'Inés del alma mía': el romance prohibido de la española que arrasará en TVE
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'Inés del alma mía': el romance prohibido de la española que arrasará en TVE

Descubre cómo Inés Suárez, hija de una familia humilde de Plasencia, llegó a ser la fundadora de Santiago de Chile

placeholder Foto: Elena Rivera y Eduardo Noriega protagonizan 'Inés del alma mía'. (TVE)
Elena Rivera y Eduardo Noriega protagonizan 'Inés del alma mía'. (TVE)

La época dorada de la televisión nos permite tener a nuestro alcance un amplio catálogo de series y películas, donde encontramos propuestas para todo tipo de gustos y edades. Sin embargo, hoy queremos recomendar una que resulta fabulosa para todas aquellas personas que sean apasionadas de las historias épicas, con aventuras, emociones, intrigas secretas y amor: 'Inés del alma mía'.

Se trata de una de las últimas ficciones de TVE y, entre muchos otros encantos, cuenta con el saber hacer de Elena Rivera y Eduardo Noriega en los papeles de Inés Suárez y Pedro de Valdivia. Una ficción que lleva varias semanas arrasando en la plataforma de vídeo de Amazon y que auguramos seguirá el mismo camino en La 1 de Televisión Española.

Basada en hechos reales, y ambientada en la América del siglo XVI, parte de la magnífica novela de Isabel Allende del mismo nombre, 'Inés del alma mía', que puedes descubrir en librerías o tiendas como Amazon por solo 10 euros (compra aquí).

Sea como sea, queremos que descubras a este personaje, Inés Suárez, por lo que si no quieres conocer todavía ciertos detalles, para de leer aquí porque se avecinan spoilers, pero te aseguramos que merece la pena saberlo todo sobre esta historia.

Viajamos hasta Plasencia, Extremadura, donde esta aventurera nació en 1507. A los 19 años se casó con el comerciante Juan de Málaga, que partiría en solitario hacia el Nuevo Mundo en 1528 en busca de fortuna.

Al no tener noticias de su marido durante años, solo una carta a su llegada a la actual Venezuela, Inés decidió partir a buscarle en 1537. Una tarea que ya de primeras era complicada, porque las mujeres no podían viajar solas sin un permiso especial. Sin embargo, tras lograr la licencia real, partió hacia el Caribe.

Allí descubrió que su marido había fallecido en combate, por lo que al ser viuda de un soldado le correspondían algunas tierras y dotes en la zona de Perú. Así, inició una fructífera plantación en Cuzco, donde conoció a un guapo vecino (según las crónicas de la época) que resultó ser uno de los grandes soldados del momento: Pedro de Valdivia.

La pareja inició una relación que duraría más de 10 años, y en la que tuvieron que enfrentarse a la Iglesia, a la sociedad civil y al hecho de que Valdivia estaba casado con Marina Ortiz de Gaete (que residía en España). Un romance prohibido que podía ser especialmente duro para Inés, ya que la menor pena para las mujeres por este delito era lapidarlas. No obstante, y como podrás descubrir en la serie y en el libro, estos casi eran los menores problemas de la pareja.

Nos situamos ahora en 1539, cuando Francisco Pizarro le otorga un permiso especial a Valdivia para iniciar una expedición por Chile. Una tarea, por no decir locura, en la que se embarca con solo 11 hombres y una mujer: Inés. A pesar de su conocida relación, no se les permitía viajar juntos, al vivir en el adulterio, así que tienen que firmar una especie de contrato por el que Suárez viaja como empleada doméstica de su pareja.

A lo largo de travesía vivirían innumerables aventuras y desventuras a las que cada vez se sumaban más hombres, tanto castellanos como nativos, y en las que Inés iba granjeándose más poder. Su conocimiento sobre las plantas y aspectos medicinales les era muy útil. De hecho, al saber encontrar agua, logró descubrir un manantial en el desierto de Atacama (Chile), que aún hoy se llama Aguada de Doña Inés en su honor.

Aspectos a los que sumar el día en el que Inés se convirtió en leyenda. Los españoles se habían asentado en un campamento que llamarían Santiago de Nueva Extremadura (actual Santiago de Chile), viviéndose constantes batallas contra los nativos de la zona. Una de esas noches, por lo visto de forma más voraz que en otras ocasiones, volvieron a ser atacados por los locales.

Pedro de Valdivia no se encontraba en esos momentos presente y los soldados no paraban de caer, así que Inés decidió armarse con la cota de malla y un caballo blanco para defender su nueva ciudad como capitana de las tropas.

Sin engrandecer ninguna guerra, el hecho de que fuera una mujer la que llevaba al ejército a la batalla era algo inusitado (aún quedaban siglos para que George R.R. Martín nos trajera a Daenerys de la Tormenta). Los cronistas cuentan que tal fue su destreza que, años después, el jefe de la tribu picunche, Michimalongo, reconocería personalmente el valor de Suárez ofreciéndole una pluma con carácter mágico, el más alto símbolo que se podía conceder para honrar a un guerrero.

Por desgracia, recorrer medio mundo, haberse quedado viuda, lograr volver a enamorarse, cruzar miles de kilómetros inexplorados y liderar una batalla no eran suficientes emociones. Así, Inés Suárez tuvo que enfrentarse a otro difícil momento personal. Tras una década juntos de forma pública, Pedro Valdivia fue sometido en Perú a juicio por motivos políticos y territoriales. Una serie de acusaciones de las que fue absuelto a excepción de una, también le acusaban de unión ilegítima.

Así que tendría que separarse de la valiente extremeña, casarla (sí, elegir él con quien se casaría ella) y traer a su mujer desde España o los tribunales eclesiásticos podrían tomar cartas en el asunto, con penas que pasaban desde la excomunión a los latigazos, la cárcel o la hoguera.

A su regreso a Chile, Valdivia debería haber comunicado a su Inés del alma que su romance debía llegar a su fin, pero lo hizo a través de un clérigo amigo. El final a un romance prohibido, aunque ya en crisis, donde la heroína de esta historia tiene la última palabra: "Decidle a Pedro que acepto el trato y que yo misma escogeré a mi futuro esposo, porque pretendo casarme por amor y ser muy feliz".

Una unión en la que entra en juego el viudo Rodrigo Quiroga con su hija Isabel. Un capitán del ejército de Valdivia al que conocía desde hacía años y con el que compartiría las siguientes tres décadas de su vida. Juntos fueron gobernadores de Chile, siendo ella cogobernadora de forma oficial, y viviendo cientos de aventuras más (como el asedio del pirata Drake o grandes terremotos).

Además, a pesar de ser poco habitual ser longevo en el siglo XVI, Inés Suárez fue extraordinaria hasta el final, viviendo hasta los 73 años. Falleció poco después que su marido Quiroga, al que dedicó en varias cartas palabras tan románticas como: "Echo de menos sus manos, su olor, sus anchas espaldas, su cabello suave...".

Parece que todo su esfuerzo por cruzar el Atlántico, sortear guerras, desiertos y enfermedades no tenían como destino romántico a Pedro de Valdivia, sino a Rodrigo Quiroga... Ya sabemos que los primeros amores no tienen por qué ser siempre los mejores.

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