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Covarrubias, el pueblo con historia de princesa noruega (y no es Mette-Marit)

Forma parte del triángulo turístico más típico (y necesario) de Burgos, junto a Santo Domingo de Silos y Lerma. Es auténticamente medieval y bello a rabiar. Entra (por la Puerta Real) y verás

Foto: El Archivo del Adelantamiento de Castilla es una de las joyas de Covarrubias. (Cortesía Ayuntamiento)
El Archivo del Adelantamiento de Castilla es una de las joyas de Covarrubias. (Cortesía Ayuntamiento)

Aviso a navegantes, porque este pueblo es nada más y nada menos que la cuna de Castilla. Al menos, así es como se le conoce por estar emparentado con el ilustre Fernán González. Y se nota: todo tan medieval, con sus casas de adobe con entramado de madera y tanto tesoro histórico-artístico como esconde, aunque esté todo (o casi) a la luz. Aquí te vas a poner las botas a sacar fotos para engordar tu currículum de intrépido instagramer. Calle arriba, calle abajo, tomando la medida a las murallas, fichando detalles pintorescos e inmortalizando bellos rincones. Y luego, si quieres rizar el rizo y apuntarte un tanto más en tu agenda de trotamundos de nuestra geografía, da el salto a Lerma y Santo Domingo de Silos, los tres bañados por el río Arlanza y dibujando un encantador triángulo. Hay tanto para ver.

¿Señorío monástico? ¿Infantazgo?

Sí, esto es una lección de historia en formato pueblo en plena comarca del Arlanza, en Burgos. Hay que viajar con la imaginación para plantarse en el siglo X y colarse en uno de esos míticos cantares de gesta. A Covarrubias le siguen nombres como, Fernán González aparte, Nuño, doña Sancha, doña Urraca y hasta Chindasvinto (rey godo). De esta época da testimonio el Torreón de FG, la única fortaleza castellana anterior al siglo XI que se conserva. Es un honor. Por aquí pasa, cómo no, el Camino del Cid (el de su destierro). Hay que dejarse caer por el monasterio de San Pedro de Arlanza, a solo siete kilómetros, semirruinoso pero muy evocador. Junto al río y del siglo IX, conforma un tremendo paisaje.

Cuna de Castilla… y de antiguas misses

Queremos decir que a los habitantes se les llama racheles y rachelas, en vez de covarrubios y covarrubias, que tampoco estaría mal, porque, al parecer, la villa era conocida por la cantidad de damas hermosas, como Rachel, la bíblica esposa de Jacob, que la habitaban. Las 'misses' de la época, no podemos evitar pensar.

Y encima con historia royal

La de la princesa Kristina de Noruega (con K), que llegó a España para contraer matrimonio con el infante Felipe de Castilla, el hermano de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII. Está enterrada en el claustro de la colegiata de San Cosme y San Damián desde, ojo al dato, 1262. Una colegiata que es otra de la joyas de la corona rachela. Bello claustro, órgano antiquísimo (siglo XVII) que aún suena (a música celestial), tablas de Berruguete y Van Eyck, y el soberbio Tríptico de los Reyes Magos, del XV. Sin olvidar la estatua de la princesa, en bronce, colocada junto a la colegiata en un homenaje que se le hizo en 1978. ¿La visitará la princesa Mette-Marit? ¿Lo habrá hecho ya?

La princesa Cristina de Noruega. (Cortesía Ayuntamiento de Covarrubias)
La princesa Cristina de Noruega. (Cortesía Ayuntamiento de Covarrubias)

Casas como las de antes para alucinar ahora

Si quieres ver cómo era la auténtica arquitectura popular castellana, la que sigue en pie, nada de recreaciones a lo Ridley Scott, lo más recomendable es pasearse por este pueblo que fue declarado conjunto histórico-artístico allá por 1965. Y así hasta dar con la Casa de Doña Sancha, del siglo XV, con el clásico soportal y la clásica balconada, o la del Obispo Peña, que hizo las Américas como arzobispo. Y contemplar también lo que queda de las murallas que en el siglo XVI mandó derribar Divino Vallés (sí, el que da nombre al hospital de Burgos), a la sazón médico de cámara de Felipe II, para que corriera el aire ante la peste que asolaba España.

… Y torres que son leyenda

Como la de Fernán González, también conocida como la Emparedada o de Doña Urraca, porque al parecer aquí estuvo entre pared y pared la hija de su padre (el buen conde Fernán) por tener amores con un pastor. ¿Cierto? Desde luego sí sirvió de prisión. Fue, además, escenario de batallas, de las de arqueros y matacanes para arrojar agua o aceite hirviendo. Eran otros tiempos. Más arte: el de la escalera plateresca de la iglesia de Santo Tomás, el de la Casa del Antiguo Boticario o el del magnífico Archivo del Adelantamiento de Castilla, que mandó construir el mismísimo Felipe II, cuya entrada es conocida como Puerta Real, por ser la principal de la villa. ¿La prueba de su realeza? Ostenta el escudo de este rey, con el toisón de oro, el que ya luce nuestra princesa Leonor. Actualmente es sede de la Oficina de Turismo, biblioteca municipal y sala de exposiciones. La plaza lleva el nombre de Doña Urraca y es, como suele suceder, el mejor sitio para comer o tapear. Y el palacio, el de Fernán Gómez, hoy sede del Ayuntamiento.

La colegiata de San Cosme y San Damián, en medio del bosque. (Cortesía Ayuntamiento de Covarrubias)
La colegiata de San Cosme y San Damián, en medio del bosque. (Cortesía Ayuntamiento de Covarrubias)

Un rollo (y no es lo que te piensas)

Este es el rollo jurisdiccional, que encontrarás en el barrio del Arrabal, que es del siglo XVI y la señal de que el sitio, hoy uno de los pueblos más bonitos de España por esto y por todo lo demás, gozaba de jurisdicción propia: este era el sitio público donde se administraba la justicia.

De vuelta a la realidad

Hablamos de las cosas del comer. O para ser más exactos, del restaurante De Galo (www.degalo.com), uno de los mejores para probar la sopa castellana, la olla podrida y el cordero asado, que son las perlas de esta gastronomía, junto a la morcilla. Para colmo, está en la plaza. Lo mismo que Casa Galín (www.casagalin.com), otro clásico, y el hotel Nuevo Arlanza (www.hotelnuevoarlanza.com), en el que te podrás quedar a dormir a cuerpo de rey (de Castilla) desde 72 euros. En este o en el Doña Sancha (www.hoteldoñasancha.es), que es rural y está algo más alejado del centro, pero entre cerezos, almendros y viñedos. Desde 51 euros.

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