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Ruiz Mateos, el patriarca de una familia 'poco ideal'

Madrid, 24 de febrero de 1983. El entonces ministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer, comparece ante los medios para explicar la expropiación de ‘Rumasa’, la

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Ruiz Mateos, el patriarca de una familia 'poco ideal'
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    Madrid, 24 de febrero de 1983. El entonces ministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer, comparece ante los medios para explicar la expropiación de ‘Rumasa’, la empresa de José María Ruiz Mateos. Comienza, a partir de ese momento, la creación del personaje José María Ruiz Mateos, ese que llega hasta nuestros días, tras el nacimiento de una Nueva Rumasa  que se viene abajo por las enemistades entre su propia familia. Joaquín Yvancos, como abogado de Ruiz Mateos, conoce bien la gestación de ese personaje y los escándalos que han sacudido a una familia llena de peculiaridades. Su libro, Una Familia Ideal es el resultado de ese conocimiento. “Son una familia desunida y llena de demonios”, dice el autor.

    “No he hecho un panegírico de José María Ruiz Mateos. He contado lo que hacía. Lo que yo puedo contar es la parte más personal, cuando íbamos juntos a todas partes”, afirma Yvancos a Vanitatis. Este martes,fecha de publicación del libro, los lectores que se hagan con él podrán conocer facetas reveladoras de la personalidad del empresario y su familia. Por ejemplo, que los célebres ‘¡Que te pego, leche!’ o ‘Bribón’ que salieron por boca de aquel hombre y lo convirtieron casi en un icono pop de la España de los 80, no fueron del todo espontáneos. Tampoco lo fue el personaje, una construcción premeditada: “Él contrató a Javier Sainz, profesor de universidad para que le diese ideas con las que estar en la opinión pública continuamente. Hacía cosas que no costaban dinero y con las que aparecía en los medios día sí y día también”, asegura Yvancos.

    No solo eran característicos sus ataques contra Boyer por la expropiación de Rumasa o sus encendidos ataques verbales, sino aquel  extravagante disfraz de Superman. Tampoco fue casual: “Cuando se lo probó, no quería ponérselo. No había sido una idea suya. Él ni siquiera sabía contar un chiste y se los apropiaba de los demás. Contrataba las ideas”. El propósito del personaje Ruiz Mateos fue el de que Rumasa siguiese apareciendo en los medios en un país que se caracteriza “por olvidarlo todo”. Y desde luego que lo consiguió, tanto que el personaje se ‘merendó’ a la persona y cuesta distinguir a ambos. Le cuesta hasta al propio Ruiz Mateos.

    Una de las cosas que se descubren de la familia es la procedencia del fervor religioso de su patriarca, ex miembro del Opus Dei. “Viene de su padre. Cuando hablaba de él todavía se emocionaba. El amor que le inculcaron por la virgen lo sentía de verdad. Cuando nos fugamos, íbamos a rezar de incógnito”. Aquella fuga planificada para llamar la atención de los medios (como la propia detención de Ruiz Mateos y su estancia en la cárcel) era “como una guerrilla. Se había cometido una injusticia con la expropiación y él y yo jugábamos a David contra Goliat”.

    El libro de Yvancos también recrea las divergencias familiares del clan, nacidas en 2004, ante la posibilidad de que José María Ruiz Mateos muriese. “Estuvo a punto de morir ese año y decidió, como buen machista que es, excluir a las siete hijas del negocio. Las obligó a renunciar ante notario y él quedó como presidente honorífico”. Según el autor de Una familia ideal esta fue una de las peores decisiones que pudo tomar Ruiz Mateos, ya que comenzó el declive de su empresa. Él mismo, que jamás querrá leer el libro, se lo dijo a su autor: “Hace dos años me confesó que el día más triste de su vida fue aquel en el que puso a sus hijos por encima de sus ejecutivos”. Ahí comenzó, según Yvancos, el declive de ‘Nueva Rumasa’, ya que la prole de Ruiz Mateos, “solo sabe tratar a sus trabajadores a gritos”.

    Esos mismos hijos no hablan con su padre, “ni le llaman ni le cogen el teléfono. La forma de salvarse es echarle la culpa de la ruina del negocio a su padre”.  Ruiz Mateos, en la última fase del párkinson que padece y con demencia senil, tiene complicado mediar entre los conflictos de sus hijos y, mucho menos, apaciguar el carácter que tiene su mujer que, en palabras de Yvancos: “Es una fanática intransigente del Opus Dei. Desde que yo me divorcié de mi mujer y me volví a casar me tiene en una lista negra por ser separado. A los cinco o seis directivos que trabajaban para su marido y que son divorciados no les dirigía la palabra y miraba al suelo cuando se los cruzaba”. La relación de Teresa Rivero con su marido tampoco es muy buena. Según Yvancos, hace tiempo que se llevan mal: “Ella le reprochó haber perdido su estatus social. En 2004 llegó a dividir la casa en dos zonas independientes y apenas se cruzan ninguno de los dos”.

    El distanciamiento tiene mucho que ver con la separación de Ruiz Mateos del Opus Dei, organización a la que ‘culpó’ de ser una de las causantes de la expropiación de ‘Rumasa’. Los frentes abiertos de la familia también pasan por la denuncia de Begoña, la ‘hija díscola’ de la familia, contra sus seis hermanos varones. Ahora sin embargo, y según el libro de Yvancos, es la que más se preocupa de la salud de su padre. “Él ha tenido más trato conmigo que con sus hijos. A mí me ha contado cosas que no les ha contado a ellos”, remata Yvancos acerca de un hombre que, con los puñetazos a ministros, los disfraces y las fugas de prisión, no solo es un ejemplo del esperpento ‘made in Spain’ sino también parte de la historia más turbia del país. 

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