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fue una niña mal pagada y su marido la maltrató

Cinco años sin Shirley Temple: explotación y abusos tras los míticos rizos de Hollywood

Pese a lo que pueda parecer, no todo en su vida fue de color de rosa. Fox se enriqueció a su costa y su primer marido, John Agar, le fue infiel varias veces

Foto: Shirley Temple en 1934. (Cordon Press)
Shirley Temple en 1934. (Cordon Press)

Los rizos más famosos de la historia del cine se fueron para siempre hace cinco años. Shirley Temple será recordada como ese icono infantil mil veces parodiado, imitado, venerado y odiado con sabor a otros tiempos. La 'pequeña' fallecía el 10 de febrero de 2014 a los 85 años dejando tras de sí un legado de popularidad que se remonta a los años treinta. Pese a lo que pueda parecer, no todo en su vida fue de color de rosa.

Por ejemplo, cuando Fox, el estudio que la convirtió en estrella, se enriquecía con películas como 'La pequeña coronela' (1935) o 'Heidi' (1937), ella solo veía 13 dólares cada mes. Su madre recibía 250 a la semana y, más tarde, un bonus de 15.000 o 35.000 cuando finalizaba cada película, dependiendo del éxito que esta tuviese.

Shirley Temple en 1938. (Cordon Press)
Shirley Temple en 1938. (Cordon Press)

Aunque su conservadurismo le impidió hablar mal de aquellos años en los que se convertía en el emblema nacional de Estados Unidos sin apenas darse cuenta, más tarde admitiría, con la boca pequeña, que su padre se había quedado con la mayor parte del dinero que ganó por sus películas. En aquellos años en los que su encanto y sus 52 rizos hacían felices a los norteamericanos, que sufrían la Gran Depresión, no todo el mundo estuvo de acuerdo con su trabajo y su desparpajo. El escritor Graham Green publicó un artículo en el cual aseguraba que sus películas le parecían “depravadas”.

Mediante escenas como aquella en la que interpretaba a un Cupido medio desnudo en 'Curly Top', Greene ejemplificó que la niña tenía admiradores de mediana edad y que estos se veían fascinados por su “coquetería infantil”. Fox demandó a la revista 'Night and Day' y al propio Greene por el artículo y ambos tuvieron que desembolsar 3.500 dólares por daños y perjuicios a la pequeña y al estudio. Eso no impidió que Greene se refiriese a ella, en años sucesivos, como “esa pequeña zorra”.

Shirley Temple en 1934. (Cordon Press)
Shirley Temple en 1934. (Cordon Press)

Lo cierto es que Hollywood la defendió solo mientras fue rentable. Cuando su cine dejó de dar dinero, la ninguneó sin piedad. El punto de inflexión fue que no protagonizase 'El Mago de Oz'. Poco convencidos de la edad y la comercialidad de Judy Garland para encarnar a Dorothy, los de la Metro querían ‘prestar’ a Jean Harlow a Fox para hacer una película a cambio de que le dejasen a Temple para protagonizar el famoso musical. Harlow murió en 1937, dos años antes del estreno de la película, y el intercambio de estrellas jamás fue posible.

Quizá los espectadores salieron ganando con la permanencia de Garland en la cinta, pero para Temple ese fue el principio del fin. A partir de entonces, todo fue cuesta abajo. 'El pájaro azul', un intento de hacer una película fantástica y en tecnicolor en la línea de Oz, fue un batacazo importante que la mantuvo alejada del cine durante cuatro años. Cuando volvió tuvo que olvidarse de ser la protagonista. En 'Desde que te fuiste', 'Te volveré a ver' o 'Fort Apache', no era más que una adolescente secundaria con poca importancia en la trama.

Shirley Temple y Cary Grant. (Cordon Press)
Shirley Temple y Cary Grant. (Cordon Press)

En su vida personal tampoco parecía irle demasiado bien. En 1945, a la tierna edad de 17 años, se casó con el actor John Agar. Este parecía mucho más interesado en la botella de whisky que en complacer a su esposa. Además, rara era la ocasión en la que no llevaba varias mujeres a casa estando ella embarazada. El clímax matrimonial se produjo una noche en la que llegó tan borracho y empeñado en pegarle que ella tuvo que abandonar la casa presa del pánico.

Pese a todos estos precoces vaivenes, Temple acabó encontrando la felicidad con Charles Alden Black, que la introdujo en el mundo de la política y le garantizó una nueva vida alejada de los focos de Hollywood. Al contrario que otras estrellas precoces, jamás victimizó su papel en la industria del cine. Muy por el contrario, se mostraba encantada de recordar sus películas y cuando Jamie Lee Curtis le hizo entrega de un premio a toda su trayectoria en 2006, lo recogió con los ojos de una niña. Por esos años, también colaboró en el coloreado de sus viejas cintas y promocionó su imagen como eterno icono vintage. Si Fox se había enriquecido a su costa, era ella la que, años más tarde, podía explotar su propia imagen, ese pequeño montón de rizos que hizo felices a millones de americanos. Tal fue su fama que una vez, cuando su madre la llevó a ver a Papá Noel, fue este el que le acabó pidiendo un autógrafo a ella. Por entonces era demasiado pequeña para comprender que hay que pagar un precio muy alto para que el mismísimo rey del Polo Norte te admire.

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