Atracones y ligoteos, así terminan las noches de juerga de Froilán en Madrid. Noticias de Noticias
pillado en pleno barrio de salamanca a las 5 a.m

Atracones y ligoteos, así terminan las noches de juerga de Froilán en Madrid

Barrio de Salamanca. Calle Juan Bravo. 5 a.m. Froilán llega de una noche intensa. Ha quemado mucha glucosa y necesita reponer. Su mañaneo, en exclusiva

Foto: Froilán en un fotomontaje realizado por Vanitatis.
Froilán en un fotomontaje realizado por Vanitatis.

Barrio de Salamanca. Calle Juan Bravo. 5 a.m. Froilán disfruta de todos los placeres de la vida a todas horas. Sí, de día y de noche. Non stop. No es fácil encontrarle tras una juerga nocturna. Como buen Borbón sabe pasar desapercibido, sin dejar rastro. Su outfit le delata; su comportamiento alimenticio, también. Pillado por nuestro indiscreto teleobjetivo, por fin sabemos cómo disfruta de la noche madrileña.

Como a Julio Iglesias, al hijo de la infanta Elena le gustan las mujeres, le gusta el vino (bueno, eso no lo sabemos, pero la comida sí y si es de un 24 horas, mejor). Todo muy ‘premium’, de calidad, ‘royal business’.

El grupo de amigos con el salió Froilán por Madrid.
El grupo de amigos con el salió Froilán por Madrid.

No sabemos si cenó en Makkila o en Ronda 14 (se quedó con hambre, eso sin duda), si la primera se la bebió en La Pequeña o en El Cuento, si puede que la segunda, la tercera e incluso hasta una cuarta las consumió en Green, en Graf o en casa de algún amigo.

Lo que sí sabemos es cómo terminó la noche. Acompañado de mujeres y comida, al más puro estilo Gil y Gil, con gorra para pasar de ‘incógnito’ y modelito juancarlista en Botsuana (un puro homenaje ahora que se cumplen 5 años del famoso incidente).

Froilán juguetea con su amiga en la madrugada madrileña.
Froilán juguetea con su amiga en la madrugada madrileña.

No había Corinna de por medio, pero sí una guapa niña más o menos de su edad. Pero quedó relegada a un segundo plano. Los instintos del nieto primogénito del emérito iban por otras lides. Las mujeres están bien, pero en su mente algo palpitaba con más fuerza: el hambre. Tenemos las pruebas y una completa secuencia de imágenes que lo demuestran.

1. Un par de donuts de chocolate para abrir boca

El tonteo con la chica guapa del grupo está bien. Sube el ánimo. Alegra la vida. Pero no a esas horas de la madrugada en las que el hambre aprieta. Tanto baile agota y la glucosa comienza a nublar la mente.

Froilán comiéndose los donuts de chocolate.
Froilán comiéndose los donuts de chocolate.


Primera parada: establecimiento de comida 24 horas. Barata, sabrosa, envasada, engordante. Lo ideal para la dieta. Sin operación bikini a la vista no hay cargo de conciencia. Festival de calorías. Unos donuts para empezar suenan bien y Froilán no se lo plantea. Se los zampa. Pero ahí no acaba.

2. Burrito precalentado

Los bollos no sacian su sed de hidratos de carbono. Necesita más. El 24 horas se posiciona como uno de sus lugares favoritos en el mundo. Universo de posibilidades al alcance de su mano.

Froilán se come un burrito.
Froilán se come un burrito.


¿Qué elegir? ¿Sigo con el dulce, me paso al salado? Dilema tremendo para esas horas. Se compra un burrito. Precalentado. Envasado en plástico. Pura sofisticación gastronómica. Y como los donuts, lo devora en la puerta del establecimiento.

La niña reaparece. No se puede comer, ergo no llama su atención lo suficiente y se marcha a su casa. No tenía nada que hacer la pobre.

3. Pizza de refrigerados con salsa guarrindonga

Ahora tiene mal de amores. Su ansia le ha arruinado el ligue. Tanto baile, tanto trenecito y tanto desgaste físico para nada. Necesita ahogar sus penas. Vuelta al 24 horas.

Llega el plato fuerte: pizza recalentada, tamaño mediano (nada de porciones, eso es para aficionados) y para rematar salsa, guarrindonga de esa de sobre. Combinación ganadora. Se la come. Rebaña las migas del envase que hace las veces de plato.

Pero nada en el mundo puede frenar el ansia viva de Froilán.

Froilán rebaña el plástico de la pizza con el fuet en el bolsillo.
Froilán rebaña el plástico de la pizza con el fuet en el bolsillo.


4. Y se comió un fuet

Cuando compra la pizza, algo en su interior le advierte de que no va a ser suficiente. Que el comer es como el rascar, todo es empezar. Y compra un fuet. Un fuet enorme y envasado que guarda en el bolsillo de su cazadora.

Se lo guarda para luego, puede que para mañana. Era un por si acaso que finalmente se convierte en un sí. El fuet cae, como era de esperar.

Froilán por fin se come el fuet.
Froilán por fin se come el fuet.


Tras este momento tan gastronómicamente sórdido, el pequeño Marichalar se retira como un buen soldado tras cumplir su misión (nuestro valiente teleobjetivo no creemos que hubiese aguantado más festival casi propio de ‘The Walking Dead’).

Desconocemos si antes de dormir se tomó un vaso de leche con galletas o un ibuprofeno con un zumo de naranja. Lo que esperamos es que se tomase un vasito de sal de frutas para facilitar la digestión.

¿Tienes un dispositivo móvil iOS o Android? Descarga la APP de Vanitatis en tu teléfono o tablet y no te pierdas nuestros consejos sobre moda, belleza y estilo de vida. Para iOS, pincha aquí, y para Android, aq.

Noticias

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
25 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios