35 años sin Orson Welles: su 'sobrina' Carmina Ordóñez y sus 'amores' rondeños
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SU AMOR POR ESPAÑA

35 años sin Orson Welles: su 'sobrina' Carmina Ordóñez y sus 'amores' rondeños

Aunque el director de 'El proceso' murió un 10 de octubre de 1985, su funeral español tuvo lugar dos años después. Recordamos la relación que tuvo con Ronda y Carmen Ordóñez

Foto: Orson Welles, en una imagen de archivo. (EFE)
Orson Welles, en una imagen de archivo. (EFE)

El 8 de mayo de 1987, tres guardias civiles custodiaban un coche fúnebre en la carretera que va de Ronda a Campillos, una localidad menos conocida de Málaga. Una joven Beatrice Welles llevaba en sus manos una arqueta en uno de los coches, se dirigían a la finca Recreo de San Cayetano, lugar donde tendrían lugar las exequias de Orson Welles, el genio, el autor y protagonista de 'Ciudadano Kane', de cuya muerte se cumple este 10 de octubre 35 años.

Entre los asistentes al sepelio, que llevaría al director de 'Sed de mal' a descansar eternamente en la finca del torero, pese a que había muerto dos años antes, se encontraba la hija de este, una joven Carmina Ordóñez que parecía compungida ante la despedida a su 'tito Orson'.

El pozo donde descansaría eternamente el maestro del séptimo arte, siempre recordado por sus excesos, había sido regalado por el Ayuntamiento de Ronda al 'maestro de maestros', es decir, a Antonio Ordóñez. Sin embargo, también podría servir como epitafio para el creador de 'La dama de Shanghái', cuyo paso por España marcó su vida y gran parte de su filmografía.

'La dama de Shanghái', de Orson Welles.  (1948)
'La dama de Shanghái', de Orson Welles. (1948)

Una amistad forjada de plaza en plaza

El apelativo de Carmina hacia Orson Welles no fue gratuito. Desde que estudiase, siendo una niña, en el Liceo Francés, su vida se convirtió en un cúmulo de privilegios entre los que también estaba el conocer de cerca al director, actor y guionista de cine que, al igual que Ernest Hemingway, era un habitual en su casa, mostrando como nadie su querencia por todo lo andaluz. Welles era un habitual de la plaza de toros de Ronda en los años 50, época en la que visitó nuestro país y rodó alguna que otra película como la shakesperiana 'Campanadas a medianoche'. Esa frecuencia con la que disfrutaba de la España franquista fue la que hizo que forjase una amistad especial con el torero y una cercanía con sus hijas, a las que llegaba a traer regalos de Estados Unidos.

Carmen Ordóñez, en 2003. (Cordon Press)
Carmen Ordóñez, en 2003. (Cordon Press)

Uno de los elementos más sorprendentes de la amistad entre Antonio Ordóñez y Welles es que este último, consciente de una maestría que le hacía poner la cámara ante cualquier escenario, cogió su objetivo entre 1957 y 1961 para grabar muchas de las corridas en las que participaba su amigo el torero. Así, el mismo genio que creó grandes obras maestras del cine también fue el responsable de la grabación de algunas de las mejores faenas de Ordóñez mientras sus hijas, Carmen y Belén, se quedaban en casa al cuidado de la ‘tata’.

Sin embargo, las cenas a las que acudía Welles, en las que la comida estaba regada con buen vino, la pequeña Carmina podía admirar, en primera persona, al genio y quedarse impresionada ante sus intentos de aprender español o su romántica visión de la cultura andaluza. Ambas cosas le dejarían una profunda huella. Tanto que mientras que Belén Ordóñez jamás se habría atrevido a colocarle el apelativo de 'tío', la joven Carmen, que por aquel entonces ya destacaba por su despampanante belleza, se lo llamaría a lo largo de toda su vida.

Foto: Antonio Ordonez con sus dos hijas. (Getty)

Muchos lamentaron, cuando murió Carmina en 2004, que la Divina no hubiese aprendido algo más del genio o de las muchas amistades de altura que tuvo su padre. El susodicho genio, por su parte, jamás olvidaría la simpatía de aquella niña morena y de ojos grandes que, con los años, pasaría a ser uno de los personajes más vilipendiados y admirados de la prensa rosa española.

Cuenta la leyenda que Carmina prefería la personalidad de Orson Welles a sus películas, pero pocos periodistas se atrevieron a preguntárselo. El William Randolph Hearst de la ficción, por su parte, quedaría unido para siempre a una Ronda que estos días le ha rendido el justificado homenaje a un hombre que, pese a las glorias de Hollywood, siempre prefirió la poesía andaluza del pueblo malagueño que le ofrecieron los Ordóñez.

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