…Y Carlos de Inglaterra sigue esperando a sus 66 años de edad
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LA REINA ISABEL II NO ABDICA

…Y Carlos de Inglaterra sigue esperando a sus 66 años de edad

En su día Emma Thompson dijo que bailar con él era "mejor que el sexo". Pero más que por sus dotes en la pista, la gente le conoce como 'el eterno heredero'

Foto: El príncipe Carlos de Inglaterra junto a la reina Isabel II en una imagen de archivo (Gtres)
El príncipe Carlos de Inglaterra junto a la reina Isabel II en una imagen de archivo (Gtres)

En su día la actriz Emma Thompson dijo que bailar con él era “mejor que el sexo”. Y quizá sea cierto. Pero más que por sus habilidades en la pista, el resto de la humanidad conoce al príncipe Carlos por ser la persona que más tiempo lleva en la historia del Reino Unido como heredero a la Corona.El que ostentaba antes el título era Eduardo VII, que esperó 59 años, dos meses y 13 días para convertirse en rey.

El que fuera marido de Lady Di ya ha soplado las 66 velas, pero todo indica que la espera aún va para largo. En el vocabulario de su progenitora, la reina Isabel II, que hoy curiosamente cumple 61 años de reinado, no existe la palabra abdicación. De hecho, la prensa británica ni siquiera se atreve a mencionar el término. Tras la decisión de Don Juan Carlos, cuando los rotativos han preguntado a los lectores si la soberana debería hacer lo mismo, se limitaban a escribir tan sólo la primera letra: “¿Tendría que “a...”?.

En septiembre de 2016, Isabel II podría incluso superar el récord de su tatarabuela Victoria, que estuvo 63 años y 217 días en el trono. Y todo apunta a que lo conseguirá porque a sus 88 primaveras no puede tener la mente más lúcida, las piernas más ágiles y la popularidad más alta. Así que al príncipe Carlos no le queda más remedio que ser paciente. Pero, ¿quién es él? ¿A qué dedica el tiempo libre?

Su lengua de trapo

Unos lo ven como el eterno heredero. Otros simplemente como el hombre que no supo hacer feliz a Diana. Hasta hace bien poco, nunca había despertado grandes simpatías entre el pueblo británico. Pero lo cierto es que no es del todo su culpa. En su vida profesional, los asesores de Palacio no supieron encontrarle su sitio, un espacio donde pudiera desenvolverse con soltura y en el que lograra ocupar sus horas evitando así ofrecer la imagen de hombre desorientado sin otra cosa que hacer que esperar un trono que nunca llega.

Así que ha tenido que entretenerse con las que dice que son sus dos pasiones: los productos ecológicos y la arquitectura. Y si se hubiera mantenido en un segundo plano la cosa no habría ido tan mal, pero la boca le pierde. Sus comentarios siempre han sido de lo más inoportunos.

En los años ochenta, sus planes para estimular “la rehabilitación del centro de Londres” irritaron profundamente a Margaret Thatcher. Durante el Gobierno de Tony Blair también protagonizó titulares advirtiendo que “si se cambiaba la ley para la caza del zorro abandonaría el país y pasaría el resto de su vida esquiando”. En 2010, su total oposición a un proyecto inmobiliario de la empresa Qatari Real Estate Investment llevó supuestamente a la familia real qatarí a retirar su apoyo al proyecto inicial del conocido arquitecto Richard Rogers. En su lugar, Carlos pidió tomar en consideración el trabajo de su arquitecto favorito, Quinlan Ferry, rompiendo así toda la neutralidad que se le presupone a una persona de su rango.

Un alto tren de vida

El portavoz de Clarence House –su residencia oficial– asegura que su “tono será más discreto” cuando ocupe el trono, pero él no parece muy dispuesto a cambiar de hábitos. Es más, en una polémica entrevista hace tres años, el príncipe de Gales aseguró que sería un “aire fresco en Palacio” y que si esto no gustaba a sus padres “mala suerte”. Su estilo de vida tampoco ayuda en ocasiones a dar una buena imagen. Cuenta con seis casas, 11 secretarias, un gran séquito de sirvientes, una lujosa colección de coches y unos ingresos anuales de 17 millones de libras.

Cuando comenzó la crisis, gastó más, ganó más, contrató a más personal oficial y para más inri consiguió reducir su factura de impuestos un 10 por ciento. Los recibos se incrementaron un 20 por ciento, hasta los 14,6 millones de euros, mientras los británicos estaban derrotados por la peor cifra de paro de los últimos doce años.

Durante años, su otro gran “hándicap” fue su esposa. Aunque Camilla ha conseguido con el tiempo ganarse el corazón de los súbditos precisamente por no intentar nunca copiar el estilo de Lady Di.

¿Quiere reinar en realidad?

Tras la decisión del rey Juan Carlos, en cuestión de minutos, se han multiplicado los chistes en la prensa británica mostrando al heredero casi momificado de tanto esperar. Pero, ¿y si todo fuera irreal? ¿Y si el príncipe Carlos tan sólo viera la corona como una auténtica prisión? Coincidiendo con su 65 cumpleaños, la revista Time aseguró que cuando lleva a cabo funciones en nombre de la reina –algo cada vez más habitual debido a la edad de su progenitora– las hace “sin alegría”. Comienza a sentir todo el peso de la corona y se desmorona, ya que su verdadero interés es continuar con su trabajo.

Según Catherine Mayer –que para escribir el reportaje pasó varios días con él y pudo entrevistar a más de 50 de sus amigos y asesores– en vez de la caricatura que siempre se había mostrado, se encontró con un “apasionado filántropo, uno de los empresarios dedicados a ONGs más prolíferos del mundo”, que quiere aprovechar lo máximo posible la época que aún le queda para seguir defendiendo las causas en las que cree: la sostenibilidad y la arquitectura tradicional. Fue precisamente uno de sus allegados quien confesó a la editora que para el homenajeado, “el papel de monarca es una especie de cárcel”. Creerlo o no queda ya a decisión del lector.

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