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VIAJES

Frigiliana, Arcos de la Frontera, Altea... Los seis pueblos blancos más bonitos de España

Nos hemos puesto en plan Forbes y hemos elaborado una lista con media docena de villas encaladísimas y preciosísimas. Saludamos desde aquí a Mojacar, Vejer y Cadaqués

Foto: Así de blanco es Frigiliana, en la Axarquía malagueña. (Foto: Toprural)
Así de blanco es Frigiliana, en la Axarquía malagueña. (Foto: Toprural)

Nos han entrado ganas de ir a todos los pueblos blancos a la vez y no solo hablamos de los de Cádiz, sino de todos los que andan por aquí y por allá, encalando nuestra geografía, por lo general muy cercana al mar. Así que nos hemos puesto en plan Forbes y hemos elaborado una lista de los seis pueblos blancos más bonitos de España para que los anotes en mayúscula en tu cuaderno de asuntos pendientes (y urgentes). No están todos los que son (de momento), que Mojácar, Casares, Calella de Palafrugell, Vejer de la Frontera, Cadaqués y otros también olimpean por estos cielos, pero atención con los que están. Este ranking con tanto encanto te llenará de emoción.

1. Frigiliana, en Málaga

El primero tenía que ser este pueblo malagueño de la Axarquía a la sombra de la todopoderosa Nerja, que se hizo inmensa con aquel 'verano azul' televisivo y las paellas de El Ayo en Burriana, todo hay que decirlo. Y es que Frigiliana es mucho Frigiliana, tan laberíntico, tan juanramonianamente cuidado, tan blanquísimo, con tantas flores... Y para colmo desde lo alto se ve el mar y en los días claros, que los hay aunque con cuentagotas, Marruecos (el Rif). Patea el Barribarto, el Zacatín, el Callejón del Peñón y husmea por todos su rincones cual gato.

2. Arcos de la Frontera, en Cádiz

En segunda posición encontramos este bello pueblo gaditano sin mar pero con río (el Guadalete) y hasta playa (El Santiscal) que te dejará con la boca abierta, sin exagerar. No solo ya por su encantadora estampa, subido a lo alto, desparramándose y con vistas, sino por su vidilla. Tiene mucho duende y es, por cierto, una puerta abierta a los pueblos blancos de Cádiz, que son toda una procesión y a cual mejor: Zahara de la Sierra, Grazalema, Olvera... No echarás de menos Tarifa ni Bolonia ni Conil. ¿O sí? Además tiene un montón de tiendecitas artesanas que te harán caer en la tentación. Y no le faltan edificios insignes (he aquí la Casa del Corregidor, actual Parador de Turismo) ni notoriedad.

3. Altea, en Alicante

Otro pueblo nuestro de esos que nos traen aires exóticos como llegados de Sidi Bou Said (Túnez), Paros o de cualquier otro rincón isleño del Egeo. Pero resulta que, oh Fortuna, Altea está en la Marina baja alicantina, frente al Mediterráneo, empapándose de bohemia mientras mira de reojo los hotelazos, muchos ya vestidos de resort, allá abajo, en la línea costera donde el turismo acostumbra a hacer su agosto. Hablamos de la versión pueblo, con su casco antiguo, El Fornet, protagonizado por la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, la de las dos cúpulas; que luego está la Altea de la playa, el paseo marítimo, el puerto pesquero y el deportivo. Es nuestro Santorini particular. Ya lo verás.

4. Mijas, en Málaga

El que sigue es Mijas. Aquí, como en Santorini, hay burros-taxi, que son lo más, sobre todo vagabundeando por estas calles tan pintorescas y en el corazón de la Costa del Sol, en su otra milla de oro. Te encantarán sus casitas blancas y lo lleno que está de flores y lo laberíntico que es y las vistas que tiene y todito todo. Mijas pueblo, no Mijas costa, otra vez hay que hacer la distinción, presume igualmente de jardines con flores todo el año, de centro de arte contemporáneo, de plaza de toros y de ermita excavada en la roca. Todo te resultará maravillosamente típico.

5. El Rompido, en Huelva

La quinta posición es para este pueblo onubense. Es verdad que la fama paradisiaca, y con razón, se la lleva la Flecha, pero no hay que perder de vista el pueblo mismo de El Rompido, de pescadores, con todo su tipismo y en medio de un paraje realmente excepcional, ya casi en Portugal. Ahora estamos en la Costa de la Luz, en el golfo de Cádiz, ese que se extiende desde Tarifa hasta el Guadiana. Esta es una villa blanca, de calles recoletas, de esas por las que nos gusta perdernos a mirar y a tapear. El Rompido está dentro de Cartaya, que a su vez está enclavado en el paraje natural de las Marismas del Río Piedras y Flecha del Rompido. ¿A que suena bien? Créenos, son palabras mayores.

6. Setenil de las Bodegas, en Cádiz

Y, por último, Setenil, que no es solo un pueblo blanco, sino que es también el pueblo de las cuevas. Él mismo baja del castillo acomodando sus casas al curso del río Guadalporcún dibujando esa silueta tan de fábula. De hecho, dos de sus calles se llaman Cuevas de la Sombra y Cuevas del Sol; y tiene un pasado medieval, de murallas y torre del homenaje, y aun romano -ahí está el cercano yacimiento arqueológico de Acinipo-. Otro pueblo para callejear y cuya estampa es de recuerdo. Después habrá tiempo para acercarse a la vecina Ronda e incluso a Grazalema o Zahara de la Sierra. A la mesa te esperan sopa cortijera y mucha chacina

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