Felipe VI no se merecía esto: último cordón sanitario... y menos cuerda para Zarzuela
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OPINIÓN

Felipe VI no se merecía esto: último cordón sanitario... y menos cuerda para Zarzuela

Está claro que la Casa del Rey anda con pies de plomo y que el perímetro de la cuerda con que se viene protegiendo de su propia familia empieza a ahogarle... como soga al cuello

placeholder Foto: La reina Sofía y Felipe VI. (Getty)
La reina Sofía y Felipe VI. (Getty)

Llamó mucho la atención este verano mallorquín el sutil cordón sanitario que los reyes Felipe y Letizia impusieron en público a la reina Sofía. Don Juan Carlos acababa de ser oficiosamente empujado al exilio, caían chuzos de punta sobre el emérito y la prensa sentimental empezaba a hacerle a la madre del monarca un traje de 'viuda civil' despechada y victoriosa cuyas costuras estallaban por todos lados.

Semiprisionera en su querido castillo de Marivent, la royal había esperado la llegada de la pareja real para volver a visitar alegremente los mercadillos de la mano de sus nietas, como el año 2018 en que hubo que enmendarse con gestos de buen rollito el patinazo familiar de la catedral de Palma. Pero la ocasión no llegó, y la emérita volvió a quedar significativamente fuera de foco.

Aquel fue, ya digo, un cordoncito sutil. De hecho, escampó un poco en otoño, y la madre del Rey volvió a su palco de los Premios Princesa de Asturias, para ser puntualmente aplaudida... como un jarrón chino en su hornacina. Menos mal que, finalmente, se hizo la tradicional foto de la familia real: Reyes, hijas y abuela. La única del año 2020.

La reina Sofía, en Oviedo junto a los Reyes y sus hijas. (EFE)

Desconozco si en Zarzuela se barruntaban el último regalito de la Fiscalía Anticorrupción -al parecer trabajaba en secreto desde hace un tiempo-, que la fiscal general se apresuró a envolver y remitir al Tribunal Supremo. Pero está claro que la Casa del Rey, cada vez más incómoda, anda con pies de plomo en previsión de irregularidades presuntas; y que el perímetro de la cuerda con que se viene protegiendo de su propia familia, ya desde el lejano caso Nóos (2014), empieza a achicarse y a ahogarle... como soga al cuello.

De poco sirve que el Estado diga y subraye que los Reyes y sus hijas no están siendo investigados. Lo esencial es que el Ministerio Público lo ha seguido haciendo sobre una materia -las finanzas de miembros aforados de la familia real- de la que el monarca estaría reputacionalmente afectado como jefe de la Casa. Lo esencial, también, es que el fiscal que va a pedir el archivo de la causa contra el rey Juan Carlos va a hacer públicas, con todo lujo de detalles, las conductas que habrían merecido su enjuiciamiento de no haber sido inviolable; lo que por lógica, llegado el caso, no excluiría que en cualquier momento hiciera lo propio con quien sí lo sigue siendo.

Desde luego, no seré yo quien rechace el sano celo investigador del Estado contra la corrupción de sus instituciones. Muy al contrario, presumiría de ello ante las más asentadas monarquías europeas. Pero puedo imaginar las altivas quejas de algún miembro del Gobierno si se viera sorprendido por una investigación... 'prospectiva' -así lo denunciaría- sobre su patrimonio, filtrada a los medios, y sin juez instructor conocido que la reclame.

Pero, sobre todo, puedo ponerme en el lugar de una Corona silente -acuérdense, símbolo y garantía constitucional de la unidad de España y del arbitraje de sus instituciones- a la que ya no va quedando cuerda, ni lastre que soltar de su kit de supervivencia. Felipe VI no se merecía todo esto.

El Rey Felipe VI y la princesa Leonor. (Limited Pictures)

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