Este martes 26 de agosto se cumple un año de la muerte de Cari Goyanes (Caritina). Una tragedia que impacto por las circunstancias tan especiales que vivía la familia en aquellas fechas. Unas semanas antes había sido la despedida a Carlos Goyanes que, como siempre, pasaba el verano en su casa de la urbanización Guadalmina. Este lugar era para los Goyanes Lapique el cuartel general donde se reunían hijas, yernos y nietos para disfrutar de las vacaciones que se interrumpieron de una manera terrible.
Hoy desde Vanitatis hacemos este homenaje a través de su gente más íntima, que eran y serán siempre familia. Luis García Fraile, Constanza Manfredi, Huga Rey, las hermanas Eugenia y Lucia Fraile, los sacerdotes de la parroquia de San Agustín, recuerdan anécdotas, situaciones especiales y momentos cotidianos compartidos que guardaran siempre en su memoria.
La gran familia que formaban los Fraile, Goyanes Lapique y Cortina Lapique. (Cortesía)
Las imágenes cedidas muestran ese cordón umbilical que les une de por vida y donde Cari está siempre presente. Aún hay muchas lágrimas cada vez que hablan de la amiga fiel, cariñosa, divertida, genial y generosa.
Luis García Fraile
No hay situaciones concretas que pueda contar de Cari porque ha sido toda una vida compartida. Hemos pasado muchas cosas juntos y lo que puedo resaltar es que era el pilar de todos nosotros, la líder sin ser líder.
Caritina con Luis García Fraile. (Cortesía)
Era la guía, la que organizaba cenas, comidas, salidas... para que todos nos viéramos. Si no lo hubiera hecho ella, habría sido diferente y seguro que no habríamos tenido esa unidad. No le costaba organizar y llamarnos. Este año sin ella ha sido durísimo.
Huga Rey
Me cuesta hablar de Cari porque me pongo a llorar. Era tan divertida, cariñosa, genial, que ha dejado un hueco enorme que es muy difícil de llenar. Tengo una vida con ella. Mi padre era íntimo de su abuela y mi prima hermana de Cari madre (Lapique). Nosotras hemos sido la tercera generación de esa amistad íntima.
Compartimos piso en la calle Zurbano hasta que se casó el 26 de agosto, la misma fecha en la que murió. Nos apañábamos muy bien porque a ninguna de las dos nos gustaba discutir. Creo que solo una vez tuve que darle un toque. Resulta que, cuando Matos y ella eran solo novios, le encantaban los quesos y Cari tenía la nevera llena. Y le dije: "Haz lo que quieras, pero que no huela". Y al día siguiente trajo táper para guardar los treinta quesos.
Caritina con Luis García Fraile. (Cortesía)
Recuerdo muchos viajes que hicimos juntas. Sobre todo, a París porque la abuela de Cari tenía casa. Y en verano alquilábamos una casa en Ibiza y lo pasábamos bomba. Por eso se casó allí. Era una enamorada de Formentera y se reía porque yo llamaba a la isla Alcatraz. No había nada que hacer salvo bañarse, tomar el sol y estar en el Blue Bar. La diversión estaba en Ibiza.
Lo bueno de viajar con ella era que se encargaba de todo. Sabíamos donde íbamos a desayunar, comer, cenar porque todo lo organizaba. Nosotras lo único que hacíamos era pagar la parte proporcional. Era genial. Cuando terminaba el catering de SixSens (empezó con Geñi y Lala Fraile) nos íbamos a Pacha. Llegábamos con la furgoneta con el logo y nos dejaban siempre el mejor sitio para aparcar al lado de supercochazos. Su carisma y simpatía la hacía que le cayera bien a todo el mundo.
Al principio, cocinaba en casa de sus padres y, cuando ya había frito cuatrocientas croquetas, todas olíamos a croquetas. Era una trabajadora impresionante. Igual que su madre.
Eugenia y Lucía Fraile y Caritina, de adultas. (Cortesía)
Lo curioso de Cari era que, con todo lo echada para delante, era muy miedosa. Y tengo un recuerdo muy visual de Carlos Goyanes. Cuando volvíamos de marcha, a veces me quedaba en su casa. Y Carlos estaba despierto viendo deporte. Le daba igual un partido de criquet pakistan / india, que lo que fuera. Al llegar no nos regañaba. Nos preguntaba con quién habíamos estado y nos decía: "Venga, poneros una copa de lo que estuvierais bebiendo". Era un hombre extraordinario, igual que su hija.
Geñi y Lala Fraile
Cari fue mucho más que una amiga, era como una hermana para nosotras. Desde pequeñas fuimos inseparables y nuestras familias siempre se trataron como una sola. Nosotras tres nos llamábamos “Las Estupendas”, como a ella le gustaba decir, y compartimos mil aventuras y muchos momentos felices y damos gracias a Dios por haberlos vivido juntas.
