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El nuevo proyecto empresarial de la hija pequeña de Bertín Osborne, Claudia: una apuesta por la decoración y los oficios de siempre
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El nuevo proyecto empresarial de la hija pequeña de Bertín Osborne, Claudia: una apuesta por la decoración y los oficios de siempre

Hay un lugar donde los objetos olvidados encuentran una segunda vida y la tradición artesanal se encuentra con la intuición contemporánea. Vicoletta es más que un proyecto de mobiliario: es una conversación sobre oficio, sostenibilidad y creatividad

Foto: Izquierda Claudia Osborne, derecha Virginia Trujillo: fundadoras de Vicoletta. El proyecto de decoración que lanzan hoy. (Cortesía)
Izquierda Claudia Osborne, derecha Virginia Trujillo: fundadoras de Vicoletta. El proyecto de decoración que lanzan hoy. (Cortesía)

'Vicolo' es una palabra italiana que designa esos pasajes urbanos que no aspiran a ser tránsito, sino hallazgo. Calles estrechas, a menudo laterales, donde la ciudad se pliega sobre sí misma y ofrece, sin aviso, una revelación. Claudia Osborne se cruzó con muchos de ellos durante un viaje a Roma y, sin saberlo entonces, estaba encontrando la raíz semántica —y conceptual— de lo que más tarde se convertiría en Vicoletta, el proyecto que hoy firma junto a Virginia Trujillo.“No era solo el nombre, era la idea”, explican casi a la vez.

Vicoletta remite a esa experiencia concreta: el gesto de desviarse, mirar con atención y descubrir una pieza que no se buscaba, pero que reclama ser vista. Un hallazgo silencioso, sin el aparato del escaparate. Amigas desde hace años y ahora también socias, el proyecto se ha construido desde una colaboración flexible.

placeholder Una fotografía detrás de cámaras del trabajo que han realizado durante un año. (Cortesía Vicoletta)
Una fotografía detrás de cámaras del trabajo que han realizado durante un año. (Cortesía Vicoletta)

Desde hoy, Vicoletta que condensa un proceso largo, casi subterráneo, de más de un año. Un tiempo dedicado a recorrer ferias, casas de subastas —públicas y privadas— y archivos domésticos, dando lugar a una colección heterogénea. La variedad es amplia, contemporánea y clásica, sobria o audaz, pero todas las piezas comparten un hilo invisible: son piezas únicas.

La diferencia es que intervenimos lo que vendemos”, apunta Osborne y ambas insisten en que no proceden ni del ámbito de la arquitectura ni del mercado de antigüedades. Su método ha sido otro: observación, intuición y una atención prolongada a aquello que suele descartarse sin demasiado pensamiento. A lo largo de los años, explican, han visto cómo muchos objetos caen en desuso no por agotamiento, sino por falta de mirada. Piezas que, con un desplazamiento mínimo, contienen todavía una posibilidad latente. Vicoletta nace ahí, de esa constatación sencilla y de una lógica sostenible entendida no como discurso, sino como práctica.

La extinción de los oficios artesanales

Lo que garantiza la singularidad de las piezas de Vicoletta es su restauración artesanal. “Cuando empezamos, nos dimos cuenta de que existe una carencia notable en oficios como tapicería o carpintería”, explica Claudia Osborne. “Es una pena que se estén extinguiendo, porque la demanda sigue ahí. Los que persisten están desbordados. Ese es, quizás, uno de los mayores desafíos que hemos encontrado: la producción artesanal alarga los tiempos, y aún más cuando es difícil encontrar profesionales”.

Mientras hablan, ambas reflexionan sobre lo que han aprendido siendo testigos de este trabajo: “Son personas que elaboran todo a mano, con un cuidado admirable. Una de las cosas que más nos ha gustado ha sido conocer estas profesiones de primera mano y, a la vez, apoyarlas a través de nuestro proyecto”, añade Osborne.

placeholder Claudia y Virginia en su trabajo en Vicoletta, proyecto que lanzan hoy. (Cortesía)
Claudia y Virginia en su trabajo en Vicoletta, proyecto que lanzan hoy. (Cortesía)

La experiencia conduce, además, a una reflexión más amplia sobre la relación entre consumo y origen. “Hoy, una gran parte de la sociedad se interesa por el recorrido de lo que consume. Primero fue la alimentación, con la preocupación por el origen de los alimentos; en la moda también ha habido un progreso y apoyo creciente a la producción local. Esa conciencia se ha extrapolado a muchos otros sectores, incluido el de la decoración”, apunta Claudia.

