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BODAS DE CRISTAL

Carlos y Camilla, 15 años después: 9 cosas que (quizá) no conoces de su historia de amor

El príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles celebran este jueves el 15 aniversario de la boda que celebraron tres décadas después de conocerse (y enamorarse)

Foto: El príncipe Carlos y Camilla, el día de su boda. (Reuters)
El príncipe Carlos y Camilla, el día de su boda. (Reuters)

9 de abril de 2005. El príncipe Carlos y Camilla Parker Bowles se convierten por fin, en marido y mujer. Es el final feliz de una historia de amor que parecía imposible y que cambió la imagen de ambos, durante décadas vistos como dos infieles que hicieron daño a la venerada Diana de Gales. Ahora, el pueblo los ve como víctimas en su momento de la rígida monarquía, y Camilla es una persona cada vez más querida y muy apreciada dentro de la Casa Real británica. Y detrás de esta relación que dura ya casi cinco décadas, hay algunas anécdotas e historias muy curiosas que hemos querido rescatar para celebrar con la pareja su 15º aniversario de boda.

1. Los triángulos amorosos que cambiaron su historia

Antes de conocer a Camilla, su exmarido, Andrew Parker Bowles, fue novio de la princesa Ana. Pero la religión que profesaba cada uno les impidió casarse. Si el oficial hubiera renunciado a sus creencias y se hubiera convertido al anglicanismo, la historia de Carlos, Camilla y Diana de Gales podría haber sido muy distinta, a pesar de que la actual duquesa de Cornualles no cumplía con los cánones que la reina Isabel quería para la que fuera su nuera y, por tanto, princesa de Gales. Y otra hermana, en este caso la de Diana, Sarah, tuvo una breve relación con el propio príncipe, gracias a la cual Carlos conocería a Lady Di.

Y no fueron pocas las familias que intentaron un arreglo de boda con el príncipe Carlos. Uno de ellos, el mismísimo Richard Nixon, quien lo acogió como invitado en la Casa Blanca en 1970, durante un viaje que realizó a Washington junto a la princesa Ana. Nixon intentaba que Carlos y su hija, Tricia, se sentaran juntos a la mínima ocasión, unos esfuerzos que Carlos recordaba con humor muchos años después, en un viaje oficial que realizó junto a Camilla a Estados Unidos.

La princesa Ana con Andrew Parker Bowles, en una imagen de archivo. (Getty)
La princesa Ana con Andrew Parker Bowles, en una imagen de archivo. (Getty)

2. Antecedentes familiares

La historia se repite. Y es que la historia de Carlos y Camilla no es nueva en ninguna de las dos familias. Un siglo antes, una socialite británica, también casada y con hijos, se convertía en la amante más conocida del rey Eduardo VII, el tatarabuelo del príncipe Carlos. Se trataba nada menos que de Alice Keppel, un nombre que no nos diría nada si no fuera porque es la bisabuela de Camilla.

Precisamente, este escándalo familiar sirvió como carta de presentación de la actual duquesa de Cornualles al que hoy es su marido, ya que nada más conocerle, se lo dijo: "Mi bisabuela fue amante de tu tatarabuelo", una frase que hizo que entre ellos saltara la chispa.

3. Sus comienzos, un misterio

Precisamente, la forma en la que se conocieron Carlos y Camila tiene diferentes versiones. Mientras la oficial asegura que se conocieron -y enamoraron- en 1970 en un partido de polo, otras voces aseguran que los presentó en 1971 Lucia Santa Cruz, examante de Carlos durante sus años universitarios en Cambridge y vecina de Camilla en el barrio londinense de Belgravia. Sea una o sea otra, ambas versiones coinciden en que la atracción surgió casi de inmediato.

