Carme Chaparro destapa la corrupción interna de la tele en su nueva novela: “El poder manipula la realidad constantemente”
Periodista y presentadora, Carme atesora tres décadas ante las cámaras que han dado para mucho. Hoy, desde la ficción, nos habla de manipulación y abusos de poder en los medios. De eso y de un paso importante en su enfermedad
“Mi psicóloga me anima a hacer un poco de promoción porque es importante para mantener arriba la autoestima”, Carme Chaparro. (Espasa)
Carme Chaparro (Salamanca, 1973) es de esas personas magnéticas que escasean. Creció en Barcelona, ciudad en la que se hizo periodista, una especialmente dispuesta a comerse el mundo y a plantear cuantas preguntas incómodas hiciesen falta para llegar hasta la verdad. Treinta años ante las cámaras dan para mucho: para constatar que la realidad puede manipularse, que el poder tiende a corromperse y que el abuso de autoridad puede estar a la vuelta de la esquina.
Hoy, Carme echa de menos el nervio de su redacción. Está de baja por enfermedad —sufre el síndrome de Ménière—, toma una medicación muy fuerte —que, por momentos, “me deja grogui”— y está a la espera de una intervención importante. “Siempre he sido clara con mi enfermedad, pero como el proceso está siendo largo y hay muchos factores implicados, lo contaré todo sin problemas cuando esté solucionado”.
En este escenario nace su nueva novela, ‘Venganza’ (Espasa), y van seis más el ensayo de 2019 ‘Calladita estás más guapa’. Habla sobreel interior de la televisión, sobre secretos, chantajes y abusos de poder que implican a altos ejecutivos, directivos, presentadores, políticos y magnates. Es ficción, claro, pero más de uno querrá encontrar parecidos razonables con la realidad.
“Mi psicóloga me anima a hacer un poco de promoción porque es importante para mantener arriba la autoestima”. Hora de ‘videoconferenciar’ y volver a sentir el mítico magnetismo —siempre positivo, nunca negativo— de Carme Chaparro.
Carme Chaparro, de 52 años, o la pasión por el periodismo en las venas. (Espasa)
PREGUNTA. Acabas de publicar ‘Venganza’, novela negra que cierra la trilogía que empezaste con ‘Delito’ (2023) y ‘Castigo’ (2024). ¿Agotada pero contenta?
RESPUESTA. Muy contenta, y muy cansada por la medicación. No hablaría de trilogía porque, aunque los tres libros están conectados, cada uno es independiente; puedes leer ‘Venganza’ ignorando los anteriores y disfrutarlo de principio a fin. Eso sí, cuando los lectores lleguen al final ya me dirán si la saga debe continuar o no. El final es muy potente y deja puertas abiertas.
Estoy nerviosa, más que con ningún otro libro, porque cuento cosas de la tele. Llevo treinta años trabajando en televisión y, claro, hay quien querrá reconocer situaciones, personajes… La gente intentará adivinar quién es quién y qué pasa de verdad detrás de las cámaras. Además, este libro es muy personal: uno de los personajes vive una situación laboral muy fuerte que, ahora, al releerlo para la edición, me ha costado mucho digerir.
P. Ficción con toques autobiográficos…
R. En todos mis libros hay algo mío. Creo que un escritor debe conocer la realidad: si quieres escribir sobre un corazón roto, tienes que haber pasado por ello. Aquí hay trazos de cosas que he vivido y visto con mis propios ojos, y otras que me han contado mis compañeros.
P. Altos ejecutivos de la comunicación, directivos, presentadores, políticos… ¿No te da miedo hablar tan abiertamente de las tripas de la tele?
R. No, porque es ficción. Utilizo personajes inventados, reciclo esas experiencias que he vivido o me han contado. También quería rendir homenaje a todos los curritos de base que hacen posible la tele, a la gente que sufre para que el trabajo salga adelante.
“He tenido la suerte de que nunca me dictaran lo que tenía que decir, pero vivimos en un mundo donde el poder manipula la realidad constantemente”
P. Una de las grandes preguntas de la novela es: ¿quién controla el relato de la actualidad? Como periodista que ha dado la cara tantos años, sobre todo en Mediaset — en Telecinco y luego en Cuatro—, ¿has trabajado bajo esa presión? ¿Te han obligado a manipular la realidad?
R. He tenido la suerte de que nunca me dictaran lo que tenía que decir, pero vivimos en un mundo donde el poder manipula la realidad constantemente: a través de las redes sociales, de la inteligencia artificial, de la economía, de las noticias… Y cuando hablo del poder no me refiero a los políticos que, quizá, son los que menos capacidad tienen para manipular. (Risas). Yo quería que el lector se hiciera preguntas sobre lo que aparece en sus pantallas, sobre la burbuja que crean a su alrededor.
Carme Chaparro, orgullosa de su nueva novela negra: 'Venganza'. (Espasa)
P. El poder está en manos de unos pocos a los que, quizá, nunca les pondremos nombre y apellido. ¿Sabemos realmente quién manda?
R. Podemos intuirlo, pero no lo sabemos. Lo cierto es que nosotros mismos estamos dándoles acceso a todo con, por ejemplo, las búsquedas en internet y la inteligencia artificial, acceso incluso a nuestro cerebro. Y eso da miedo.
