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FAMILIAS

Samuel, el desconocido 'hijo' del padre Ángel, el mejor regalo que le ha dado la vida

"Con este niño aprendí lo que significa ser padre y qué significa serlo de un crío enfermo", dice sobre el adolescente que adoptó junto a una voluntaria de Mensajeros de la Paz

Foto: El padre Ángel.
El padre Ángel.

Samuel se parece tanto al padre Ángel que a ninguno de los dos se le cae la sonrisa de los labios cuando están juntos. El adolescente tiene ahora 16 años y el sacerdote le adoptó hace unos años junto a Carmen, una amiga voluntaria de Mensajeros de la Paz.

Ambos rescataron al niño de todo un infierno que estaba viviendo. Samuel le llama “papi” y cada día que puede acude a la iglesia de San Antón en Madrid para ayudar a su progenitor, donde le encanta escuchar sus sermones.

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El cura cuenta a Vanitatis que su hijo “es un regalo, una bendición en la vida que Dios me ha dado. Tiene 16 años. Vino de El Salvador, estaba muy mal de salud, se quemó, tenía la cabeza fatal y le operó el doctor Cavadas. El niño me espera para cenar, viene a la cama a darme un beso. Eso me llena todo”.

El religioso siempre está pendiente de su “crío”. Cuando viaja y después de dar una charla en cualquier ciudad, lo primero que hace es descolgar el teléfono y llamarle: “¿Todo bien, Samuel? Mañana damos unos pelotazos y jugamos al fútbol”.

El padre Ángel en una imagen de archivo. (EFE)
El padre Ángel en una imagen de archivo. (EFE)

El infierno de Samuel

Dios rescató a Samuel de una catástrofe en El Salvador, siendo un bebé de meses, cuando salió ardiendo. Para el padre Ángel es un milagro que el niño esté vivo

Un día se enteró de que iba a venir a Madrid un pequeño salvadoreño de dos años y medio con quemaduras muy graves para ser tratado en nuestro país. Era un niño que con cuatro meses de vida se quemó de cintura para arriba.

Desde entonces su existencia fue un calvario: pasó por varios hospitales estadounidenses para tratar sus quemaduras, pero no le hicieron las curas bien y un mes después volvió a su país igual.

Los padres biológicos del niño eran muy pobres y no podían hacerse cargo de él. Así que se lo entregan a unas monjas para que le buscaran un hogar en España. Cuando llegó a nuestro país, un matrimonio le adoptó, pero al año, debido a la responsabilidad que entrañaba cuidarle por su enfermedad, se deshicieron de él. Y es así como Samuel llega a la vida del padre Ángel.

Samuel, el hijo el padre Ángel.
Samuel, el hijo el padre Ángel.

Primero intentó buscarle una familia, pero las necesidades del pequeño eran muchas y no le fue fácil. Así que el sacerdote de Mieres habló con su amiga Carmen y decidieron “liarse la manta a la cabeza y adoptarle”.

En esos días, Samuel estaba internado recibiendo atención médica en el hospital Niño Jesús de Madrid. Allí le empiezan a preparar para su primera operación. A los doctores les preocupaba que parte del cerebro estuviese necrosado. Al faltarle una parte del cerebro lo tenía que compensar con la otra. En la delicada intervención que le realizó el doctor Cavadas, experto en cirugías complicadas de rostro, tuvo que coger músculo de la espalda del niño para cubrir el agujero de la cabeza y cerrarle la oquedad por la que se le veía parte del cerebro.

A Samuel le han operado también de la mano izquierda para que tenga más movilidad. Debido a las quemaduras, se ha sometido dos veces a microcirugía para alargarle los tendones. Cuando se fue reponiendo, Samuel fue escolarizado en Madrid. Les recomendaron educación especial, pero el padre Ángel y su amiga Carmen, a través de los organismos oficiales de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Educación, lograron que el niño entrase en el Tomás Bretón y evolucionara como un alumno normal.

El cielo de Samuel

Para el padre Ángel, Samuel es una de las prioridades en su vida. Desde que le cogió en brazos ha habido un antes y un después. Él mismo nos cuenta: “Yo, que he predicado mucho que hay que querer, no sabía de verdad lo que era ser padre, lo que era amar a un hijo hasta unas fechas próximas a una Navidad, cuando me vi inmerso en la angustia de ver a un chiquitín al que quise desde que le miré y que se iba”.

El padre Ángel. (EFE)
El padre Ángel. (EFE)

En su alegato continúa: “La amenaza de muerte me angustiaba, era un niño que desde sus primeros días había luchado por sobrevivir y se había visto rechazado por su minusvalía. Con Samuel aprendí lo que significa ser padre y es más, lo que significa ser padre de un niño enfermo. Aprendí la sensación de que el tiempo con él era más valioso, porque el futuro era incierto. También aprendí un modo de rezar, como con ansia, como casi exigiendo al de arriba que me lo dejara aquí conmigo, para protegerlo a base de amor”. Ahora los dos comparten su tiempo y se regalan el uno al otro lo mejor que tienen: su bondad.

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