Pedro Ruiz: "Sacar el saco de piedras y apedrear a una persona no es televisión, es maldad"
  1. Famosos
ENTREVISTA

Pedro Ruiz: "Sacar el saco de piedras y apedrear a una persona no es televisión, es maldad"

Regresa a los escenarios en Madrid, pero siempre tiene otros proyectos en marcha. Hablamos con él del ayer, pero sobre todo del hoy y del mañana...

placeholder Foto: Pedro Ruiz, en la presentación de 'Loc@s, reír nos cura'. (EFE)
Pedro Ruiz, en la presentación de 'Loc@s, reír nos cura'. (EFE)

Pone a prueba a cualquier entrevistador. Pedro Ruiz responde con tanta velocidad de verbo, con tal caudal de ideas, que exige una concentración máxima para poder ejercer el arte de repreguntar. Con él no hay cuestionario previo que valga. Algo, por cierto, que es de agradecer porque no siempre se encuentra uno a alguien dispuesto a pisar todos los charcos sin salpicar, a diseccionar la actualidad y la vida sin mancharse las manos y a dejarnos pensando después de cada una de sus respuestas. Con un aforismo siempre listo o una cita litetaria, el propósito primigenio de esta conversación es hablar de su nuevo espectáculo, 'Loc@s, reír nos cura', que ha llegado al Marquina de Madrid, después de 12 representaciones a modo de ensayo en el Infanta Isabel. Pandemia mediante, la cita será los fines de semana y después gira.

Presentador, actor, cantante, escritor, compositor... Con una trayectoria tan intensa y extensa, Pedro, sin embargo, siempre tiene entre manos lo siguiente. Celoso de su vida personal, pasamos de puntillas por nombres con mayúsculas que han estado en su vida, y echamos la vista atrás, pero sin arrepentimiento, que es un término que desechamos enseguida. Pasen y vean.

PREGUNTA: El título de esta función parece que ni pintado para las circunstancias actuales tan duras...

RESPUESTA: Es un modo de justificar las rarezas que tenemos todos, porque al empezar el espectáculo hay un rótulo en el que se lee: "Todos tenemos cosas en común y cada uno su pequeña locura particular". Y a partir de ahí ya se construye un espectáculo que no tiene ninguna mala fe ni pretende dañar a nadie, sino reírnos de nosotros mismos del modo que más nos conviene en este momento, en el que tenemos la cabeza llena de telarañas y conviene hacer zapping de uno mismo. Ese es el propósito.

P: Aunque la mayoría de los personajes que desfilan por la obra son inventados, sí hay lugar para personas que has conocido en las distancias cortas como Fernando Fernán Gómez o Luis Escobar. ¿Los tienes muy presentes desde la nostalgia?

R: Todos somos la resultante de lo que hemos compartido con otras personas, y a mí siempre me gusta rendir un homenaje y un reconocimiento a los que no están. También hay un pequeño homenaje a Sara Montiel y a Xavier Cugat, que he mezclado con cosas de ahora para que el público joven se vea reconocido, pero me gusta hacer este tipo de tributos por una razón: lo que pongo en boca de Fernando Fernán Gómez, a quien remedo con todo el respeto del mundo, tiene mucho más peso del que tendría en la mía. Lo que le hago decir a López Vázquez también y en Luis Escobar lo mismo. Ser agradecidos con los que nos han enseñado cosas y con los que hemos compartido camino lo considero casi una obligación.

P: Vivimos en una época de mucha inmediatez y hay quienes apenas conocen a los artistas de generaciones anteriores. Es casi un ejercicio de memoria histórica, ¿no?

R: La gente joven que viene, de repente, le descubre porque pongo un fragmento de él y por una anécdota que cuento relacionada con la actualidad. No creo que vayamos a arreglar el mundo con esto, pero me parece de justicia que lo hagamos con algunas personas. Si no con todas, al menos con tres o cuatro por espectáculo.

P: Últimamente incides mucho en que le has dedicado mucho tiempo a la política. ¿Te arrepientes, quizás?

R: No me arrepiento porque lo hecho hecho está. No hay que rasgarse las vestiduras, pero he dedicado demasiada energía quitándomela para otras cosas o de escaparate para mostrar lo que me importa más: la diversión, la ternura, la poesía, las gamberradas del mundo del humor... Me comía demasiado tiempo, lo miré y me di cuenta de que le estaba dedicando demasiado trozo de mi currículum a este asunto. Por eso, este espectáculo no tiene nada de política, solo una estampa del Rey emérito en 'La isla de las tentaciones' y un portavoz del Gobierno que dura menos de un minuto. Los demás personajes son reconocibles porque son arquetípicos, un mexicano, un gallego, uno que está en la cárcel, un poeta..., que me permiten hablar de lo que nos pasa, que siempre es lo mismo en la humanidad. Los personajes, además, me permiten decir cosas que yo personalmente no diría.

placeholder Pedro Ruiz, en un momento de la función. (Cortesía)
Pedro Ruiz, en un momento de la función. (Cortesía)

P: ¿Ha caído el Rey emérito en demasiadas tentaciones y ese ha sido su error?

