La infanta Elena, Marichalar y su lujoso viaje de novios (con compañero inesperado)
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FAMILIA DEL REY

La infanta Elena, Marichalar y su lujoso viaje de novios (con compañero inesperado)

Nadie podía sospechar que en esa aventura transoceánica, además de los propios protagonistas y sus escoltas, había otra persona que viajaba con ellos

Foto: La infanta Elena y Marichalar. (Getty)
La infanta Elena y Marichalar. (Getty)

La boda de la infanta Elena y Jaime Marichalar fue el primer enlace de una hija de reyes en España desde el reinado de Alfonso XIII. Fue todo un acontecimiento, donde tanto la prensa nacional como la internacional (en sus páginas sociales) se volcaron. En ese tiempo, los movimientos de la primogénita Borbón Grecia cada vez que viajaba a París para pasar días con su novio eran una prioridad para los paparazzi. Y durante ese tiempo había un acompañante que, como en la película 'El tercer hombre', de Orson Welles, era invisible para los protagonistas.

No era un espía ni un miembro del CESID (CNI en la actualidad), sino un reportero que consiguió no solo las primeras imágenes del romance, sino también las del viaje de novios. En esas fechas era mucho más complicado realizar un seguimiento a un miembro de la familia real que ahora. Hace unos días, el diario 'The Telegraph' rememoraba la luna de miel de los príncipes de Asturias y los 500.000 euros que había costado el desplazamiento posboda por Asia.

El hombre infiltrado

En el caso de los duques de Lugo, no hay cifras pero sí datos de dónde, cómo y qué hicieron durante el mes que duró su viaje a 20.000 kilómetros de España. Australia fue el destino que solo conocían los protagonistas, sus escoltas y Antonio Montero. El periodista consiguió lo más difícil, que fue que la seguridad de los duques de Lugo no se percatara de su presencia y ser testigo directo de los planes de los recién casados. El periplo de la infanta y su marido consistía en volar directamente a Sídney, pasar cuatro días en el hotel Intercontinental de la capital y después perderse por algunos de los lugares más exóticos y paradisiacos del continente. Y así fue. Siempre acompañados por dos escoltas que, a su vez, debían pasar desapercibidos y que conocían, de otros viajes, a muchos de los reporteros gráficos españoles.

Boda de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, en 1995. (Getty)
Boda de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, en 1995. (Getty)

“Fue una odisea. Había mucha expectativa y los paparazzi sabíamos que ese documento gráfico era excepcional. Mi información era absolutamente fiable y lo único que me dijeron era que viajarían a Sídney. Después nada. Sabía cómo se movía la infanta porque la había seguido en sus concursos hípicos por Europa, y también en los inicios de su noviazgo. Por cierto, la infanta y Jaime lo dejaron durante un tiempo y cuando volvieron, fue directamente para casarse”, cuenta el periodista.

Playa privada y discreción

Marichalar y la primogénita habían preparado su viaje como si se tratara de una misión secreta. “Lo habían organizado de tal manera que nadie sabía nada en España. Por lo que vi, la segunda parte la prepararon desde allí, y el problema era que yo no podía subirme al mismo avión que ellos porque me habrían descubierto los escoltas. Lo que hice fue enterarme de cuál era su destino”. El matrimonio se trasladó primero a la isla de Heron (un lugar de ensueño) y después a la isla Lagarto, donde se instalaron en el resort de superlujo Lizard Island. En este complejo con playa privada solo se permitía el acceso a treinta parejas. Fue en este lugar donde Montero captó al nuevo matrimonio en su luna de miel.

La infanta Elena y Jaime de Marichalar, en 2004. (Getty)
La infanta Elena y Jaime de Marichalar, en 2004. (Getty)

“Los escoltas estaban muy relajados porque era impensable que hubiera un reportero español. Lo que más me llamó la atención en esos días que estuve era que no desayunaban juntos: Marichalar lo hacía con Javier (así se llamaba el escolta) y la infanta con la chica. Una vez que conseguí el material, me marché y fue portada de ¡Hola!”.

Años después, la infanta Cristina y los príncipes de Asturias tuvieron más suerte con sus viajes de enamorados y no hubo conocimiento de su periplo hasta ahora. Los exduques de Palma empezaron en Jordania y, según la revista 'Vanity Fair', su recorrido tuvo como escenario Nepal.

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