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viajes con mucho encanto

Begur, el pueblo perfecto para practicar mindfulness (sin apuntarte a un taller)

No sabrás por qué te gusta más. Si por sus calles con vistas al mar, sus pintorescas casas de indianos entre jardines o por sus calas vírgenes a las que te llevará un superlativo camino de ronda

Foto: No solo playa, también casas de indianos frente al mar. (Cortesía Visit Begur)
No solo playa, también casas de indianos frente al mar. (Cortesía Visit Begur)

Vaya por delante que Begur es una ciudad slow, por tener un casco histórico peatonal, por promover el turismo respetuoso con el medio ambiente (de verdad, nada de vacíos eslóganes) y por servir en las mesas de sus restaurantes productos de la despensa local. Porque aquí todo transcurre lentamente, sin prisas. No es de extrañar cuando uno se sienta a ver la vida pasar en cualquiera de sus calas, Aiguablava, tal vez. Y porque este pueblo del bajo Ampurdán (Gerona), que te recordará a Calella o Cadaqués, sin olvidar Púbol o Pals, es sencillamente precioso. ¡Precioso! No se podía pedir más. Te contamos por qué aquí podrás practicar eso que llaman mindfulness sin tener que apuntarte a un taller. Y además, todo con glamour. Que por aquí pasaron Ava Gardner y Kirk Douglas. Con ecos de habanera.

Cómo ser turístico y seguir siendo bello

Begur es un ejemplo para todos los pueblos de la costa mediterránea que han sido presas de los depredadores inmobiliarios. Así sí. Conservando su centro histórico, su castillo, sus casas de indianos. Y lo que es todavía mejor, sus calas, sus playas, sus paisajes. De ser nosotros pueblos, nos moriríamos de envidia. Entre sus (no) muros solo podemos sentir placer. Normal que forme parte de Citta Slow, ese movimiento que surgió en Italia en 1999 para llevar la filosofía del slow food de la mesa a la calle. Un hurra al buen vivir. El del solecito, el chiringuito de toda la vida, la cala virgen y el hotelito con encanto. Nos apuntamos. Y las Islas Medas como telón de fondo.

Playas sí y un pasado histórico también

Porque Begur, este pueblo de indianos (pensamos ahora en Ribadesella), pescadores, coraleros y trabajadores del corcho, fue una ciudad insigne con castillo en la Edad Media y con cinco torres de defensa que la resguardaron siglos después de la piratería mediterránea y antes de volverse indiana, gracias a los bagurenses que hicieron las Américas y volvieron con fortuna, sobre todo en Cuba. Con iglesia gótica y otros edificios que te gustarán: el Casino Cultural o las Escuelas Viejas. Todo, lo que sea, es muy auténtico aquí. Además, no solo es mar, sino también montaña; ahí está el conjunto de colinas que forman el Macizo de Begur.

Esas casas de indianos

No las podíamos dejar pasar porque la belleza que exhiben suele ser pintoresca, todas con ecos de Cuba, sobre todo La Habana. Los indianos se las debieron a sus negocios prósperos, que eran de tabaco, de harina, de tejidos… Por ejemplo, Can Sora, con sus frescos de paisajes románticos de las tierras americanas en su porxada; Casa Bonaventura Caner Bataller, con su neoclasicismo a cuestas; Can Pi, con su huerto, tan típico, en la parte sur; Casa Térmens, con molduras, pilastras acanaladas, barandillas de hierro en los balcones; Casa Vincenç Ferrer Bataller, de estilo modernista, con esgrafiados y dibujos de motivos naturales…

Admirables casas de indianos. (Cortesía Visit Begur)
Admirables casas de indianos. (Cortesía Visit Begur)

Begur es todo un catálogo de ellas, de los que publica Taschen. Arquitectura, historia y encanto. Aún quedan otras, como la de Pere Roger, con frescos de temática marina en el porche que da al patio; la de Pere Cortada Sabater, digna de ver por las pinturas murales de su parte noble; la del Señor Puig, atención, de estética hindú, con frescos de un paisaje ultramarino en ocre y azul. Y se pueden ver en visita concertada.

Por los Caminos de Ronda

En Begur no solo podrás (y querrás) tumbarte al solecito primaveral en cualquiera de sus privilegiadas calas, sino también pasear y pasear entre pinos y más pinos, intercalados de olivos, por sus Caminos de Ronda (con mayúscula), que bordean la costa y que también tienen su historia. Cuando los patees, acuérdate de que sirvieron para acceder a las calas en caso de naufragio, para otear el horizonte en busca de piratas y para controlar el contrabando y el estraperlo en tiempos de posguerra (y para hacerlo). Tu caminata será a todas luces especial. Hay tres tramos a elegir: norte, este y sur, te llevarán de cala en cala. Nosotros también (a continuación).

Y de cala en cala, que es lo que toca

Empezamos por el Camino de Ronda Norte (1,6 km), que es el que lleva de la cala de Sa Riera, la más grande, con viejas casas de pescadores, magnífica, a la de Illa Roja, nudista, de arena fina y aguas transparentes (¡ay!) y con la isleta rocosa rojiza que le da el nombre (y el renombre internacional). Y conecta con la Platja del Racó, ya en el igualmente bello Pals. Seguimos por el Camino de Ronda Este, esto se pone muy interesante (1,5 km), que va de Sa Tuna, pequeña y maravillosa cala también con casas de pescadores y una caleta salvaje de alucinar, a Aiguafreda, resguardada por el Puig Rodó, virgen y con un pequeño muelle para embarcaciones. Y terminamos en el del Sur, el más largo (2,5 km), que enlaza Aiguablava, una de las más populares, de estampa inconfundible y con el mítico hotel (del que hablaremos); Fornells, lugar de veraneo y residencia, con pequeñas calas, y Fonda, recóndita, virgen, tranquilísima y a la que se accede por una escalera. Corazón de la Costa Brava.

Y para comer… El pescado de roca es el rey

Begur presume de calas, de aguas transparentes, de casco histórico y también de gastronomía: arroces, pescado de roca, suquet. Nada como probarlo en Casa Juanita, que es de los locales muy marineros, donde te servirán pescado fresco hecho en horno de leña de encina; ni como tapear en plena plaza, en El Tapas de Begur; dejarse llevar por las propuestas de La Cuina, dentro del hotel Classic, o probar lo que ofrece el coqueto Turandot.

El Turandot, en honor a Puccini. (Cortesía)
El Turandot, en honor a Puccini. (Cortesía)

El hotel en el que querías dormir

Hay muchos hoteles (Sa Punta, El Convent, Galena Mas Comangau…), casi todos con cuatro estrellas, pero es decir Begur y aparecerse en la imagen el hotel Aigua Blava, sobre la bahía del mismo nombre y junto a la playa de Fornells, construido en 1934 por Clara Capellà (la señora Clareta), aquí todo es muy de novela, y que tiene habitaciones impresionantes con vistas al mar. Ah, también se desayuna viendo al gran azul. Abre sus puertas con la primavera, en abril.

Un plus

No te pierdas el Mas d’en Pic (www.espaimaspinc.cat), la casa de Carmen Amaya, hoy un museo dedicado a la bailaora. Sí, la mismísima que bailó para Gala y Dalí, entre otros artistas y bohemios.

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