R: Yo no estaba con él -responde, divertido-. El señalamiento que hago de él no es 'ad hominem' ni mucho menos. Es una cosa que está en el comportamiento permanente de la vida y de la calle, y es una pirueta semifinal del espectáculo donde se habla de todo lo que se dice de él, pero de un modo tierno. Con la ternura de verle ahí perdido por el mundo como si fuera un personaje errante. Repito que no hay intención de juicio, que yo no soy nadie para juzgar. No quiero que nadie se ofenda. Se trata de que se acepte el juego de que esto es una falla, somos todos un poco monigotes, nos quemamos y luego nos reímos.

P: Decías hace no tanto que te gustaría que se recuperara el espíritu de la Transición, en el que a la gente no se le ponían tantas etiquetas como ahora.

R: En la Transición nadie nos preguntábamos por qué íbamos a un lugar. Te invitaban Carrillo o Fraga a ver una conferencia, ibas. Y no tenías el problema al día siguiente de que te dijeran que eras de A o de B. Ibas a ver a las personas. Al estreno convocamos a personalidades muy diferentes porque queríamos recuperar esa idea de que no importa el prejuicio, importa la capacidad. Vayamos a ver al violinista porque es bueno, no porque es palestino, israelí, gay o heterosexual.

P: "Yo soy libre porque lo decido yo, no porque me lo permita usted". ¿Ha sido clave para ti esta frase de tu madre a la hora de afrontar la vida?

R: Sí, porque mi madre tenía muy arraigada dentro de ella la dignidad y a su manera la defendía permanente. Esta frase se produce cuando yo tenía 12 años, en mi barrio, en Barcelona, cuando un alcalde la estaba reprendiendo, pero cariñosamente, tampoco era una reprimenda dura. Le contestó eso y al hombre se le quedó una cara de pasmo que me gustó. Me quedé siempre con esa frase y si puedo la pongo en práctica.

P: Estuviste cuidando de tu madre hasta el final y es una de las pocas personas de tu entorno de las que hemos oído hablar, porque siempre has mantenido tu vida privada muy al margen del foco mediático.

R: Sí, porque creo que la discreción es libertad. Y la discreción es educación. No me gusta hablar de la vida de los demás aunque forme parte de la mía, porque no tengo derecho a airear las cosas de los otros. Por eso no voy nunca a un programa de entrevistas del corazón, no son territorios que quiero pisar. A veces soy tan dueño de mí que me aprisiono. Es el modo en el que he funcionado y pago un precio alto, en el sentido de que no pertenezco a tribus ni a grupos, ni a productoras ni a partidos.

placeholder Pedro Ruiz, en el teatro Marquina. (EFE)
Pedro Ruiz, en el teatro Marquina. (EFE)

P: En el último gran programa de televisión que hiciste, 'La noche abierta', tenías la fortuna de contar con personajes de gran calado que en ocasiones se abrían en canal, algo poco habitual en ellos.

R: Al final de todo, el pasaporte a cualquier lugar es la educación. Si el tono de la pregunta es educado, uno no se niega a contestarla. Otra cosa es cuando se ve la pasión insana por saber del otro. Estoy absolutamente convencido de que al final el tono es el fondo de la conversación. Yo no soy periodista ni entrevistador. Hice ese programa y espero hacer cosas en televisión cuando me dejen... En ese programa sabía perfectamente que yo no era el protagonista, que lo era el que venía. Y consecuentemente lo que tenía que crecer era el discurso del otro y así lo puse en marcha. Era el único secreto que había. Hay un pensamiento de Josep Pla que me gusta mucho, que te traduzco del catalán: "Escuchar es poner atención a lo que dice el otro huyendo del barullo que cada uno llevamos dentro". Hay que escuchar al otro sin prejuicios y ponerse en su piel.

P: Has presentado diversos formatos de éxito de televisión, has estado nominado al Goya, publicado libros, protagonizado casi una veintena de espectáculos unipersonales... ¿Se te resiste algo? ¿Qué te queda por hacer?

R: Todo, porque tengo muchísimas inquietudes. Todavía no he saltado siete metros en pértiga, no he corrido una maratón, no he cantado ópera en el Liceo, no he hecho una película con Almodóvar... Tengo muchas inquietudes, que no ambiciones, y mientras las tienes la vida es plena. Afortunadamente, la salud me respeta mucho y tengo por hacer todo lo que venga. Al fin y al cabo, la vida es jugar y quiero jugar a cosas que me alimenten el espíritu. Soy un artista por vocación y me queda muchísimo por hacer. Siempre he pensado que el pasado es una buena referencia, pero una mala residencia.

P: En el ejercicio de tu libertad has demandado a productoras y a cadenas de televisión. ¿Has pagado un precio alto por ejercer tus derechos?

