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Berta Bernat, socialité barcelonesa y reina de la pizza artesana: “Marcos habría querido que continuara con el proyecto y no verme hundida”
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Berta Bernat, socialité barcelonesa y reina de la pizza artesana: “Marcos habría querido que continuara con el proyecto y no verme hundida”

Parking Pizza cumple una década desde su primer local en la calle Londres de Barcelona. Hablamos con su artífice de la ilusión depositada en el proyecto junto a Marcos Armenteras, su marido, del golpe de su muerte y de cómo salir adelante

Foto: Berta Bernat, socialité discreta en la Barcelona de hoy y empresaria de éxito. (Cortesía)
Berta Bernat, socialité discreta en la Barcelona de hoy y empresaria de éxito. (Cortesía)

Parking Pizza —la mejor pizza artesanal de Barcelona, también presente en Madrid— cumple 10 años y lo celebra mirando atrás con amor y orgullo. Su primer local, situado en unas antiguas cocheras de la calle Londres, acabó dando nombre a un negocio construido con una idea simple y nada común hace una década en Barcelona: pizza de calidad real en un espacio informal, de estética industrial, con cocina abierta y un servicio atento, exento de solemnidades. Hoy, diez años después, el grupo suma nueve restaurantes entre la Ciudad Condal y la Villa y Corte. Al frente de todo, ella, Berta Bernat, una mujer valiente que sostiene el proyecto tras la muerte repentina —en febrero de 2024— del amor de su vida y socio, Marcos Armenteras.

Berta no llegó a la restauración por una vocación temprana ni por una epifanía gastronómica. De niña, cuenta, quería ser bióloga. Le interesaban “la naturaleza y la genética”, pero acabó estudiando gestión hotelera “un poco sin saber muy bien por qué”. Sus padres, explica, le dijeron que la biología no tenía salida y las circunstancias la empujaron hacia otro camino; el típico, primero estudia algo con futuro y luego haz lo quieras. La decisión final la condujo hasta la gestión hostelera. No fue la gestión lo que la atrapó, sino la parte creativa que hay detrás de la restauración y el catering. Ahí, dice, “encontré mi sitio”.

Con Marcos Armenteras compartió durante años ese entorno profesional. Los dos trabajaron en un importante grupo de restauración de Barcelona —él durante unos 15 años, ella durante 12— y, según recuerda Bernat, la relación personal llegó después: primero fueron compañeros y más tarde, ya fuera de aquella etapa, pareja. Juntos tuvieron la idea de un proyecto propio que solucionase el gran handicap de la hostelería: el desgaste por culpa de los horarios imposibles. Coincidieron tres hijos muy seguidos y la enfermedad del padre de Berta. “Fines de semana, noches…”, resume. Aunque eran jóvenes, la suma de familia y obligaciones les llevó a parar para replantear qué querían hacer.

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placeholder Berta Bernat y los diez años de Parking Pizza. (Cortesía)
Berta Bernat y los diez años de Parking Pizza. (Cortesía)

Ese parón fue el origen de Parking Pizza. Barajaron varios enfoques: “podría haber sido un sitio para servir desayunos”, pero tras viajar y observar qué se estaba haciendo en otras capitales importantes, se materializó una intuición: en Barcelona faltaba una pizza auténtica. Masa de larga fermentación, buen ingrediente, recetas sencillas y apetecibles. Y, además, una manera de servirla sin el típico decorado. Parking Pizza no quería parecer ‘una trattoria’ de mantel de cuadros, ni un restaurante rimbombante con exceso de ceremonial. El modelo era otro: carta corta, operativa sencilla y mesas largas compartidas. Un lugar donde te atienden bien y estás a gusto.

placeholder Marcos Armenteras y Berta Bernat en octubre de 2015 junto al proyecto de sus vidas hecho realidad. (Cortesía)
Marcos Armenteras y Berta Bernat en octubre de 2015 junto al proyecto de sus vidas hecho realidad. (Cortesía)

La apertura del primer local llegó en octubre de 2015, sin estridencias. Berta recuerda un proceso largo: un año entero pensando el proyecto y unas obras que se tomaron con calma. “Todo fue muy lento y pensado”, dice. A ese año de preparación le pone ahora imágenes concretas: horas compartidas con Marcos discutiendo la carta, las recetas, la masa, la operativa, la distribución del espacio y la puesta en escena. “Fue muy bonito, disfrutamos mucho juntos”, resume. También, admite, hubo nervios e inquietud: la incertidumbre que acompaña cualquier apertura. La otra cara de ese vértigo fue la respuesta del público: la satisfacción, recuerda, de “abrir las puertas, ver que gustaba, que las mesas se llenaban y que la gente disfrutaba. Esa es la sensación más gratificante”.

