El encierro de Vargas Llosa con las Preysler: gimnasia, escritura y charlas a distancia
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EN BUENA COMPAÑÍA

El encierro de Vargas Llosa con las Preysler: gimnasia, escritura y charlas a distancia

En la mansión de puerta de Hierro no entra nadie y el círculo se reduce a la dueña de la casa, Tamara, Ana, Fernando Verdasco y el pequeño Miguel

Foto: Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, en una entrega de premios. (Getty)
Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, en una entrega de premios. (Getty)

El 28 de marzo pasado, Mario Vargas Llosa cumplía 84 años en pleno confinamiento por la pandemia del coronavirus.

La celebración fue íntima. En la mansión de puerta de Hierro no entra nadie y el círculo se reduce a la dueña de la casa, Tamara, Ana, Fernando Verdasco y el pequeño Miguel. Esta última pareja tiene su domicilio habitual en Doha pero, al cancelarse todos los torneos en el circuito mundial, el tenista y la pequeña de las Preysler volvieron a España.

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Esta es la unidad familiar que acompaña la cuarentena del Nobel, que no ha cambiado su rutina habitual, una inercia doméstica que empieza con una tabla de gimnasia, unas horas dedicado a escribir hasta el mediodía, tarde de lectura, otra vez ejercicio físico y cena. También mantiene conversaciones con sus tres hijos y los nietos a través de Facetime y WhatsApp.

Tamara Falcó y Mario Vargas Llosa.(Vanity Fair)
Tamara Falcó y Mario Vargas Llosa.(Vanity Fair)

Más menos este el horario de cuarentena al que ha incorporado otra modalidad relacionada con las nuevas tecnologías. El Nobel ha hecho del despacho que antes fue de Miguel Boyer, su reducto de trabajo presencial. Desde esa estancia se relaciona con sus seguidores y les hace participes de sus lecturas. El viernes fue el día elegido por el nobel para leer en voz alta “Supuestos”, un trabajo poético de Blanca Varela, quien falleció en Lima en marzo de 2009 y a quien se la considera una de las grandes poetisas de América Latina.

Mantuvieron una gran relación y a su muerte el escritor tuvo palabras de admiración hacia la amiga y colega. “Fuimos muy amigos. La conocí en la universidad. Era una mujer de una gran generosidad y muy discreta para hablar de su poesía”. Vargas Llosa explicaba que “no solo era modestia, era algo más profundo. Hubiera querido ser invisible cuando hablaba de su poesía y en cambio era muy generosa con la obra de los demás. Era uno de esos seres insólitos que se fue de este mundo sin tener un solo enemigo”.

Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo. (EFE)
Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo. (EFE)

Mario Vargas Llosa ha querido actualizar la obra de su amiga y rendirle su homenaje a través de la lectura pública de uno de sus poemas, “Supuestos”, uno de los preferidos del escritor. Dice así:

El deseo es un lugar que se abandona

la verdad desaparece con la luz

corre-ve-y-dile

es tan aguda la voz del deseo

que es imposible oírla

es tan callada la voz de la verdad

que es imposible oírla

Calor de fuego ido

seno de estuco

vientre de piedra

ojos de agua estancada

eso eres

me arrodillo y en tu nombre

cuento los dedos de mi mano derecha

que te escribe

me aferro a ti

me desgarra tu garfio carnicero

de arriba abajo me abre como a una res

y estos dedos recién contados

te atraviesan en el aire y te tocan

y suenas suenas suenas

gran badajo

en el sagrado vacío de mi cráneo.

Mario Vargas Llosa Isabel Preysler Tamara Falcó Ana Boyer Fernando Verdasco
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