María Amador :"Hace 2 años cuando perdí casi 12 kilos, eliminé estos quesos de mi dieta y los sustituí por otros que son una buena fuente de proteína"
Aprender a leer las etiquetas, identificar los ingredientes esenciales y evitar productos con aditivos innecesarios es una estrategia sencilla que puede marcar la diferencia
María Amador, en una imagen de redes sociales. (Instagram/ @mariaamdr.fit)
Hace dos años, María Amador logró perder casi 12 kilos y uno de los cambios clave en su alimentación estuvo relacionado con el queso. En sus palabras: “Hace 2 años, cuando perdí casi 12 kilos, eliminé estos quesos de mi dieta y los sustituí por otros que son una buena fuente de proteína”. Su experiencia refleja una realidad que muchos nutricionistas destacan: no todos los quesos tienen el mismo valor nutricional ni son igual de recomendables.
El queso es un alimento que, en su versión tradicional, aporta proteínas de alto valor biológico, calcio y grasas saludables. Los ingredientes básicos para un queso de calidad suelen ser leche pasteurizada, cuajo, fermentos lácticos y sal. Sin embargo, en el mercado existen productos etiquetados como “queso” o “especialidad láctea” que incluyen mantequilla, almidón modificado o sales de fundido, lo que reduce su valor nutritivo y aumenta la proporción de grasas y aditivos.
Existen opciones más saludables que permiten disfrutar de este alimento sin renunciar a la calidad. Variedades como la mozzarella elaborada únicamente con leche, cuajo y fermentos lácticos, el Havarti light o el queso feta se consideran alternativas más equilibradas. Estos productos mantienen un buen aporte de proteína y grasas naturales sin necesidad de añadir almidones o aceites extra.
El queso cheddar o el gouda, siempre que se presenten con una composición simple y sin exceso de aditivos, también pueden formar parte de una dieta equilibrada. La grasa del queso, lejos de ser siempre perjudicial, es una fuente de energía y aporta vitaminas liposolubles, aunque su consumo debe moderarse según las necesidades calóricas y de salud de cada persona.
Casos como el de María Amador evidencian que hacer pequeños cambios en la elección de los alimentos, como sustituir quesos muy procesados por otros con ingredientes más naturales, puede contribuir a mejorar la calidad de la dieta y facilitar la pérdida de peso. La clave no está en eliminar el queso, sino en elegirlo bien.
Hace dos años, María Amador logró perder casi 12 kilos y uno de los cambios clave en su alimentación estuvo relacionado con el queso. En sus palabras: “Hace 2 años, cuando perdí casi 12 kilos, eliminé estos quesos de mi dieta y los sustituí por otros que son una buena fuente de proteína”. Su experiencia refleja una realidad que muchos nutricionistas destacan: no todos los quesos tienen el mismo valor nutricional ni son igual de recomendables.