4. Los deseos de Camilla

Al tocar a su fin la década de los 60, muchas jóvenes de la generación de Camilla se veían obligadas a contraer matrimonio con maridos adinerados, con relaciones mayoritariamente arregladas por las familias. Incluso su compañera de piso, Virgina Carrington, se emparejó con el tío de la propia Camilla, un exitoso magnate inmobiliario. Pero ella no estaba en absoluto interesada en eso, aunque a menudo sus amigas pensaban que era por su escaso atractivo y su falta de interés en las aficiones típicamente femeninas. Así, una amiga le preguntó de forma sarcástica por qué ella no era tan afortunada. La respuesta fue contundente: "Estoy esperando un rey". Y no fue un rey, pero sí un príncipe el que llegaba a su vida poco después.

La duquesa de Cornualles, en una imagen reciente. (Reuters)
La duquesa de Cornualles, en una imagen reciente. (Reuters)


5. Los trucos para verse

No es ningún secreto que, una vez casados con Diana de Gales y Andrew Parker Bowles, el príncipe Carlos y Camilla siguieron viéndose, utilizando algunos creativos trucos para ocultar su relación a sus parejas, aunque era un secreto a voces en uno y otro lado. El hijo de la reina Isabel tenía como cómplice a su ayuda de cámara, que deshabilitaba el sistema de alarma o deshacía su cama para que pareciera que había dormido en su habitación. A menudo visitaba a su amante en su propia casa, siempre que su marido no estaba. Lo hacía de noche, completamente a oscuras, y se iba antes de que saliera el sol. Un método que le valió el apodo de 'príncipe de las tinieblas'.

6. Sus bodas

Hizo falta la ayuda de cuatro de sus amigas para que Camilla asistiera a la boda de Carlos y Diana, a la que estaba invitada, ya que su amistad con el príncipe de Gales seguía intacta. Tanto que Carlos se convirtió en el padrino de bautismo de Tom, el hijo mayor de Camilla. Pero la actual duquesa de Cornualles estuvo a punto de no ir a la boda de su -especial- amigo: aquel 29 de julio de 1981 se levantó con una horrible sinusitis, pero también era presa de los nervios y del disgusto que tenía por ver a su gran amor casándose con otra, aunque ella había hecho lo mismo cuatro años antes. Su unión con Andrew Parker Bowles, en 1973, fue considerada como la boda social del año. A ella incluso asistieron la reina madre, la princesa Ana y la princesa Margarita.

7. Los apodos delatores

Mientras mantenían su aventura, Carlos y Camilla se apodaron Gladys y Fred. Un detalle que hizo que Lady Di conociera su amor. Antes de su boda, descubrió un costoso brazalete de oro que Camilla acababa de regalarle a Carlos, con las letras G y F, las iniciales de sus respectivos apelativos. No es el único apodo que pasará a la historia de este triángulo amoroso. Diana se refería a ella con uno mucho menos afectivo: la Rottweiler.

Diana de Gales y Camilla Parker, en una imagen de 1980. (Getty)
Diana de Gales y Camilla Parker, en una imagen de 1980. (Getty)

8. Su marca fetiche

Camilla es una gran fan de la firma francesa Chanel, por la que dice que tiene debilidad. Y uno de los motivos es el logo de la marca, la característica doble C, que le recuerda a sus propias iniciales.

9. El anillo de compromiso

La historia de amor que Carlos compartió con Diana y la que compartió con Camilla se ha visto reflejada en los anillos de compromiso que una y otra obtuvieron. Cuando pidió matrimonio a Lady Di, el príncipe de Gales ni siquiera lo tenía preparado. Saltándose todas las tradiciones, fue Diana la que escogió su propio anillo de entre una selección que envió a Windsor la joyería Garrard, una de las más antiguas de Inglaterra. La futura princesa de Gales eligió un zafiro oval de Ceilán rodeado de 14 diamantes montados en un aro de oro. El mismo que, décadas después, le entregaría el príncipe Guillermo a Kate Middleton.

Ahora bien, parece que para su compromiso con Camilla, Carlos preparó las cosas mucho mejor, ya que le entregó un solitario de diamantes de cinco quilates de talla esmeralda, único en su tipo, rodeado de otros seis más pequeños de talla baguette. Una pieza que además tenía un gran valor familiar, puesto que perteneció a la reina madre.

El anillo de compromiso de Camilla. (Getty)
El anillo de compromiso de Camilla. (Getty)

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