La infanta Elena, a los 57 años: el pegamento de la familia real sin suerte en el amor
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La infanta Elena, a los 57 años: el pegamento de la familia real sin suerte en el amor

Es muy buena amiga de sus amigos, se interesa por ellos y los cuida. Recibe en su casa a sus amistades y hace una vida muy sencilla, atendiendo a sus compromisos, dedicándose a sus aficiones y paseando a su perro Tula

placeholder Foto: La infanta Elena. (EFE)
La infanta Elena. (EFE)

Todo estaba preparado aquel 20 de diciembre de 1963. El ajuar del bebé en su bolsa, y los nerviosos padres primerizos, los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía, con todo listo para el nacimiento del que podría ser el futuro Rey de España si fuera varón. Entonces no había ecografías que indicaran el sexo del niño, y hubo que esperar a las dos de la tarde, al momento mismo del alumbramiento, en la clínica Loreto de Madrid.

No fue un varón, fue una niña a la que pusieron los nombres de Elena María Isabel Dominica de Silos de Todos los Santos de Borbón y Grecia. Doña Sofía eligió el nombre de Elena por su madrina, Elena de Italia, y también por un pequeño 'capricho', una muñeca de Tino, su hermano, a la que él no hacía caso y que ella 'adoptó' y bautizó como Elena. Podría haberse convertido en la Reina de España, pero en el artículo 57 de la Constitución Española se especifica claramente que en la sucesión al trono, tiene preferencia el varón sobre la mujer.

Aquella niña de temperamento fuerte, que sacaba la lengua a los fotógrafos para que no pudieran publicar las fotos que la hacían, se convirtió en una joven que estudió en el Colegio Santa María del Camino y posteriormente cursó los estudios de Magisterio en la Escuela Universitaria ESCUNI, de Madrid, diplomándose en 1986 como profesora de Educación General Básica, especializada en Filología Inglesa. Habla inglés, francés y español, además de algo de griego y catalán.

Juan Carlos y Sofía, con su primogénita. (Getty)

Una discreta vida profesional

Llegó a ser profesora en el colegio Santa María del Camino, donde cobraba poco más de quinientos euros al mes, aunque la mayor parte de su vida profesional la ha dedicado a asistir a compromisos en numerosos actos y viajes de la familia real, a la que representó oficialmente hasta el 19 de junio de 2014. Fecha esta en la que dejó de pertenecer a ella, pasando a ser familia del Rey y dejando de recibir su asignación anual.

En el año 2008, Elena de Borbón comenzó a trabajar como directora de Proyectos de la Fundación Mapfre, donde se ocupa de diversos proyectos de integración social y laboral de personas con discapacidad psíquica y enfermedad mental, y en otras acciones de carácter solidario y social, entre las que se encuentra la organización del mercadillo solidario, actividades de voluntariado o visitas a proyectos sociales nacionales e internacionales.

Muchos la consideran especialmente empática con las personas con discapacidad; de hecho, hace décadas es presidenta de honor del Comité Paralímpico Español, habiendo asistido a todas y cada una de las ediciones, incluso la que tuvo lugar en Sídney en octubre del año 2000, apenas un mes después de haber dado a luz a su hija, Victoria Federica. La mayoría de los deportistas paralímpicos hablan maravillas de ella.

Sin suerte en el amor

Muy discreta en las cuestiones amorosas, solo se le han conocido dos relaciones. La primera con el jinete Luis Astolfi, con el que estuvo dos años y del que según sus más cercanos estuvo muy enamorada. Una relación a la que puso final el sevillano al sentirse sobrepasado por la atención mediática que despertaba. Sin embargo, siguieron manteniendo una amistad que dura hasta el momento actual, ya que ambos comparten su pasión por la hípica y coinciden en campeonatos. De hecho, Elena ha sido presidenta de honor de la quinta edición de Madrid Horse Week (MHW) y ahora asesora a Victoria, que ha heredado la afición de su madre.

Tras la ruptura con Astolfi, la infanta Elena lo pasó mal y en París conoció al que sería su marido, Jaime de Marichalar y Sáenz de Tejada, el cuarto de los seis hijos del conde de Ripalda, del que se separó doce años después, el 13 de noviembre de 2007, con la fórmula "cese temporal de su convivencia matrimonial". En la actualidad ya están divorciados. El 17 de julio de 1998 nació su primer hijo, Juan Froilán de Todos los Santos, y el 9 de septiembre del año 2000, Victoria Federica. Hay una anécdota curiosa y es que el exesposo de la Infanta se puso delante del apellido Marichalar el 'de' para parecer más aristocrático.

placeholder La infanta Elena y Jaime de Marichalar. (Getty)
La infanta Elena y Jaime de Marichalar. (Getty)

La preferida de su padre

Elena es la más parecida de toda la familia al Rey emérito y a los Borbón, quizá por ello es el ojito derecho de su padre. Espontánea como él, emocional e intensa, les gustan las mismas actividades. A ambos les encanta la caza y los toros, que disfrutan juntos siempre que pueden. También el deporte, la vela o el esquí. Mantiene con don Juan Carlos un simpático ritual para saludarse: dibujar con el pulgar una cruz en la frente del otro y después juntar los hombros, y finalmente tomarse por el antebrazo. El Rey emérito tiene una excelente relación con sus nietos Froilán y Victoria, que al ser los mayores han compartido más tiempo con él y a los que sufraga los gastos de sus estudios, al igual que hace con los hijos de la infanta Cristina.

