En una ciudad gallega y con 400 euros al mes: así es la vida de Dolores Vázquez
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DOCUMENTAL DE HBO MAX

En una ciudad gallega y con 400 euros al mes: así es la vida de Dolores Vázquez

La mujer que estuvo durante 17 en prisión por un crimen que no había cometido se autoexilió a Reino Unido y trató de pasar desapercibida

Foto: Dolores Vázquez, en el documental. (HBO Max)
Dolores Vázquez, en el documental. (HBO Max)

Dolores Vázquez vuelve desde las tinieblas. Porque allí es donde ha estado durante muchos años. A muchos jóvenes puede que les empiece a sonar su nombre con el estreno, este pasado domingo en Telecinco y hace un mes en HBO Max, de 'Dolores. La verdad sobre el caso Wanninkhof'. La docuserie trae de nuevo a la actualidad a una mujer que pasó 17 meses en prisión por un crimen que no había cometido; una víctima de los juicios paralelos y la necesidad de construir noticias con pies de barro que arrastran al fango a sus protagonistas.

Hoy día, vive en Betanzos, como explicaba la periodista Toñi Moreno en una entrevista para 'La Voz de Galicia', en la que cuenta que Dolores hace una vida normal, en un apartamento modesto y con muy pocos recursos: "No ha tenido derecho a pensión al no haber cotizado los años que tenía que haber cotizado. No sé si alcanza los cuatrocientos euros", explica la andaluza en el diario gallego.

El origen del horror

La historia de Dolores comenzó con una misteriosa desaparición. Rocío Wanninkhof, una joven de 19 años, desapareció tras ser vista por última vez el 9 de octubre de 1999. Había visitado a su novio, Antonio José Jurado, en su casa de la Cala de Mijas, y después desapareció sin dejar rastro. Tras unos días de intensa búsqueda, su cadáver apareció el 2 de noviembre de 1999. Los medios, así como la propia familia de la chica, comenzaron a señalar a Dolores Vázquez, la expareja de Alicia Hornos, madre de la víctima. Las noticias sobre Vázquez comenzaron a llegar a las cabeceras como un goteo incesante. Detrás, existían sospechas de las autoridades. La policía había intervenido su línea telefónica y llegaron a infiltrar a una agente femenina. El juicio que esta emitió sobre Vázquez fue demoledor: “Fría, calculadora y agresiva".

placeholder Dolores Vázquez, en una imagen de su detención.
Dolores Vázquez, en una imagen de su detención.

Tras uno de los juicios más mediáticos que se recuerdan en nuestro país, Dolores Vázquez fue juzgada y condenada a 15 años de prisión en 2000. En retrospectiva, y tal como han aseverado muchos jueces posteriormente, apenas existían pruebas de su culpabilidad. En los medios, que encontraron un filón en un personaje que parecía perfecto para colgarle el sanbenito de ‘asesina’, se llegó a acuñar el término ‘lesbiana perversa’. Dolores Vázquez parecía, en efecto, la perfecta villana de una película de terror por su condición sexual, entonces todavía vista (desafortunadamente) como una excentricidad por gran parte de la sociedad.

En febrero de 2002, el Tribunal Superior de la Justicia de Andalucía ordenó repetir el juicio ante las dudas puestas sobre la mesa por sus abogados. Apenas un año más tarde, el 18 de septiembre de 2003, apareció muerta otra chica, Sonia Carabantes. La Policía Nacional detuvo a Tony King y un análisis concienzudo reveló que las huellas de este “depredador” (así se lo llamó en el juicio) estaban también en una colilla cercana al cadáver de Rocío Wanninkhof. En 2004, el caso de Vázquez fue sobreseído. Era cuestión de tiempo que fuese declarada inocente, algo que ocurrió en 2005. Atrás quedaba el escarnio, las pedradas de todo un país.

placeholder Dolores Vázquez, en un cartel promocional. (HBO Max)
Dolores Vázquez, en un cartel promocional. (HBO Max)

Por aquel entonces, la propia Dolores pronunció estas proféticas palabras en las pocas declaraciones que concedió: “Me han preparado una encerrona. Gane o pierda, esto que me está pasando me marcará de por vida, puesto que me han mostrado como la asesina de Rocío en todo el país”.

