En muchas ocasiones, la permanencia de las parejas por comodidad emocional sin sentirse completamente plenas puede derivar en un desgaste profundo para la relación, afectando el bienestar individual y al vínculo de la pareja.
Este estado de agotamiento emocional suele aparecer cuando el vínculo se debilita progresivamente y no se gestiona de manera correcta el tránsito de la fase de enamoramiento iniciala la fase más madura de la relación.
Un vínculo que se debilita. (Pexels)
La falta de satisfacción, la frustración constante y la creciente desconexión emocional son señales de que una relación atraviesa una crisis. Aunque su intensidad y frecuencia varían en cada caso, los efectos tienden a afectar a la dinámica cotidiana y a la percepción mútua de la pareja.
Uno de los principales detonantes a los que los psicólogos apuntan son las expectativas irrealesconstruidas a partir de modelos idealizados del amor. Las redes sociales, las películas o la cultura romántica influyen en la percepción de lo que debería ser una relación, generando una constante comparación con otros vínculos.
Mantener la ilusión y las ganas a lo largo plazo es algo difícil de conseguir. (Pexels)
La mayoría de las relaciones pasan por una etapa inicial deidealización, donde la pasión y la ilusión predominan. Sin embargo, con el tiempo, la percepción cambia y aparecen los defectos y las diferencias. Si esta fase no se gestiona con madurez, es cuando comienza el deterioro emocional. La preocupación llega cuando, en lugar de evolucionar hacia un amor más realista, se produce un choque emocional que desemboca en decepción, apatía y falta de motivación para seguir construyendo de manera conjunta.
Entre los signos más evidentes de que una relación está quemada destacan la pérdida de comunicación y la desaparición delos gestos afectivos. Abrazos, besos o simples muestras de interés dejan de formar parte del día a día y el contacto físico se reduce.
Las relaciones quemadas comparten la apatía y la dificultad de afrontar nuevos retos de manera conjunta. (Pexels)
La desconexión que se genera llega al punto de que ya ni siquiera se discute entre los miembros de la pareja. El desinteréspor solucionar los conflictos es tal que se opta por la indiferencia, dejando de luchar por la relación como si ya no importara lo que ocurra.
Las relaciones de pareja requieren compromiso, comunicación honesta y adaptación, sentirse identificado con estas señales debe plantearnos si conviene reconstruir la relación o si es el momento de replantearnos si el vínculo puede seguir en pie o si, por el contrario, es mejor romperlo.
En muchas ocasiones, la permanencia de las parejas por comodidad emocional sin sentirse completamente plenas puede derivar en un desgaste profundo para la relación, afectando el bienestar individual y al vínculo de la pareja.