¿Es la pulsera inteligente la culpable de tu aumento de peso?

Cientos de usuarios afirman que han ganado peso tras llevar sus pulseras inteligentes. ¿Miden bien el gasto calórico? ¿Son realmente los 'fitness trackers' un arma útil para perder peso? Lo analizamos.

Foto: Imagen: Social media & Photography/Rosewood Creative
Imagen: Social media & Photography/Rosewood Creative

Un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.) concluye que las smartbands que cuentan las calorías que quemamos cada día no son nada fiables. Tampoco lo son, acorde a esta investigacción, los datos que aportan las aplicaciones móviles cuyo cometido es similar. Tan solo en el Reino Unido se vendieron el año pasado 22 millones de unidades, y ABI Research predice que para 2018 serán 90 millones los wearables de firmas como Nike, Adidas y Motorola vendidos para entonces. Pero si las ventas de pulseras inteligentes son un éxito y sus resultados no son tan precisos como cabría esperar, ¿nos encontramos ante un arma de destrucción masiva de su dieta?

En los foros repartidos por la red no es difícil encontrar conversaciones en las que los usuarios afirman haber cogido peso desde que tienen su pulsera fitness. Algunos aseguran que sus pulseras inteligentes les recomendaron que consumieran más calorías de las necesarias. "El problema de algunas pulseras cuantificadoras es que solamente tienen en cuenta nuestro peso y altura a la hora de realizar el cálculo de calorías diarias que necesitamos. No nos preguntan por nuestro porcentaje de masa grasa o de masa magra, que es determinante a la hora de conocer nuestro metabolismo basal (las calorías que gastamos en un día solo por el mero hecho de estar vivos, es decir, sin sumarle nuestra actividad física)", explica Raquel Rodríguez, entrenadora personal y responsable de En Forma con Lady Fitness.

El entrenador Jon Denoris ha medido diversos trackers y ha llegado a una conclusión: en una sesión de 90 minutos, diferentes medidores llegaron a resultados que alcanzaban diferencias de hasta 200 calorías. ¿El problema? Al creer que estamos quemando más calorías diarias de las que en realidad estamos gastando, el dueño del wearable tiende a ingerir alimentos con mayor aporte calórico, pues "ha quemado muchas calorías". Al ser estos datos erróneos, el resultado final es un incremento de peso significativo, pese a que el dueño del tracker haga ejercicio diariamente. Por supuesto, debería entrar en juego el sentido común y no lanzarnos ante un plato de espaguetis a la carbonara y un batido de chocolate tras haber ido al gimnasio, por mucho que una máquina nos diga que podemos hacerlo, pero los datos indican que muchas personas sí lo hacen. Es decir, en un nivel de culpa llegados a este punto, los resultados serían: ser humano 1-pulsera inteligente 0.

Social Media & Photography/Rosewood Creative
Social Media & Photography/Rosewood Creative
Un estudio llevado a cabo por el British Journal of Sports Medicine dictaminó que el wearable más fiable es el Ki Fit Monitor, cuyo precio ronda los 300 euros. No solo es muy caro, sino que no es el más estético del mercado. No olvidemos que Vogue afirmó que el Nike+Fuelband es "el accesorio de moda de los VIPS", por lo que muchos se dejan llevar por la estética, sin tener en cuenta la funcionalidad del gadget en cuestión. De hecho, Gregory Welk hizo un estudio para la Iowa State University con resultados preocupantes. "Estas compañías han lanzado un producto que la gente compra sin evidencias de cómo funciona". El estudio midió los resultados de ocho pulseras inteligentes diferentes y llegó a la conclusión de que algunas tenían un error del 23%. Si una mujer ingiere 2000 calorías al día, ese 23% supone que tiene un error de 400 calorías diarias. 

Dan Hiel, profesor de fisología de la Universidad de Montana, habla sobre los diferentes resultados obtenidos. "Todo el mundo asume que estos gadgets dan resultados precisos, y es ahí donde radica su peligro. Hay un enorme margen de error que puede medir que hayas quemado 1.500 calorías, cuando en realidad has quemado 600", sentencia. También afirma que la mejor forma para medir las calorías quemadas es un medidor de calorías que tiene forma de mochila, pesa dos kilos y analiza el consumo de oxígeno a través de una boquilla. Según Heil, es esencial medir la respiración, pues esta tiene una relación directa con la cantidad real de energía que consumimos. Su precio, por cierto, ronda entre los 25.000 y los 45.000 euros. Por no hablar de que no es tan chic como una fuelband en la muñeca rosa chicle, claro. Nivel de culpa: ser humano 1-pulsera inteligente 1.