Esa manera de trabajar se apoyaba también en un reparto de roles claro. “Éramos dos personas muy distintas, pero compartíamos la misma visión de negocio”, explica. A Marcos lo define como práctico y directo, con visión global y un talento especial para las relaciones humanas: “era muy generoso, ocupaba mucho espacio”. Ella se describe como más creativa y detallista. Pero lo que, a su juicio, hizo potente el tándem no fue solo la suma de perfiles, sino la confianza: “confiábamos plenamente el uno en el otro, y eso nos hacía permeables, receptivos”. De esa compenetración salió una identidad reconocible que, con los años, se amplió a otras marcas del grupo.

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“Marcos me daba, y me da, la fuerza para continuar. Su huella no se puede borrar”, Berta Bernat

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Berta y Pasquale Erhard, chef ejecutivo de Parking Pizza, otro imprescindible del equipo. (Cortesía)

La historia del proyecto, sin embargo, se partió en dos con la muerte de Marcos. Berta no lo disfraza: los primeros meses, dice, fueron “muy duros” y estuvo “completamente perdida”. Había tres hijos y un negocio en expansión. Lo que la sostuvo fue una mezcla entre memoria y responsabilidad: pensar en lo que él habría querido —“que continuara con el proyecto y no verme hundida”— y, también, algo menos abstracto: seguir por él. “Marcos me daba, y me da, la fuerza para continuar”, afirma. Habla de aprendizaje y de huella: todos esos años juntos la han hecho como es ahora; algo que “no se puede borrar”.

En esa continuidad aparece una palabra que repite sin grandilocuencia: equipo. “El equipo de Parking Pizza es fundamental”, sostiene. Habla de un grupo “muy impregnado” de la filosofía de la casa, personas imprescindibles. “Suena a tópico, pero no lo es. Marcos me enseñó la importancia de las personas por encima de todo”.

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placeholder La vida sigue en Parking Pizza. (Cortesía)
La vida sigue en Parking Pizza. (Cortesía)

Aun así, el negocio siguió creciendo. La llegada a Madrid, confiesa, fue un paso grande y una decisión compartida antes del golpe. Abrieron en el Paseo de la Castellana 89 y, con otro proyecto ya en marcha —en la calle Monte Esquinza 39—, decidieron continuar y consolidar sin cambiar el enfoque. Hoy el grupo opera en Barcelona con cinco locales, dos de ellos con doble concepto, de modo que el total suma siete restaurantes en la ciudad (Parking Pizza, Parking Pita y Parking Sótano), además de los dos de Madrid.

Mirando hacia delante, Bernat pelea por no aferrarse a la nostalgia. “El tiempo pasa y todo evoluciona”, dice. “Las huellas están ahí y no se van a borrar”, pero también defiende mirar hacia delante “con ilusión y con amplitud”. En lo personal, se agarra a rutinas simples: el deporte como vía de escape —hockey hierba y pádel en el Real Club de Polo de Barcelona, del que su familia es parte importante—, dos perros y el tiempo en casa con sus hijos. “Soy feliz así”.

Parking Pizza —la mejor pizza artesanal de Barcelona, también presente en Madrid— cumple 10 años y lo celebra mirando atrás con amor y orgullo. Su primer local, situado en unas antiguas cocheras de la calle Londres, acabó dando nombre a un negocio construido con una idea simple y nada común hace una década en Barcelona: pizza de calidad real en un espacio informal, de estética industrial, con cocina abierta y un servicio atento, exento de solemnidades. Hoy, diez años después, el grupo suma nueve restaurantes entre la Ciudad Condal y la Villa y Corte. Al frente de todo, ella, Berta Bernat, una mujer valiente que sostiene el proyecto tras la muerte repentina —en febrero de 2024— del amor de su vida y socio, Marcos Armenteras.

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