100 años de Rock Hudson: hablamos con científicos sobre la primera estrella que puso cara al sida
Celebramos el centenario del protagonista de 'Gigante' o 'Solo el cielo lo sabe' recordando, de la mano de dos inmunólogos, su pionera declaración sobre la enfermedad y los pormenores de su vida y su carrera, llena de títulos inolvidables
Rock Hudson, galán entre galanes, en los años 50. (CP)
"Rock Hudson no era un hombre culto, pero ese cuerpo tan hermoso que tenía era como plastilina en mis manos". La frase de Douglas Sirk, quizá el director que mejores títulos ofreció a la estrella, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años este lunes, da una idea de la consideración que Hollywood tuvo de él.
A pesar de ser el protagonista de 'Gigante', por la que fue nominado al Oscar al mejor actor; de ser el rey del melodrama de la mano del propio Sirk en 'Solo el cielo lo sabe' (1955) o 'Escrito sobre el viento' (1956) o de revolucionar la comedia de guerra de sexos, junto a su amiga Doris Day en tres films inolvidables, para muchos solo era un galán. Uno de 1,90 de estatura y facciones pluscuamperfectas, eso sí.
Estos días, Notorious Ediciones se suma a muchos homenajes a la estrella publicando 'El universo de Rock Hudson', otro volumen de la editorial dedicado a las grandes estrellas del Hollywood dorado. Un libro que repasa su carrera y también una vida que, por desgracia, también estuvo marcada por su trágico final a causa del sida.
Portada de El Universo de Rock Hudson'. (Notorious)
El mismo Hudson, que pasó media vida ocultando su homosexualidad por orden de los estudios, tuvo que salir del armario a empujones. Lo requería la explicación de cómo había contraído una enfermedad que, de manera sesgada e injusta, fue considerada el 'cáncer gay'.
"No estoy contento de estar enfermo. No estoy contento de tener sida. Pero si eso es ayudar a los demás, al menos puedo saber que mi propia desgracia ha tenido algún valor positivo", declaró.
A mediados de los 80, sus palabras, tal y como nos cuentan dos médicos inmunólogos con los que Vanitatis se ha puesto en contacto, sacaron la enfermedad de la pura y dura marginalidad; del clásico 'eso solo le pasa a los demás y no a mí'.
De hecho, el entonces presidente Ronald Reagan pasó de ignorarla y considerarla algo circunstancial a que el Congreso de Estados Unidos asignase, durante su gobierno, 221 millones de dólares para su investigación.
Hudson en una imagen publicitaria de los años dorados de su carrera. (Gtres)
"Su rostro, el del héroe romántico, el galán impoluto, se convirtió de pronto en el de una enfermedad que la sociedad intentaba no mirar", nos cuenta Eduardo López-Collazo, Doctor en Farmacia, Físico Nuclear e Inmunólogo.
La valentía de Hudson contrastó, de hecho, con la de otros enfermos conocidos. "Mientras figuras como el escritor Isaac Asimov decidieron ocultar su diagnóstico para evitar el estigma, Hudson lo reveló el 30 de julio, al año de haber sido diagnosticado. Poco después falleció, el 2 de octubre".
"Con su gesto, más político que médico, el silencio empezó a resquebrajarse. Su confesión obligó a los medios a escribir la palabra en titulares, a los gobiernos a reconocer el problema y a la ciencia a recibir financiación para enfrentarlo", añade.
Valiente y comprometido, aunque fuese por las horribles circunstancias, el actor destinó 250.000 dólares para la creación de la Fundación Nacional de Investigación contra el Sida.
El actor en sus últimos meses de vida. (CP)
El también inmunólogo José Alberto Rodríguez Zazo nos recuerda que el origen del virus era animal.
No es de extrañar que nos remita a sus palabras en el discurso de apertura del curso 2013/14 de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España, que trató en profundidad los orígenes y la evolución del sida y puso parte del foco en la estrella de 'Confidencias de medianoche': "Su testimonio público, de lo que hasta entonces se consideraba como una enfermedad privada, sirvió para la mentalización de la gravedad de esta afección y la necesidad de adoptar medidas preventivas contra ella".
Es un hecho que, cuando el público que había adorado a Hudson en tantas y tantas películas, vio que hasta la estrella más glamurosa podía fallecer, esquelética y consumida por un nuevo virus, se fomentó la protección frente al mismo.
Junto a su gran amiga y coprotagonista en 'Gigante', Elizabeth Taylor. (Gtres)
Como nos señala el doctor López-Collazo, también autor del libro '¿Qué es el VIH?', amigas de siempre del actor como Elizabeth Taylor jamás lo dejaron en la estacada. Quisieron hacerle menos duro el infierno.
Otras compañeras, como Linda Evans, que lo había besado en una escena de 'Dinastía' antes de que se hiciera pública la enfermedad, comprendieron la enorme generosidad de Hudson pese al terror que le generaba el virus. "Vino el director y nos dijo que quería volver a rodar la escena, pero que necesitaba más pasión(...) sabía que tenía sida y estaba tratando de protegerme a su modo", recordó Evans años más tarde.
Aquel fue, por cierto, el último (y polémico) beso del actor en pantalla. Por entonces, se desconocía si besar a alguien podía ser una forma de contagiarle el temido virus.
Junto a Doris Day, su pareja más célebre en la gran pantalla, en 'Confidencias de Medianoche'. (Gtres)
"Elizabeth Taylor transformó el dolor en activismo. Recaudó dinero en los salones excelsos y se coló en los cafés de la primera dama de los Estados Unidos, allí donde antes sólo se hablaba de glamour se comenzó a pronunciar la palabra maldita. Podría decirse que Hudson abrió la grieta; Taylor la convirtió en camino", recuerda López-Collazo.