R: Quevedo decía que "donde no hay justicia tener razón es peligroso". No es mi caso concreto, pero no formo parte de ninguna tribu y con esto no estoy afeando a nadie que lo haga. Nunca he sido un hombre gregario, lo cual no quiere decir que sea insolidario, porque soy una persona muy accesible, en contra de lo que a veces escucho de mí. No me reconzco en eso. Caminar solo tiene ese precio. Ya decía Machado, "solo le canto mi copla a quien por mi camino va". Vivo así. No me quiero enfrentar a nadie, porque no tengo derecho, pero no quiero cumplir predicados en los que no creo. Ahora la televisión tiene un alto porcentaje de dictadura, en el sentido de los contenidos, y de la gente con un pinganillo. Por eso no pasaré, lo cual no quiere decir que no vuelva, ya veremos...

placeholder Pedro Ruiz da vida a más de 20 personajes en su nuevo espectáculo. (EFE)
Pedro Ruiz da vida a más de 20 personajes en su nuevo espectáculo. (EFE)

P: ¿A qué dedicas tu tiempo libre, si es que te queda, porque con todo lo que has hecho y haces...?

R: Pues solo ha salido el 15% de lo que he inventado. Y de lo que he intentado hacer, solo me ha salido un 10%. Tengo una vida muy intensa. Me gusta escribir todos los días, componiendo... Mis ratos libres los paso normalmente yendo al cine y al teatro. Entre semana, si no tengo función, voy al cine cuatro veces, casi seguro. También me gusta el deporte. Uno de los secretos de mi salud es tener abiertas mis vías de comunicación a que entren impulsos desde fuera, porque si no escuchas lo de fuera, te vuelves rancio rápidamente.

P: Hablas de componer... Supongo que sería un honor para ti que Rocío Jurado cantara canciones tuyas.

R: Cantó varias canciones en público, pero no llegó a grabarlas. También he compuesto para María Jiménez, en su disco 'Alma salvaje' hay una canción mía, para el Dúo Dinámico, para Sara Montiel... A veces he notado cuando hablaba de mi faceta musical, ahora ya menos, que era un capricho, pero no es así. Que lo haga mejor o peor, esa es otra cosa, pero a mí la música y la poesía me han acompañado siempre. Es el sitio donde más cómodo me encuentro en mi casa.

P: Otra de las personas que alcanzaron una gran popularidad a tu lado fue Ana Obregón, que el día de las campanadas dio toda una lección de dignidad y de pundonor.

R: Con Ana tuvimos la experiencia de 'Esta noche Pedro', donde ella hacía un telediario conmigo y con José Luis Coll, que en paz descanse. En ese momento, además de lo popular que ya es ahora, se convirtió en un personaje querido. Es una gran trabajadora y yo estuve muy contento de trabajar con ella. Luego ya no seguimos, pero somos muy jóvenes, el tiempo nos encontrará...

placeholder Pedro Ruiz nos comenta que le gustaría volver al cine y en su horizonte siempre está la televisión. (Cortesía)
Pedro Ruiz nos comenta que le gustaría volver al cine y en su horizonte siempre está la televisión. (Cortesía)

P: En estos días en los que tantos testimonios anónimos ha habido para defenestrar a Isabel Gemio, has salido en su defensa.

R: Lo único que digo de eso es que soy amigo de Isabel, que la quiero, que la admiro y que no estoy de acuerdo con ese tipo de linchamientos. Y entrando en una cosa más conceptual, no creo que una sociedad con malos ejemplos pueda tener buenas realidades. Ha bajado el nivel de casi todo y los linchamientos no son gratis, porque alguien los padece, sea quien sea. Eso de estar tranquilamente en un estudio echando sapos de cualquiera debe medirse. Lamentablemente, esto todavía no está bien defendido por la justicia en nuestro país, en otros sí. No quiero que se castigue a nadie, pero tampoco me gusta cómo se saca el saco de las piedras para apedrear a una persona, un día y otro, otro... Esto no es televisión, es maldad.

P: Se está repitiendo mucho estos días algo que se ha convertido ya en un lugar común, que la pandemia nos iba a hacer mejores personas.

R: Lo menos que podía hacer la pandemia es convertirnos en algo más frágiles y humildes. Darnos cuenta de que los aviones, los cohetes, la comunicación digital, la velocidad en la información tampoco nos hace más invulnerables, porque al final todo depende de los intestinos, de la cabeza, de ir al baño, de comer, de beber y tener la piel saludable. La especie humana no es para estar orgulloso de ella, que me perdonen los que no estén de acuerdo conmigo. A veces me pregunto si el planeta fue un éxito y la humanidad un fracaso. Un día le preguntaron a Einstein si creía que había vida inteligente en otro planeta y contestó que no había encontrado todavía vida inteligente aquí.

P: ¿Hay algo de lo que te sientas especialmente orgulloso en tu vida?

R: No es momento de colgarse medallas, porque ni las merezco ni las quiero, pero sí creo que una de las cosas importantes en la vida es ser propietario de tus propios errores. Si tus errores te pertenecen, quiere decir que no te has equivocado en el playback. Y eso está bien, hay que pedir perdón por ellos o rectificar, pero es muchísimo peor cometer errores por inducción ajena. Equivocarte por la corriente imperante es algo que no me permito.

Pedro Ruiz