"Las pulseras o las apps de las smartphones nos pueden ayudar a contar calorías (siempre que introduzcamos bien la cantidad que estamos comiendo), pero no nos dan una reeducación nutricional, que es lo que nos hará bajar de peso a largo plazo. Un dietista-nutricionista sí realizará esa labor", responde Raquel Rodríguez cuando le contamos que muchos usuarios han afirmado haber engordado "por culpa" de su pulsera inteligente. Pero como entrenadora personal, ¿usa Raquel alguna? "Personalmente uso el Samsung Gear 2 junto con el teléfono Samsung Galaxy S5, pero (y esto es importante) solo como guía: lo más importante si se quiere bajar de peso es acudir a un profesional (un dietista-nutricionista en este caso) para que diseñe un plan de alimentación específico para nosotros teniendo en cuenta todos nuestros parámetros". Nivel de culpa: ser humano 2-pulsera inteligente 1.

Imagen: TomTom Runner Cardio
Imagen: TomTom Runner Cardio

La editora de Healthista, Anna Magee, decidió hacer un experimento para arrojar luz sobre el asunto. Mientras que una de sus pulseras inteligentes indicó que había quemado 1.841 calorías, el Garmain VivoFit indicó que había perdido 1.393 calorías. Su experimento resultó alarmante: mientras que su Misfit Shine aseguraba que había quemado 88 calorías sobre la cinta de correr, en realidad había quemado solo 8 calorías. Modelos como el Nike+Fuleband monotorizan las calorías según los movimientos de la muñeca. Es decir: teclear puede ser una actvidad digna del CrossFit, mientras que hacer spinning sería un fracaso. De hecho, un estudio llevado a cabo por Medicine & Science in Sports & Exercise del 2013 indicó que los trackers medían menos calorías de las reales en actividades como el ciclismo. El error ascendía al 55%. Nivel de culpa: ser humano 2- pulsera inteligente 2.

No es de extrañar que los gadgets que miden calorías duren lo mismo que la motivación para ir al gimnasio: seis meses. Así lo demuestra un estudio de Endeavour Partners, que señala que un tercio de los estudiadios abandonaron su pulsera inteligente tras seis meses. El efecto Hawthorne es un fenómeno sociológico por el cual la gente se comporta mejor cuando está siendo observada. Por ejemplo, Fitbit indica que sus usuarios andan un 43% más cuando usan su Fitbit. El problema es que tras seis meses dejan de considerarse observados y se olvidan de entrenar más. Algo así como los concursantes de los realities, que afirman que terminan por olvidarse de las cámaras pasado un tiempo. Nivel de culpa: ser humano 3- pulsera inteligente 2.

Al final, la mayoría de los estudios concluyen lo mismo: la virtud de las pulseras inteligentes reside en que la gente se mueve más en su día a día al llevarlas, al margen de su actividad en el gimnasio. Muchas personas se han dado cuenta de lo poco que se mueven gracias a estas pulseras, por lo que terminan por ir andando al trabajo o se bajan un par de paradas antes en el metro para poder andar un rato. Los estudios determinan que entrenar importa, pero que lo realmente importante son las 23 horas restantes. Aclaración necesaria: estamos hablando de salud, no de fitness ni de perder peso. Un estudio de 2010, realizado con 123.216 personas, sentenció que cuanto mayor tiempo estemos sentados, mayor es el riesgo de sufrir una muerte prematura. Las mujeres que estaban sentadas más de seis horas al día tenían un 37% más de posibilidades de morir de forma prematura que aquellos que están sentados durante menos de tres horas, sin importar el ejercicio físico que hicieran. 

La entrenadora personal Raquel Rodríguez coincide en señalar que la mayor bondad de las pulseras inteligentes reside en medir su actividad diaria, no la del entrenamiento. "Personalmente, utilizo mi pulsera (en este caso es un smartwatch) para controlar cuánto me muevo en mi día a día, y cómo y cuánto descanso. Me ha ayudado a darme cuenta de que debía moverme más, o de que debía descansar más. Mi consejo es que se utilicen como una herramienta más a nuestro servicio para hacernos conscientes de cómo nos cuidamos, pero el papel del profesional de la nutrición y del entrenamiento no puede ser eclipsado por un gadget". 

Conclusión final: recuerde que la pulsera es inteligente, pero usted lo es más. No culpe a un dispositivo de haber cogido peso. En última instancia, lo único que puede lamentar es haberse gastado cientos de euros en un aparato que, según indican los estudios, no es tan preciso como parece.

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