P. Hablando de inteligencia artificial: ¿hay un nuevo periodismo basado en textos generados por máquinas?
R. Lo empieza a haber y me parece escalofriante. Todos conocemos casos de periodistas que se han dejado al final la coletilla “si quieres puedo ofrecerte una versión más corta para redes sociales”. (Risas).
Tengo una amiga en Google, superjefaza, que prefiere hablar de “inteligencia ampliada” en vez de artificial. Esa es la idea: usarla para ampliar la inteligencia humana, no para sustituirla. El riesgo está en delegar todo en ella. Para el periodismo puede ser útil: encontrar datos, relacionar investigaciones, sugerir enfoques… Pero no para escribir noticias completas. Todo va demasiado rápido y tenemos que aprender a usarla bien, haciéndonos preguntas y cuestionándolo todo constantemente.
“Todo va demasiado rápido. Tenemos que aprender a usar bien la inteligencia artificial, cuestionándonos todo constantemente”
P. Atención, pregunta con tintes apocalípticos: ¿la humanidad tiene arreglo o somos el mayor fracaso de la evolución y el peor enemigo del planeta?
R. La Tierra ha vivido cinco o seis grandes extinciones masivas. Sobrevivió al meteorito que acabó con los dinosaurios y seguirá después de nosotros. Lo que sería un gran problema es que la inteligencia artificial, en 200 o 300 años, se plantee si merece la pena mantener sobre la faz de la Tierra a la especie que pone en peligro la existencia de los millones de especies restantes. Todo podría ser.
P. Siempre has hablado abiertamente de tu enfermedad, ahora estás de baja, ¿podemos preguntarte cómo estás?
R. Estoy tomando una medicación muy fuerte y a la espera de una intervención médica importante. Siempre he sido clara con mi enfermedad, pero como el proceso está siendo largo y hay muchos factores implicados, lo contaré todo sin problemas cuando esté solucionado”.
“Ahora escucho mucha radio porque la luz de las pantallas me hiere y, sí, echo mucho de menos estar en mi redacción”
P. Empezaste en BTV, la tele de Barcelona, con 23 años. ¿Qué queda de aquella joven periodista que quería comerse el mundo?
R. Quedan las mismas ganas. El cuerpo no es el mismo, claro, pero sigo manteniendo la curiosidad intacta. Un periodista es quien se hace preguntas, incluso incómodas, y busca respuestas valiosas. Eso sigue estando en mí, aunque la medicación me ralentice. Ahora escucho mucha radio porque la luz de las pantallas me hiere y, sí, echo mucho de menos estar en mi redacción.
P. ¿Extrañas las cámaras y el día a día de la tele?
R. Muchísimo. Informativos Telecinco es mi casa. Echo de menos el nervio de la redacción, la discusión de enfoques, preparar entrevistas, plantear preguntas incómodas.
P. 27 años en Mediaset. ¿Cómo era cuando entraste y cómo la ves ahora?
R. Cuando empecé, me llamaban “mamá Chicho” por la calle. Era la época en la que Mediaset quería desterrar su imagen inicial, el estilo italiano, y hacer una tele diferente. La redacción sigue siendo la de siempre: la que cubrió el Prestige o la guerra de Irak, la que nos cuenta lo que está pasando en Gaza. Mis compañeros siguen ahí, haciendo periodismo de verdad.
P. ¿Cuál es el gran sueño pendiente de Carme Chaparro?
R. El espacio, la última frontera. (Risas). Me chupo todos los documentales de ciencia espacial, leo un montón de libros… Me da pena morirme por no llegar a vivir la etapa 'Star Trek'. (Risas).
P. ¿¡Eres trekkie!?
R. Sí, soy más de ‘Star Trek’ que de ‘Star Wars’ porque es más pacífica, más de explorar y abrazar otras culturas. Pero quién sabe, igual dentro de 200 años el mundo se parece más a ‘Mad Max’ que a ‘Star Trek’.
“Estoy siguiendo un consejo que me dio mi psicóloga: dedicar una hora al día —solo una— a 'ser Napoleón', a planear estrategias de guerra, a soltar tensiones, a desahogarme”
P. Volviendo a tu situación personal, ¿cómo afrontas la intervención?
R. Mi doctora tiene el procedimiento muy controlado, aunque mi caso es complicado. Estoy siguiendo un consejo que me dio mi psicóloga: dedicar una hora al día —solo una— a “ser Napoleón”, a planear estrategias de guerra, a soltar tensiones, a desahogarme. Eso me ayuda a llevar la enfermedad con calma. Tengo plena confianza en los médicos.
P. La novela la escribiste antes de la baja. Ahora la promocionas desde casa.
R. Sí, estaba previsto que se publicase en marzo, pero tuvimos que aplazar el lanzamiento por todo esto. Hago promoción desde casa, entrevistas puntuales. Mi psicóloga me anima a hacerlo porque es importante para mantener arriba la autoestima.
Carme Chaparro (Salamanca, 1973) es de esas personas magnéticas que escasean. Creció en Barcelona, ciudad en la que se hizo periodista, una especialmente dispuesta a comerse el mundo y a plantear cuantas preguntas incómodas hiciesen falta para llegar hasta la verdad. Treinta años ante las cámaras dan para mucho: para constatar que la realidad puede manipularse, que el poder tiende a corromperse y que el abuso de autoridad puede estar a la vuelta de la esquina.