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su nombre ha aparecido en los paradise papers

Alerta empresario moroso: quién es realmente Francisco Ortiz von Bismarck

El hijo de la reina de Marbella, Gunilla von Bismarck, ha vuelto a los papeles y no los de la prensa rosa. Repasamos su vida y su polémica hacienda

Foto: Francisco Ortiz Von Bismarck, en un fotomontaje realizado por Vanitatis.
Francisco Ortiz Von Bismarck, en un fotomontaje realizado por Vanitatis.

Francisco Ortiz von Bismarck no es un habitual de las fiestas marbellís que hicieron famosos a sus padres en la década de los 80 y 90 (Luis Ortiz y Gunilla von Bismarck), aunque con su mujer, Elisabet Dutú, forman una pareja rabiosamente ideal. Ortiz Von Bismarck, que fue apadrinado en su bautismo por Silvia de Suecia, ocupa titulares por motivos fiscales. Esta pasada semana supimos que su nombre forma parte de la filtración llamada los Papeles del Paraíso, que desvelaba que utiliza para gestionar su última app una sociedad en Malta. Este joven emprendedor se mueve con comodidad en este tipo de entramados fiscales. Su nombre también apareció en los Papeles de Panamá.

Ortiz von Bismarck prefiere los despachos a los photocalls. De hecho, saltó a la fama no por su boda o su noviazgo, sino por haber sido uno de los creadores de Tuenti, allá por 2006, una red social que finalmente terminó comprando Telefónica por 70 millones de euros.

A Ortiz von Bismarck no siempre los negocios le han ido bien. Su nombre aparece en la lista de morosos de Hacienda con fecha de 2017. Allí se detalla que la deuda de este emprendedor con el fisco asciende a 1.255.325 euros. Pero no es el único país con el que tiene problemas Ortiz, que tiene pasaporte alemán y residencia en Zúrich, Suiza. Es precisamente en el país helvético donde en 2015 tuvo un traspiés con el erario público. La Hacienda Suiza reclamó su presencia a través del boletín oficial del país por no poder contactar con él y un semanario local publicó que estaba siendo buscado por la Administración. “La publicación de esa noticia fue tan innecesaria como alarmista”, indicó en su día Francisco Ortiz a este medio.

Luis Ortiz, Gunilla von Bismarck, Francisco Ortiz y su mujer, Elisabet. (Gtres)
Luis Ortiz, Gunilla von Bismarck, Francisco Ortiz y su mujer, Elisabet. (Gtres)

Y añadió: “No tengo ningún problema con la Administración suiza porque es un tema zanjado y cerrado. Nada mas salir la publicación con mi nombre en abril, este es un procedimiento estándar en Suiza cuando no han podido contactar con la persona en concreto por correo certificado en el plazo especificado de una semana. Mis abogados contactaron con la Administración suiza y resolvieron el asunto de inmediato. Lo que pasa es que, aunque en mayo esto estaba ya solucionado, un medio suizo copió el listado y al aparecer en el listado un apellido Von Bismarck, que es muy mediático, pues ya saltaron las alarmas”.

Sin embargo, una nueva sociedad de Francisco radicada en Malta vuelve a hacer saltar las alarmas sobre este joven empresario. Recordar aquí que el tipo del impuesto de sociedades maltés es en principio del 35%, el más alto de la UE. En España es del 25%. Pero si los accionistas de la empresa no residen en la isla mediterránea o sus actividades económicas no se llevan a cabo en su suelo, el sistema de tributación permite que al final la tasa efectiva se reduzca a solo el 5%. Un chollo, vamos.

Lejos de los cenáculos marbellís

La ventaja para Fran es que nunca ha estado en los mentideros sociales, con lo que este tipo de noticias le evitan engorrosas apariciones públicas. Fran y su mujer, a la que llama cariñosamente Lis, apenas se prodigan por los cenáculos de la 'jet set' marbellí. Desde que fueron padres, la vida que llevan es de lo más familiar. Cambió de hábitos: más playa y perderse por algunos chiringuitos playeros como el Trocadero para comer, con amigos, y para que los niños, de dos y un año, jueguen y se diviertan. El resto lo pasan en la mansión que la abuela Gunilla tiene en la sierra de Istán. Todo un paraíso (en venta).

