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NEGOCIOS

El día a día como "un agricultor más" de Cayetano Martínez de Irujo

El duque de Arjona no se cansa estos días de apoyar al sector agrícola. Sabe de lo que habla. Su madre le puso al frente de las tres grandes empresas de los Alba, y hoy gestiona las suyas propias

Foto: Cayetano Martínez de Irujo, en una imagen de archivo. (Getty)
Cayetano Martínez de Irujo, en una imagen de archivo. (Getty)

"Yo no estoy en el lado de los poderosos, tengo una explotación agrícola mediana y quiero vivir del campo, que es lo que me gusta. Haré lo que haga falta. Yo soy un agricultor más. Me encanta la hípica y la agricultura, y estaré con los agricultores donde haga falta". Cayetano Martínez de Irujo no ha desperdiciado estos días ninguna oportunidad de apoyar al sector agrícola desde su altavoz público. Los hombres y mujeres del campo están en armas, piden unos precios dignos para lo que producen, y advierten que los disturbios de la semana pasada en Andalucía provocados por el bajo precio del aceite de oliva no han hecho más que empezar. Con ellos, Cayetano.

El duque de Arjona es conocido en los medios de comunicación principalmente por sus asuntos personales. La biografía que publicó este año, 'De Cayetana a Cayetano' (La Esfera), fue la bomba editorial de 2019. Uno pensaría que a través de esas páginas Cayetano Martínez de Irujo ha hecho un desnudo integral, y sin embargo sigue siendo un gran desconocido. Cuando defiende a los agricultores con vehemencia, lo hace también en primera persona, como gestor de cientos de hectáreas agrícolas heredadas del gran patrimonio de los Alba.

Cayetano Martínez de Irujo, compitiendo en Valencia. (Getty)
Cayetano Martínez de Irujo, compitiendo en Valencia. (Getty)

"Al igual que hice con la hípica, que fui mozo durante 18 meses y aprendí a hacer de todo, desde muy jovencito me gustaba coger los tractores y me gustaba aprender a labrar y a hacer todas las labores del campo. Desde los 10 o 12 años, te estoy hablando. En el campo lo he hecho todo, desde conducir un tractor hasta plantar, labrar o sembrar. Pero bien, ¿eh? No un ratito", explica Cayetano, que atiende amablemente al otro lado del teléfono.

Poca gente sabe que, a día de hoy, el duque de Arjona gestiona cerca de 2.000 hectáreas de terreno agrícola entre diversas fincas. La más grande, Las Arroyuelas, con 1.500 hectáreas localizadas en Carmona (Sevilla). También tiene fincas más pequeñas, como El Hierro, en Córdoba, de 210 hectáreas, y un par de parcelas en El Carpio (también en Córdoba), "a medias" con su hermano Fernando. "Además tengo el usufructo de una finca más pequeña [algo más de 30 hectáreas] que heredaron mis hijos en Sevilla y que tenía naranjos, pero las obras de la SE-40 la dejaron como una escombrera. La he regenerado completamente".

"No se puede decir que sea un latifundista porque no llego a las 2.000 hectáreas -replica-, pero cuando hablo del campo, sé de lo que hablo". El aristócrata se pasa la semana "pateando las fincas", trabajando mano a mano "con el técnico, con el trabajador, con el que compra y vende". "Para mí lo fácil hubiera sido dejar de trabajar la tierra, poner alguna instalación de energías renovables y echarme a dormir. ¿Pero sabes qué? Es que a mí me gusta esto, me gusta de verdad, uno tiene que centrarse en lo que sabe hacer y esto es lo que yo sé hacer".

El duque de Arjona, presentando los productos de sus fincas que se venden bajo la marca Casa de Alba. (Getty)
El duque de Arjona, presentando los productos de sus fincas que se venden bajo la marca Casa de Alba. (Getty)

En uno de los capítulos de su libro, Cayetano Martínez de Irujo recrea el momento en el que su madre, la duquesa de Alba, le encarga a través de una carta que lidere las grandes empresas agrícolas familiares. Eran 45.000 hectáreas entre Salamanca, Sevilla y Córdoba que tuvo que gestionar durante años, hasta que el patrimonio familiar se dividió entre los hermanos. En esta década ha aprendido los entresijos de un negocio en el que, a menudo, hay un componente heroico. "El sector del campo ha sido el último en levantarse y será el primero en caer. Aquí somos todos una familia, quien más quien menos tiene una empresita, pero no puede comer", dice.

"Aquí vivimos mirando al cielo, pendientes de la climatología, intentando anticiparnos", enumera, como una de sus principales preocupaciones. Pero no la única. "Tienes personal que depende de ti, yo tengo cerca de diez fijos, pero también fijos discontinuos y las peonadas. La subida del salario mínimo afecta poco al campo, te digo yo que en el campo todo el mundo cobra ya ese salario mínimo, el problema es que cuando has superado todas las dificultades y ya tienes tu cosecha, encima te tienes que poner de rodillas para que te compren lo tuyo a un precio de mierda [sic] porque las grandes superficies lo controlan todo".

"Les cuesta defender lo nuestro"

El duque de Arjona se pone vehemente porque es un tema que le enciende. "A mí me gustaría vivir del campo -reconoce-, pero de momento no puedo". Está llevando a cabo una pequeña revolución en sus fincas. Introduciendo tecnología y apostando por cultivos de arboleda, "porque los precios del cereal están imposibles". Ha plantado olivar de arbequina y picual, ha hecho un experimento con granados, algo de almendro. "Tengo confianza, hemos hecho una fuerte inversión y poco a poco se va a notar, se va a equilibrar", aventura.

Dice que él no es un latifundista, "si acaso Cañamero, al que conozco y por el que tengo respeto. Allí en Marinaleda deben de tener más hectáreas que yo", apunta con cierta sorna. Su relación con todos los involucrados en el sector agrícola, desde las instituciones hasta los hombres del campo, es cercana. Tiene confianza en Luis Planas, el ministro de Agricultura, al que conoce bien de su etapa en Andalucía, aunque no guarda la misma buena opinión de todos los miembros del Gobierno. "Parece que a algunos les va a costar pelear por lo nuestro, pero si no están para eso, ¿para qué están?", se pregunta. Pues eso.

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