siempre estás enfadada y te quejas mucho, ¡cómo se nota que eres feminista!”, prueba a responder que nos sobran motivos para estar enfadadas, pero que ha llegado el momento de no promulgar únicamente la imagen de la feminista enfurruñada a la que no le importa su físico. ¿Que lo de dar importancia al físico es una construcción patriarcal? No lo dudo, pero hasta que no vivamos en una sociedad que no lo sea, será difícil no nadar en un mar de contradicciones. Porque se puede ser una feminista sexy, pero ante todo, se puede ser feminista y estar llena de contradicciones.

Estilo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios