Quiroga destacó que la presencia de espuma persistente, similar a la de una cerveza, es un indicio a tener en cuenta. Este fenómeno, cuando no desaparece tras orinar, puede indicar pérdida de proteínas a través de la orina, lo que podría estar relacionado con una alteración en la función renal. “Si el riñón funciona bien, no debería dejar escapar proteínas”, señaló el especialista.
En cuanto al color, el médico advirtió sobre dos tonalidades que requieren atención inmediata: el rojo y el marrón oscuro, similar al color de la coca-cola o el coñac. El primero suele deberse a la presencia de sangre procedente de la vía urinaria, provocada por causas como una cistitis o una piedra. El segundo, en cambio, se relaciona con la pérdida de glóbulos rojos debido a una lesión renal, un signo que definió como “dato irrefutable de enfermedad renal”.
El experto diferenció estas tonalidades de la gama de colores que se consideran normales, que van desde el transparente hasta el amarillo intenso, dependiendo principalmente de la cantidad de líquidos ingeridos. Por ejemplo, tras dormir toda la noche sin beber agua, la orina suele aparecer más concentrada y amarilla; mientras que después de una gran ingesta de líquidos, como tras el ejercicio físico, puede verse muy clara o incluso transparente.
El aceite de oliva tiene múltiples beneficios en los riñones. (iStock)
Quiroga insistió en que la capacidad del riñón para concentrar o diluir la orina es un buen indicador de su correcto funcionamiento. En este sentido, una orina muy clara tras beber abundante agua o más amarilla en situaciones de menor hidratación son respuestas fisiológicas normales.
El mensaje final del nefrólogo fue claro: prestar atención a la espuma y a los cambios de color en la orina no es una cuestión estética, sino una medida preventiva que puede ayudar a detectar problemas renales en fases tempranas. Reconocer estas señales y acudir a un profesional de la salud ante cualquier anomalía es clave para evitar complicaciones mayores.