En ocasiones cuando compartimos una buena noticia y, antes de que terminemos de hablar, surge una voz discordante que de repente le pone un “pero” a lo que estamos contando muy ilusionados. O tal vez estamos en una conversación grupal y hay una persona que nunca pierde oportunidad de lanzar una opinión mordaz, disfrazada de “sinceridad”. Las personas criticonas están en todas partes, y no siempre son fáciles de detectar… al menos al principio.
Este tipo de personas ven la vida desde un filtro negativo y reduccionista.(Pexels)
¿Pero qué hay detrás de este comportamiento? Según psicólogos y expertos en comportamiento social, muchas veces estas críticas constantes esconden inseguridad, frustración o incluso una necesidad de validación. Criticar se convierte en una forma de proyectar lo que no se tolera en uno mismo o en una herramienta para reforzar su propio ego. Asimismo, reconocer a una persona criticona no siempre es inmediato, pero hay señales que pueden ayudarnos como: suelen opinar sin que se les pida, hablan más de lo negativo que de lo positivo, y raramente aceptan críticas hacia ellas mismas. También es común que vivan enfocadas en los errores ajenos, minimicen logros o siembren dudas incluso cuando las cosas van bien.
¿Y cómo lidiar con ellas? La clave está en poner límites sin caer en su mismo juego. No siempre vale la pena responder o tratar de “hacerles ver” su actitud. En muchos casos, lo más saludable es mantener cierta distancia emocional, no tomarse sus palabras de forma personal y evitar engancharse en discusiones que solo alimentan su necesidad de tener la última palabra.
Hay que rodearse de personas optimistas que se alegren de tus logros. (Pexels)
Rodearse de personas que suman, que inspiran y que saben celebrar los logros ajenos es una forma de cuidar también la salud emocional. Porque sí, las críticas constructivas son necesarias, pero cuando la crítica se convierte en deporte, es momento de cambiar de conversación… o de compañía.
En ocasiones cuando compartimos una buena noticia y, antes de que terminemos de hablar, surge una voz discordante que de repente le pone un “pero” a lo que estamos contando muy ilusionados. O tal vez estamos en una conversación grupal y hay una persona que nunca pierde oportunidad de lanzar una opinión mordaz, disfrazada de “sinceridad”. Las personas criticonas están en todas partes, y no siempre son fáciles de detectar… al menos al principio.