Dos décadas después de aquello, Vázquez reaparece en un documental que repasa el calvario de una mujer que tuvo que recurrir al exilio para sobrevivir. En su momento, trató de resarcirse de la injusticia reclamando al estado una indemnización de 4 millones de euros. Pero ni todo el dinero del mundo podía compensar los codazos, los insultos en plena calle o la idea instalada en la cabeza de mucha gente, que la seguía creyendo culpable dijese lo que dijese la Justicia.

Un exilio forzado

2010 fue el año de ese exilio autoimpuesto. Dolores Vázquez huyó de la pesadilla y puso rumbo a Reino Unido, un país que no le era del todo ajeno. Allí se había criado con sus padres cuando estos decidieron emigrar. Allí había aprendido inglés y había dado sus primeros pasos antes de arribar a Málaga. Por tanto, volvió a ser el destino perfecto para escapar del desprecio público. Pese a todo, Vázquez tuvo el valor suficiente como para hacer una aparición ante las cámaras (la última hasta la docuserie) en unas jornadas sobre ‘Presunción de inocencia y juicios paralelos’ en las que llegó a emocionarse hasta las lágrimas. Su abogado fue, tal y como indicaron algunos medios, el que le aconsejó volver a comparecer ante los medios.

La valentía no le evitó más malas noticias. En 2015, por ejemplo, el Supremo desestimó su demanda para ser indemnizada con 4 millones de euros. La razón esgrimida fue una cuestión formal. La que obtuvo Vázquez fue mucho menor: 120.000 euros, la que había propuesto con anterioridad el Ministerio de Justicia.

Uno de los grandes misterios que rodean a la vida de Dolores en los últimos años tiene que ver con su regreso a España. Según publicaron algunos medios en 2018, presa de la nostalgia por la España que la había amado y odiado, regresó al país de la piel de toro. No ha sido hasta ahora, 2021, cuando se ha atrevido a hablar ante las cámaras para una serie que pretende, aunque sea de manera indirecta, remover conciencias y restablecer la justicia social.

placeholder Toñi Moreno, con Dolores Vázquez. (HBO Max)
Toñi Moreno, con Dolores Vázquez. (HBO Max)

“Aunque fue hace 20 años, recuerdo ese día como una pesadilla y me sigue viniendo a la mente en mi día a día”, asegura en el esperado documental de HBO Max. Los recuerdos de la cárcel conforman la parte más dura de esa entrevista: “Llegué a pensar que no saldría con vida de allí, tenía miedo a que me pusieran algo en la comida y por eso ni comía. Ni siquiera me enfadaba, vomitaba, me ponía enferma”.

Entre imagen e imagen de archivo, Vázquez tiene incluso la valentía de rememorar el terrible día que la condenaron o lo que sentía por Alicia, la madre de Rocío, que la acusó de asesina. “Me leyeron mis derechos, me metieron en un calabozo y dieron por hecho que yo era culpable. No tenía ni voz, me encendían y me apagaban la luz y no me decían nada. Estaba ida porque solo podía pensar en mi madre”, afirma sobre lo primero.

Lo segundo (todo lo que rodeó a Alicia Hornos) también es algo que tiene claro. “Era tremendamente celosa y posesiva, pero no me afectaba porque las niñas eran todo para mí, como si fueran mías. Eso me hizo generar cariño hacia Alicia porque era muy buena madre, pero por mi parte no hubo un enamoramiento, fue cosa suya”, dice. Repite que nunca se ha sentido lesbiana cien por cien por tener una relación con una mujer.

placeholder Dolores Vázquez, en la actualidad. (HBO Max)
Dolores Vázquez, en la actualidad. (HBO Max)

Su amargura sobrevuela todo el documental en el que ha tenido mucho que ver Toñi Moreno en el papel de productora y presentadora de la entrevista. El dolor impregna la repetición de algunas de las palabras que le dirigieron desde la ‘valentía’ del anonimato: “Me llamaban de todo: asesina, bollera, lesbiana...Me negaba a llorar ante las reclusas porque si lloras, eres culpable, y si no, eres una malnacida”. Pero Dolores sí lloró y ha seguido llorando, entre Inglaterra y España, durante todos estos años en los que su historia ha mostrado que la Justicia puede ser injusta y que la necesidad de encontrar un culpable puede arruinar vidas. No se sabe si un documental será suficiente para recomponer la suya.

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