En Sagitario, la pareja tiene su segunda casa. Allí, en plena sierra, cuando Gunilla construyó la casa hizo un anexo aparte para que Francisco y su familia tengan su propia intimidad. Aquí Francisco Ortiz vive ajeno a todo el mundanal ruido de Marbella. Él se crió en Marbella y sus dos hijos, Luis y Francisco, también son marbellís, nacidos en la clínica Quirón, dos malagueños muy salados. “La verdad es que desde que están los niños la vida me ha cambiado 180 grados. Luisito el pequeño solo tiene dos años y medio. Los dos son dos clones de sus abuelos”, nos comentaba Fran en una entrevista que concedió a este portal. “¿A por la niña? Jajaja. Vamos a esperar un año aún para ir a por la Gunillita” (risas). La pareja vive a caballo entre Zúrich y Marbella. "Allí los niños están mas relajados con su niñera y todos volvemos a nuestro rutinario día a día".

Francisco Ortiz con su familia. (Gtres)
Francisco Ortiz con su familia. (Gtres)

Siempre que pueden la familia se escapa a Monzón (Huesca), un pueblo de 16.500 habitantes donde los suegros de Fran tienen la empresa de transportes y de material de construcción de la familia. Allí los niños junto a su tía Alejandra se lo pasan pipa y van a la estación de esquí del Pirineo para iniciarlos.

Las reticencias de mamá Gunilla

Lis y Fran son una pareja muy unida. Muy a pesar de lo que piensa Gunilla Von Bismarck, que nunca vio con buenos ojos a la nuera de zapatos rojos que un día le robó el corazón a su hijo en Olivia Valere. Esa que destronó de sus vidas el 'azul petróleo' de Leticia Hachuel, la heredera del imperio millonario con la que su hijo pensaba casarse.

Francisco Ortiz von Bismarck cuando era novio de la millonaria Leticia Hachuel. (Gtres)
Francisco Ortiz von Bismarck cuando era novio de la millonaria Leticia Hachuel. (Gtres)

Guapos, simpáticos, preparados y nada añejos. Así son Francisco Ortiz y Elisabet Dutú, la pareja de moda marbellí. A caballo entre Suiza y España, y con amistades trepidantes en la alta sociedad europea, son el último vestigio de la década dorada de Marbella. A ellos no les gusta que se les encasille como la nueva jet set española. Son otros tiempos, "esas denominaciones ya son solo pasado”, nos decía en una entrevista Francisco, el descendiente del imperio Biskmarck . Fran se considera ciudadano del mundo y se toma la vida de otra manera diferente a la que lo hicieron “sus antepasados”.

De camino a los cuarenta el benjamín de Gunilla, sigue manteniendo esa estricta seriedad alemana y el burbujeo ocurrente de su padre Luis con tintes de niño de Harvard. Han pasado siete años. Pero Elisabet aún recuerda el día en que Fran colocó los anillos en los arneses de sus perritas para que ella los encontrara y pedirla en matrimonio. Y es que desde que Francisco la vio en unas vacaciones de Semana Santa, bailando en Olivia Valere, nunca más pudo apartar los ojos de ella. Por aquel entonces, al heredero Von Bismarck se le veía acompañado de todo el imperio de Jacques Hachuel, un hombre suficientemente conocido en los ambientes financieros que paseaba ya por el Marbella Club junto a Gunilla y Luis Ortiz.

El empresario judío, al que se le estima una fortuna que puede superar los cien millones de dólares, levantada fundamentalmente con el crudo petrolífero, veía con buenos ojos la alianza entre su hija favorita y el vástago de los Von Bismarck. En aquel verano, Leticia Hachuel era la heredera de todas las portadas del papel cuché, como siempre lo fue la que se perfilaba como su futura suegra durante décadas y décadas. La primogénita de Jacques Hachuel tenia el don de la idoneidad: bella, inteligente, encargada de los negocios del imperio de su padre y para colmo de lindezas era rica, muy muy rica.

Pero a pesar de que Fran paseó su amor con ella por la Gala de la Paz, en Puente Romano o en Incosol, donde se reunieron las familias judías de la Costa del Sol, los zapatos de tacón de Elisabet Dutú pudieron más que todo el petróleo del mundo, y al poco tiempo de conocer a la aragonesa sabía que sería la madre de sus hijos. Desde entonces, Ortiz se ha propuesto ser el Mark Zuckerberg europeo. Y ser un hombre rico por sí mismo. Eso sí, con desigual fortuna.

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