Virginia Trujillo cierra el pensamiento: “Y creo que Vicoletta también es, en cierto modo, una respuesta a esa demanda”.Y si de respuestas se trata, Vicoletta no se limita a poner muebles a la venta: también propondrá un servicio de asesoramiento.

“Además de buscarles un hogar a estas piezas, ofreceremos atención personalizada para quienes deseen darles una segunda vida a muebles o espacios que ya no les satisfacen”, explican, mientras desvelan que ya trabajan en un local que, en unos meses, funcionará como showroom y punto de encuentro con clientes.

placeholder Algunas de las piezas que saldrán a la venta a partir de hoy y estarán disponibles en Vicoletta. (Cortesía)
Algunas de las piezas que saldrán a la venta a partir de hoy y estarán disponibles en Vicoletta. (Cortesía)

Una de las claves del proyecto será la rotación constante de productos. “No vamos a lanzar todo lo que tenemos de golpe; son muchas piezas”, comenta Virginia.

Ambas rompen, además, el estereotipo de que mezclar amistad y negocios resulta complicado. “Creo que nuestra relación era la perfecta para montar algo sin conflictos. Claudia es más lanzada a la hora de ejecutar, y eso ayudó a que las ideas no quedaran en el aire, sino que se transformaran en realidad”, dice Virginia, a lo que Claudia añade: “Y tenemos un respeto absoluto la una por la otra; nos tomamos muy en serio el criterio de cada una”. La gratitud por un año de trabajo compartido es palpable.

“Emprender es un proceso constante de prueba y error, y es la primera vez que ambas nos lanzamos a algo así. No es fácil, siempre surgen obstáculos, por eso mi consejo es que cualquier proyecto que emprendas te apasione porque esa ilusión compensa cualquier dificultad”, señala Virginia.

placeholder Una fotografía del trabajo que han realizado Claudia y Virginia durante un año en Vicoletta. (Cortesía)
Una fotografía del trabajo que han realizado Claudia y Virginia durante un año en Vicoletta. (Cortesía)

Claudia completa la idea: “También hemos aprendido la importancia de que cada acción tenga un propósito detrás. El nuestro es dar respuesta a una necesidad sostenible: evitar que los muebles se desechen, darles una segunda vida, y hacerlo mediante producción local y trabajo artesanal. Desde el principio trabajamos con bases claras y métodos asentados, y eso es fundamental para la evolución de un proyecto en crecimiento. Las ideas cambian, pero los valores y propósitos deben permanecer”.

En Vicoletta, cada pieza recuperada no es solo un objeto, sino un testimonio de cuidado, de oficio y de tiempo. Lo que comienza en un taller artesanal, con manos que dan forma, tapizan y restauran, se traduce en un diálogo entre pasado y presente, entre tradición y reinvención. Claudia y Virginia no venden muebles: articulan historias, oportunidades de encuentro con lo que ya existe y merece continuar.

placeholder Virginia Trujillo y Claudia Osborne durante el proceso de trabajo de la tienda de decoración que lanzan hoy: Vicoletta. (Cortesía)
Virginia Trujillo y Claudia Osborne durante el proceso de trabajo de la tienda de decoración que lanzan hoy: Vicoletta. (Cortesía)

El proyecto refleja una conciencia integral de sostenibilidad: no solo ambiental, al evitar el desecho prematuro de objetos de valor, sino también cultural y económica, al sostener oficios artesanales y la producción local. Vicoletta demuestra que la segunda vida de un mueble puede ser también un primer acto de responsabilidad y creatividad: una manera de vivir la decoración sin consumismo compulsivo, con intención y sentido.

Lo que distingue a Vicoletta no son solo las piezas que pasan por sus manos, sino la visión de quienes las rescatan: un proyecto que sostiene oficios que resisten, que responde a una demanda consciente de la sociedad y que transforma cada objeto en un acto de cuidado, identidad y propósito.

'Vicolo' es una palabra italiana que designa esos pasajes urbanos que no aspiran a ser tránsito, sino hallazgo. Calles estrechas, a menudo laterales, donde la ciudad se pliega sobre sí misma y ofrece, sin aviso, una revelación. Claudia Osborne se cruzó con muchos de ellos durante un viaje a Roma y, sin saberlo entonces, estaba encontrando la raíz semántica —y conceptual— de lo que más tarde se convertiría en Vicoletta, el proyecto que hoy firma junto a Virginia Trujillo.“No era solo el nombre, era la idea”, explican casi a la vez.

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