Doris Day tampoco se quiso olvidar de él cuando lo llevó a su programa de televisión. La desmejoría física ya era un hecho y el que había sido su compañero en 'Pijama para dos' o 'No me mandes flores', apenas podía articular palabra. “Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi”, declaró.
El que había sido uno de los rostros más perfectos de la historia del cine acabó convertido en un hombre que apenas pesaba 50 kilos y tenía aspecto cadavérico.
Una carrera intachable
Imagen publicitaria de Rock Hudson. (CP)
El intérprete creció en Winnetka, una localidad diminuta de Illinois y cercana a Chicago, que es más conocida por albergar el famosísimo hogar de 'Solo en casa' que por ser el lugar en el que el actor vino al mundo.
Aquel niño llamado Roy Harold Scherer creció pobre y abandonado por su padre entre sus vecindarios y sus espesos bosques. La suerte no le acompañó en los primeros años de vida: su padrastro, un alcohólico de tomo y lomo, no tuvo piedad a la hora de abusar de él, tal y como reflejaba una reciente biografía llamada como una de sus grandes películas: 'All that heaven allows (Solo el cielo lo sabe)'.
Su madre también era para echarle de comer aparte. Dominante y manipuladora, fue la causante de un sinfín de inseguridades que le acompañarían el resto de su existencia.
El pequeño Rock Hudson. (Gtres)
Tras su paso por los Marines, la interpretación fue el único pasaporte para escapar de la mediocridad de su pueblo y de lo que sentía: la atracción por los de su mismo sexo en una época en la que la homosexualidad era inexistente en la esfera pública. Al llegar a la Costa Oeste, el joven Rock dio tumbos de casting en casting hasta que fue captado por Henry Wilson.
El orondo representante era todo un experto en captar jóvenes de físico apolíneo. Se rumorea, además, que también se aprovechaba de ellos entre las sábanas. Si bien convirtió a Hudson en el principal reclamo de su agencia, lo cierto es que le costó conseguirlo.
Antes de exitazos como 'Obsesión' o 'Gigante', el veinteañero Rock, hercúleo, alto, guapo y con una planta espectacular, pasó por mil películas de segunda en la Universal. Nadie parecía tomar en serio ni su gesticulación ni su aspecto de chico sanote del Medio Oeste americano.
Junto a Jane Wyman en 'Obsesión'. (Gtres)
Algo de eso cambió gracias a los melodramas de Sirk, a su capataz intolerante y racista (que va cambiando gracias a su matrimonio con Elizabeth Taylor) de 'Gigante' y a las comedias junto a Doris Day, infravaloradas en su día y hoy consideradas joyas. Sobre todo la primera, 'Confidencias de medianoche', que tuvo un éxito sin precedentes gracias a su picardía sexual y sus imitadísimas pantallas partidas.
A medida que el actor se convirtió en una estrella, también crecieron las suspicacias en torno a su vida sexual. Revistas como 'Confidential' siempre estuvieron dispuestas a pagar cantidades considerables a todo chico que hubiese pasado por la cama del bueno de Rock. Y fue el propio Wilson, harto de sobornar a jóvenes imberbes para que no abriesen la boca y hablasen de más, el que obligó a Rock a casarse con su secretaria, Phyllis Gates.
Con Elizabeth Taylor y James Dean en la emblemática 'Gigante'. (Gtres)
La pobre chica fue engañada de la manera más vil y solo pasado el tiempo llegó a descubrir que su marido era gay. Las visitas a casa o las llamadas misteriosas de chicos guapos eran el pan de cada día en el hogar de los Hudson.
Cuando Phyllis los descubría, su marido siempre daba la misma explicación: solo se trataba de fans. En 1959, harta de fingir sin recibir nada a cambio, acabó solicitando el divorcio.
Otros biógrafos han sido menos amables con ella y aseguran que la joven sacó buena tajada de aquello. "Quienes la conocían dicen que era lesbiana y que intentó chantajear a su marido (...) se volvió adicta a ser la mujer de una estrella y no quería el divorcio", contó Robert Hofler.
Imagen de archivo del actor. (Gtres)
Años después del paripé, el sida haría mella en la vida de Rock, destapando la hipocresía de la historia que Hollywood había construido en torno a él para enmascarar la realidad.
Su viaje París para intentar curarse o la sorpresa de su diagnóstico fueron a la par, como nos recuerda el doctor Rodríguez-Zazo, de las noticias sobre el propio sida en la televisión: "Su prototipo de galán se transformó completamente. Todo el mundo quedó conturbado con esta noticia, no solo en Estados Unidos".
Fallecido el 2 de octubre de 1985, su muerte vino a simbolizar un crudo baño de realidad sobre las viejas estrellas de Hollywood; sobre dioses y diosas intocables en películas más grandes que la vida. El público descubrió que también podían estar enfermos y ser ídolos con pies de barro en la vida real.
Pero, como dijo Doris Day al conocer su muerte, las estrellas nunca mueren: "Si existe el Cielo, estoy segura de que Rock Hudson está allí". Y si no existe, el Cielo de los grandes del cine siempre lo tendrá entre sus favoritos. Y el de los enfermos de sida, como un ejemplo de valentía que hizo avanzar pasos de gigante en la lucha contra la cruel enfermedad que se lo llevó para siempre.
"Rock Hudson no era un hombre culto, pero ese cuerpo tan hermoso que tenía era como plastilina en mis manos". La frase de Douglas Sirk, quizá el director que mejores títulos ofreció a la estrella, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años este lunes, da una idea de la consideración que Hollywood tuvo de él.