Eugenia y Lucía Fraile y Caritina, de niñas. (Cortesía)
Montamos nuestra primera tienda de chuches que era un carrito de madera ideal y se llamaba Golosi. Lo poníamos en frente de su casa de Guadalmina Beach y la verdad vendíamos poco, pero nos pasábamos el rato escuchando todas las historias de Cari, que eran infinitas y muy divertidas. Hacíamos shows sin parar, imitábamos a Las Viudas y cantábamos todas las canciones de Lolita.
Lo hacíamos porque espiábamos a nuestras madres que en el barco cantaban esos temas sin parar y nosotras hacíamos lo mismo. Cuando nos mandaron a Culver (al campamento), Cari se pasó las primeras dos semanas llorando porque se quería ir y las dos últimas llorando porque no sé quería marchar. Ella era así.
Llegamos a Beau Soleil (colegio suizo) las tres vestidas iguales. Tardamos una semana en pedir la ropa prestada a todas las francesas. Eran mucho más modernas que nosotras, que íbamos con Friki (la tienda infantil de Madrid) de arriba abajo.
Eugenia y Lucía Fraile y Caritina cuando fueron al colegio suizo. (Cortesía)
Por las noches Cari no nos dejaba dormir porque tenía mucho que contar. Las fiestas sorpresas que se organizaba a sí misma y lo sorprendida que se hacía siempre. Las cenas de primos en Navidad que eran divertidísimas.
Hicimos numerosos viajes. A la Polinesia, Londres o Suiza, y estuvimos juntas en campamentos e internados. Montamos nuestra propia empresa de catering y hasta participamos en despedidas de soltera únicas, disfrazadas y sin importarnos el qué dirán. Cari siempre nos regaló alegrías, generosidad y muchas, muchas risas. En los momentos difíciles, siempre estaba la primera. En los buenos, hacía que todo fuera mejor y más divertido. Con ella todo era único.
La vida sigue, pero no volverá a ser igual. Nos ha dejado un vacío enorme, pero el recuerdo de todo lo vivido siempre permanecerá. No hay ni un solo día que no nos acordemos o hablemos de ella y sé que así seguirá hasta que nos volvamos a ver. Por siempre y para siempre: Las Estupendas Lala, Cari y Geñi.
Constanza Manfredi
Para mí, Cari era una hermana, una grandísima amiga y también una segunda madre para mis hijos. Estuvo a nuestro lado en los momentos más importantes de nuestra vida, siempre con amor incondicional, apoyo y una generosidad infinita. Jamás juzgaba, y esa era una de sus cualidades más admirables, junto a su capacidad de dar sin medida. Siempre escuchaba y encontraba la manera de ayudar, porque no soportaba ver sufrir a los que quería.
Lucía y Cari, en una comida de Navidad de los primos. (Cortesía)
Su ausencia deja un vacío imposible de llenar, pero la siento tan presente que a menudo me sorprendo hablándole o preguntándome qué haría o qué me aconsejaría. Desde que se fue, no ha pasado un solo día sin pensar en ella varias veces.
Gracias a Cari encontré un camino de fe que me sostiene cuando más la echo de menos.
Me deja como regalo recuerdos maravillosos de más de 30 años de amistad; dos hijos que se suman a mis tres (siempre digo que no tengo tres, sino cinco); una segunda madre, mi querida abuelona, a la que adoro; y dos nuevos hermanos: Carlu y Antonio.
Todos los primos en un día de circo. (Cortesía)
Sembró tanto amor a lo largo de su vida que ese legado inmenso sigue vivo en sus hijos y en todos los que tuvimos la suerte de quererla y de vivirla. Jamás podré estarle lo suficientemente agradecida por todo lo que me dio durante los años que compartimos y por todo lo que sembró en mí.
Lo que sí puedo decirte, es que una gran parte de sus amigas hicimos el Retiro de Emaús, gracias a ella, y fue ella la que nos abrió las puertas a una vida de fe, con Dios en el centro de nuestro corazón, y para la gran mayoría —incluida yo— ha sido un antes de un después en nuestra vida.
Parroquia de San Agustín
En esta parroquia era donde Cari participaba activamente en todas los eventos. No suelen hacer declaraciones a la prensa, pero a través de una amiga trasladan el siguiente mensaje para este homenaje: "En nombre de la parroquia explican que la recuerdan con muchísimo cariño, como una feligresa que participaba siempre en las actividades de la parroquia, era siempre la primera para ayudar. Daba igual para lo que fuera. No faltaba nunca a la misa del domingo donde leía y acudía con sus familiares y amigos. Hoy en día siguen pidiendo por ella en la misa de las ocho de la tarde en esta iglesia".
Este martes 26 de agosto se cumple un año de la muerte de Cari Goyanes (Caritina). Una tragedia que impacto por las circunstancias tan especiales que vivía la familia en aquellas fechas. Unas semanas antes había sido la despedida a Carlos Goyanes que, como siempre, pasaba el verano en su casa de la urbanización Guadalmina. Este lugar era para los Goyanes Lapique el cuartel general donde se reunían hijas, yernos y nietos para disfrutar de las vacaciones que se interrumpieron de una manera terrible.