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rancio abolengo

Almudena de Arteaga ya es duquesa del Infantado, pero hay trabas con la herencia

El BOE publica que la hija del fallecido don Íñigo de Arteaga y Martín ya tiene todos sus títulos. Detrás, hay un polémico legado

Foto: Almudena de Arteaga, en una imagen de archivo. (Getty)
Almudena de Arteaga, en una imagen de archivo. (Getty)

Duque del Infantado, señor de la Casa de Lazcano y conde de la Monclova, todos ellos con grandeza de España; además de conde de Corres, conde del Real de Manzanares, dignidad de Almirante de Aragón y marqués de Casal de los Griegos. Esos son los títulos que, según publica el BOE, le corresponden a María de la Almudena de Arteaga y del Alcázar (Madrid, 1967) tras la muerte de su padre, don Íñigo de Arteaga y Martín, a los 76 años.

Estos títulos, más allá del frío carácter administrativo de unas meras líneas en el Boletín Oficial del Estado, guardan detrás una historia con mucha más miga en una familia de rancio abolengo donde los rumores sobre desencuentros por el reparto de los títulos nobiliarios siempre han pululado.

[Leer más: Muere el duque del infantado, padre de la escritora Almudena de Arteaga]

Íñigo de Arteaga, segundo de cinco hermanos y primer hijo varón del duque del Infantado, se crió con la responsabilidad de heredar el título nobiliario más importante de su familia y uno de los más relevantes de España. Algo que chocaba frontalmente con los derechos de la primogénita, Almudena, sobre todo después de la ley que se aprobó en octubre de 2006 en la que se equiparaban los derechos de hombres y mujeres en la sucesión nobiliaria.

El fallecido duque del Infantado en el funeral de su hijo en 2012. (Cordon Press)
El fallecido duque del Infantado en el funeral de su hijo en 2012. (Cordon Press)

La propia autora de 'La princesa de Éboli' negó en su día a Vanitatis que existiesen conflictos familiares: "Yo no he discutido con nadie nunca. Seguir con este debate es absurdo porque hay una ley que ya regula este tipo de situaciones. Es un debate eterno, que ya no me interesa. No tengo problemas con nadie".

Por desgracia, ese conflicto se resolvió trágicamente en 2012 con la muerte de Íñigo en un accidente con una avioneta que él mismo pilotaba. Ahora, con el fallecimiento de su padre, la parte de la sucesión nobiliaria parece clara, aunque siguen siendo poco claros algunos aspectos de la herencia del duque del Infantado.

[LEA MÁS: Los documentos que explican la polémica herencia del duque del Infantado]

El palacio del Infantado, que se encuentra en Guadalajara, es un inmueble que curiosamente continúa registralmente a nombre de Mariano Téllez Girón (1814-1882), XII duque de Osuna y XV duque del Infantado, un noble de vida alocada que murió sin descendencia y prácticamente en la ruina.

La raíz del problema viene porque la familia Arteaga reclama el derecho a una “vivienda ocasional” dentro del palacio, pero se debe dilucidar si ese derecho correspondía solo a Íñigo de Arteaga o también a sus herederos. Según la Plataforma Abraza el Infantado, con el fallecimiento del duque termina el "derecho de habitación" que el duque tenía y por el que se inició el litigio.

Fachada gótica del palacio del Infantado en Guadalajara. (EFE)
Fachada gótica del palacio del Infantado en Guadalajara. (EFE)

Desde la plataforma explican que una vivienda de 400 metros cuadrados, con “espacios que deberán ser amplios”, escaleras de madera maciza, dos dormitorios de casi 30 metros cuadrados cada uno, un baño y un aseo, un recibidor, entreplanta, una cocina de diez metros, un espacio diáfano de 80 metros cuadrados y, lo más llamativo, un salón comedor de casi 110 metros cuadrados, no es una “vivienda ocasional”.

La duquesa no se rinde

De hecho, esta misma semana hemos conocido que la nueva duquesa del Infantado ha presentado una demanda contra la resolución del Ayuntamiento de Guadalajara por denegarle este la licencia de obras que permitirían a la familia tener una vivienda de uso privado en el edificio y esgrime como argumento la falta de información y de notificación sobre el expediente del Consistorio.

A la plataforma le ha sorprendido la decisión de Arteaga porque "se supone que se quiere ganar la vida con su literatura y que está por encima de todos esos tiquismiquis de tener un piso que no le corresponde", ha declarado uno de sus miembros, Blanca Calvo, a Europa Press.

Uno de los portavoces de la plataforma, el aparejador Jorge Riendas, se muestra optimista con la resolución de un juicio –en el que se han unido los dos procedimientos abiertos, el del Ministerio y el del Ayuntamiento de Guadalajara– y que se puede dilatar de cuatro a seis meses. "Creo en la justicia y en las normas urbanísticas, que no se pueden saltar ni Almudena de Arteaga ni nadie. No puede haber un doble rasero. En mi opinión la única decisión lógica del juez es denegar la licencia de la vivienda porque la ley no permite que la haya en el palacio. El derecho de habitación pertenecía a su abuelo y, como mucho, a su padre". Y termina diciendo que "la aristocracia no debe tener privilegios ni en estas ni otras cuestiones".

El último libro de la nueva duquesa. (Esfera de los Libros)
El último libro de la nueva duquesa. (Esfera de los Libros)

A falta de saber cómo se resuelve este caso, Almudena de Arteaga –que acaba de presentar su último libro, 'Cenizas de plata y sangre'– deberá también hacer frente ahora a los gastos que supone heredar varios títulos nobiliarios. Desde la Diputación de la Grandeza nos confirman que en el caso de una transmisión de padres a hijos –si fuera transversal sería más cara–, un título con grandeza de España acarrea unos impuestos de transmisión de 2.753 euros, mientras que uno sin ella es de ‘tan solo’ 785 euros. Así que a la duquesa le ha costado serlo 11.399 euros. Literalmente.

Cabe recordar que los aristócratas no perciben ninguna remuneración por dichos títulos y no conllevan ventajas fiscales. La única distinción que acompaña a un título nobiliario es la del tratamiento de excelentísimos señores para aquellos títulos considerados grandes de España y de ilustrísimos señores para los demás. Más allá de esta distinción en el tratamiento, actualmente la posesión de un título nobiliario no otorga ningún privilegio, al tratarse de algo meramente honorífico.

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