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Zuheros: descubre en Córdoba por qué los pueblos blancos también son para el invierno

Entrarás en calor subiendo hasta su castillo, perdiéndote (y encontrándote) por sus laberínticas y empinadas calles, desembocando en sus plazuelas y siguiendo el curso de su río (se llama Bailón)

Foto: Zuheros es un pueblo blanco con castillo y entre olivares. (Turismo Ayuntamiento Zuheros)
Zuheros es un pueblo blanco con castillo y entre olivares. (Turismo Ayuntamiento Zuheros)

Si te gustan los pueblos blancos laberínticos, con calles estrechas, llenos de rincones y de secretos, que se resuelven en empinadas cuestas o recoletas plazuelas, que siempre lucen flores y que son la huella que nos dejó el Al-Ándalus, que es la cumbre de nuestro exotismo, tienes que ir ya pero ya a Zuheros y apuntarlo en tu cuaderno de viajes predilecto junto a Frigiliana, Mijas, Cadaqués, Zafra o Altea. Este, además, está en Córdoba, lejana y sola, todo un poema, y su mar, verde, es de olivos (a más de 600 metros de altitud sobre el otro, el azul). Sin duda, uno de los más bonitos de España... y del mundo. Viaja tú mismo a este rincón de la Subbética, entre los pueblos de Doña Mencía, tan evocador, y Luque, y averigua por qué se lleva siempre la palma.

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Regreso al pasado

De nuevo, viajar se convierte en una inmersión histórica con un castillo como escenario principal, este sobre un enorme risco, casi como los de los cátaros, construido allá en el siglo IX, que además alberga los restos de un palacio renacentista y desde donde la panorámica del pueblo es de impresión (e IG). Además de conquistar la impresionante fortaleza, hay que hacer lo propio con los miradores de la Villa, las Escominillas y el Bailón para tomar conciencia de lo pintoresco del paisaje, campiña y desfiladero.

Blanco y no está en Cádiz

Decimos pueblos blancos y rápidamente nos vamos a Cádiz en un vuelo sin motor, pero fuera de la provincia gaditana también los hay. Lo dijimos al proponerte una escapada a Zafra y también cuando la agenda se nos puso daliniana y nos fuimos a Cadaqués. Ahora el viaje es a Córdoba. Sus casas, claro, se acicalan con cal. Como le pasa también a Frigiliana, el pueblo está cuidado no, mimado: los vecinos se afanan por encalarlo cada dos por tres. Pura fachada (y bella).

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Del surrealismo a una botica del XIX

Aqui no vas a encontrar Murillos, Picassos ni Zuloagas, pero sí las pinturas y esculturas inclinadas cual Torre de Pisa hacia el surrealismo y todo lo onírico (sí, Zuheros es de sueños) de Francisco Poyato, quien tiene aquí su museo-estudio (www.museopintorpoyato.es); los mil y un hallazgos en el Museo Arqueológico, del que hablamos más abajo, y todos los aperos de labranzas y objetos (unos 3.000) que el boticario del pueblo reunió en un edificio histórico y solemne, hoy el Museo de Arte y Costumbres Populares Juan Fernández Cruz, un imprescindible para adentrarse en el Zuheros profundo. Recrea talleres artesanos, una botica del XIX y estancias típicas.

Callejear, el mejor fitness

Con estos pueblos ya se sabe lo que pasa, que solo con subir y bajar por sus calles empinadas, cuestas y adarves, uno cumple ya con su rutina placentera y de fitness. Y todo para desembocar, como siempre, en la plaza, aquí de la Paz; en la iglesia de los Remedios, construida sobre la antigua mezquita, como solía suceder; o en lo más alto, en el castillo. Está considerado, como te imaginarás, conjunto histórico-artístico y es encantador.

Para fans de la arqueología

En Zuheros, en sus adentros, se encuentra uno de los yacimientos neolíticos más importantes de Andalucía, la Cueva de los Murciélagos, llena de estos, por supuesto, y también de pinturas rupestres que representan cabras hispánicas que, al parecer, fueron realizadas entre el 4.000 y el 3.500 a.C, y de increíbles pero ciertas estalactitas y estalagmitas. Después (o antes) hay que ir al Ecomuseo (Centro de Interpretación de la Cueva) y al Museo Arqueológico de la villa: fragmentos de vasijas, huesos, vasos, brazaletes... Y esto es solo el principio, aún queda mucho por excavar, nos dicen.

Y para senderistas de pro

Nos encontramos en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas y está atravesado, cómo no, de senderos que te revelarán todos sus secretos: desde la Vía Verde, que son 65 kilómetros por las vías del viejo Tren del Aceite, que pasa por Cabra, Lucena o Luque, pueblos que no hay que perderse, hasta el sendero del río Bailón, de 11 kilómetros, que danza y danza hasta llevarte a los pies de La Chorrera, la fuente de la Fuenfría o las paredes del cañón.

Dónde alojarte

En la Hacienda Minerva, un cortijo del siglo XIX con 24 habitaciones en medio del campo, concretamente en la Vía Verde de la Subbética (kilómetro 73,2), donde la desconexión es posible, muy a tono con el pueblo. Es tan andalusí que no le faltan los baños (árabes, por supuesto), las macetas de geranios y el blanco blanquísimo (www.haciendaminerva.com). También tiene, atención, tienda y nutrida biblioteca. Y hasta un nido de golondrinas en su interior...

Dónde comer

¿A que te apetece probar el remojón de naranja (con bacalao y pan de higos)? Con ese nombre, cómo no. Y lo mismo pasa con el mojete de patatas o la clavellina. Podrás averiguar qué son y cómo en el restaurante del hotel Zuhayra (zercahoteles.com), cuya carta protagonizan el aceite de oliva virgen -tanto olivo...-, los quesos de la tierra, el cordero, el membrillo, muy propio también, el turrolate... ¿Otros restaurantes? El Mesón Atalaya y el de la ya conocida Hacienda Minerva.

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