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Meghan Markle, la Wallis Simpson del siglo XXI: americana y divorciada

Harry se ha comprometido con Meghan. Pero a diferencia de Wallis Simpson, a la actriz le espera ahora una vida de ensueño

Foto: Wallis Simpson en una imagen de archivo. (Gtres)
Wallis Simpson en una imagen de archivo. (Gtres)

Isabel II nunca se habría convertido en reina si en la vida de su tío Eduardo VIII no se hubiera cruzado Wallis Simpson. Aquello sí que fue un escándalo: ¿una americana, divorciada –no solo una, sino en dos ocasiones– en el palacio de Buckingham? Inaudito, imposible, irreverente. A Eduardo VIII no le quedó más remedio que abdicar. Su hermano acabó convirtiéndose en Jorge VI y la pequeña Lilibeth heredó luego la corona. Pero mira por dónde la historia se repite. Aquí estamos, 81 años después, hablando de una americana divorciada enamorada de un príncipe azul.

Harry se ha comprometido con Meghan Markle. Pero a diferencia de Wallis Simpson, a la actriz le espera ahora una vida de ensueño. Lejos de poner en peligro la monarquía, su estado civil (divorciada), su edad (tiene 36 años, tres más que su prometido) y sus orígenes (padre de descendencia irlandesa y madre afroamericana) la convierten ahora en el mejor filón para darle a palacio ese aire de modernidad y globalización que tanto nos gusta ver en las casas reales. Porque lo que se lleva ahora es precisamente no tener sangre azul. ¡Ay, si la pobre Wallis levantara la cabeza!

Eduardo VIII –con una fama de mujeriego muy similar a la del príncipe Harry– conoció a la socialite americana en 1931 cuando esta estaba aún casada con su segundo marido, Ernest. Comenzaron el affaire y él se quedó absolutamente prendado de ella. Accedió al trono en enero de 1936 después de la muerte de su padre, Jorge V, y siete meses después, Wallis solicitaba su segundo divorcio. Ni la Corte Real, ni el Gobierno, ni por supuesto la Iglesia la aceptaron como posible reina consorte.

Eduardo VIII buscó todo tipo de fórmulas. Sugirió incluso un matrimonio morganático donde ella no tuviera acceso a ningún título. Pero las autoridades se negaron y el monarca decidió abdicar dejando a su hermano, el duque de York –padre de Isabel II- al cargo de la Corona. Eduardo pasó entonces a ser simplemente el duque de Windsor y se exilió en el extranjero, donde se casó finalmente con Wallis en junio de 1937. Ella adquirió el título de la duquesa de Windsor, pero nunca se le permitió adoptar el estilo de un HRH (su alteza real).

A Meghan, sin embargo, no solo la llamarán alteza real, sino que, lejos de exiliarse, vivirá en el céntrico palacio de Kensington, donde viven también el príncipe Guillermo y Kate Middleton, otra mujer sin sangre azul que acabará siendo reina consorte.

Harry y Meghan, ya comprometidos. (Reuters)
Harry y Meghan, ya comprometidos. (Reuters)

Obviamente cada pareja tendrá su propia casita. En el caso de Meghan y Harry vivirán en Nottingham Cottage, aunque debido a que se considera un apartamento 'pequeño' (término que no tiene el mismo significado al hablar de las residencias del resto de los mortales), la pareja podría mudarse en un futuro a otro pisito del complejo real. Sería en un futuro próximo, cuando aumente la familia, porque Meghan tiene ya 36 años y la prensa ya apremia con aquello de que si no, se le pasa el arroz.

El hecho de que Wallis no tuviera hijos también supuso un arma más de munición para sus detractores. La leyenda cuenta que el supuesto embarazo fruto de la relación con uno de sus amantes, el italiano Galeazzo Ciano, y el posterior aborto que destrozó su útero le impidieron tener descendencia.

Eduardo VIII y Wallis Simpson.
Eduardo VIII y Wallis Simpson.

Claro que Meghan tampoco tiene la presión de traer al mundo a herederos porque al fin y al cabo el príncipe Harry tiene más bien lejana la posibilidad de convertirse algún día en rey. El siempre rebelde hijo de la desaparecida Diana es actualmente el quinto en la línea de sucesión y pasará a ser el sexto en abril cuando Guillermo y Catalina tengan su tercer retoño.

Eso da por tanto mucha libertad, incluso para el vestuario. Mientras que a Kate le tuvieron que reconstruir el armario, con Meghan no tendrán tantos miramientos porque no se trata de la futura reina consorte. En otras palabras, podrá seguir poniéndose los ajustados vaqueros que lució en septiembre cuando apareció por primera vez de la mano de su ahora prometido.

Pero, en cuanto a la boda, ¿qué hacer? Desde el cambio de normativa de 2005, un miembro de la familia real –todos son anglicanos- se puede casar con una católica. Y desde 2002, la Iglesia de Inglaterra acordó que las personas divorciadas podrían volver a casarse en la iglesia bajo ciertas circunstancias, a discreción del sacerdote.

El arzobispo de Canterbury ya ha dado el beneplácito a la pareja porque ninguno de ellos fue el causante del divorcio. Meghan se casó tras seis años de noviazgo con el productor Trevor Engelson en septiembre de 2011. La pareja se separó en mayo de 2013 y no fue hasta finales de 2015 cuando conoció al príncipe Harry.

Pero, seamos claros, en el caso del príncipe Carlos –padre de Harry– todos sabemos cuál fue la historia con Camilla. Y aún así, el heredero al trono terminó casándose con ella (también divorciada) en una ceremonia civil en 2005. Luego recibieron la bendición del arzobispo de Canterbury en una celebración religiosa en la que “pidieron perdón por sus pecados”.

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