Tras las dificultades por las que pasa la familia real, que además de representar la jefatura del Estado, es también una familia con sus problemas, como muchas, la infanta Elena se ha convertido en el nexo de unión entre su padre, al que adora, y su hermana la infanta Cristina, con la que mantiene una excelente relación. Al igual que entre sus padres, en los momentos más difíciles. Muchos la consideran el 'pegamento de la familia', porque además de querer a todos, aporta una buena dosis de serenidad y buen humor, básica para limar muchas asperezas.

placeholder El rey Juan Carlos y la infanta Elena. (Getty)
El rey Juan Carlos y la infanta Elena. (Getty)

Ha sido la única persona de la familia que ha visitado a su padre en Abu Dabi, donde reside desde el pasado 3 de agosto. Precisamente el mismo día, 22 de noviembre, cuando hizo este viaje, se cumplía el 45º aniversario de la proclamación de don Juan Carlos como Rey. Es muy seguro que la fecha no fuera elegida al azar.

La duquesa de Lugo ha antepuesto la familia a cualquier otra consideración y ha apoyado públicamente a la infanta Cristina, a quien poco después del ingreso en prisión de Iñaki Urdangarin en 2018, no dudó en ir a visitar a Ginebra, al igual que a su cuñado a la cárcel de Brieva. La relación con su madre es excelente aunque sus caracteres sean distintos. En alguna ocasión ha afirmado que ha tenido la suerte de tener una madre que es una señora con mayúsculas.

Sociable, bailona y alegre

Tras su separación, la Infanta vive en un piso junto al madrileño parque del Retiro. Algunos amigos a los que hemos consultado nos cuentan que gana en las distancias cortas, que los que la conocen y tratan la aprecian sinceramente. Es muy buena amiga de sus amigos –nos dicen-, se interesa por ellos y los cuida. Recibe en su casa a sus amistades y hace una vida muy sencilla, atendiendo a sus compromisos, dedicándose a sus aficiones y paseando por su barrio a su perro Tula, un cariñoso y apacible fox terrier.

Tiene muy buena relación con sus hijos, que cada vez son más independientes, pero también les amonesta si considera que hacen algo que no es adecuado, como cuando Victoria mostraba el tirante de su ropa interior en un acto o Froilán salía en redes sociales.

Le gusta mucho bailar, es capaz de bailar la sintonía del telediario –nos comenta un amigo suyo–. A los diecisiete años se ponía sobre una tarima en la discoteca y pasaba horas. De joven acudió al estudio de Conchita Huete en el barrio de Salamanca para aprender ballet clásico. Baila flamenco y sevillanas, y cuando escucha música española no puede dejar quietos los pies.

Es muy sentimental, se emociona fácilmente desde con una película a con una canción. Aunque a ella la da rubor, dio la vuelta al mundo su imagen llorando mientras su hermano Felipe era el abanderado de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Prefiere no mostrar sus emociones en público, como le sucede a su madre, la reina Sofia. Tiene compostura, sabe estar, muestra dignidad pero a la vez humanidad. Cuando está con gente necesitada se desvive sin sobreactuar y no olvida a quien la necesita.

No se considera una intelectual, le gusta todo lo popular, música contemporánea, lectura entretenida como los bestsellers o el cine romántico, por ello conecta tan bien con la gente. Tiene mucho sentido del humor, le encanta contar chistes, y también tiene una cierta capacidad para reírse de sí misma.

placeholder La Infanta, con su madre y sus hijos. (EFE)
La Infanta, con su madre y sus hijos. (EFE)

Cocinera y repostera que se cuida

Le gusta cocinar, sobre todo repostería y dulces. Es frecuente cuando la invitan a comer que lleve un postre hecho por ella y una botella de vino. Sobre todo prepara bizcochos. Disfruta de la cocina tradicional española, casi tanto como su padre. En una ocasión, en Palma, casi le da una indigestión de sobrasada, también le encanta la cocina italiana. Uno de sus restaurantes favoritos de Madrid es Don Giovanni, dirigido por el cocinero Andrea Tumbarello, donde también van Froilán y Victoria. Doña Elena suele elegir el carpaccio de ternera y la ensalada. Cuando sus hijos piden pizza, ella también la prueba, le encanta el tiramisú. Apenas bebe, salvo una copa de vino.

Se mantiene en forma porque cuida de su alimentación, y hace a diario una tabla de gimnasia en casa. Durante la pandemia se la ha visto aplaudir a los sanitarios desde su balcón o apoyando iniciativas como la de grabar vídeos cantando para apoyar a los sanitarios. Son muy pocas sus declaraciones públicas, pero ante la crisis del coronavirus ha dicho: "Un agradecimiento a todos los que nos ayudan, a todos los servicios públicos". También durante estos meses ha cocinado más que nunca, aunque en alguna ocasión ha pedido la comida en casa, y se ha aficionado a la costura, que la relaja.

Análisis grafológico

Según el análisis grafológico de Consuelo Anguíx en el libro 'Anécdotas muy reales' (Belacqva), “Doña Elena tiene una firma muy resuelta. De su inicial se desprende que posee una personalidad mucho más compleja e interesante de lo que, a priori, podría parecer. Es una mujer sumamente lista, con un sentido muy práctico y concreto de las cosas, por lo cual sabe sacar el mejor partido de aquello que tiene en su mano. Además, es una mujer realista, valiente, aunque un poco impetuosa e impaciente… Es muy sociable… No le gusta la soledad. Doña Elena es una mujer de su tiempo, con una marcada personalidad, que sabe perfectamente lo que quiere, y lo busca de forma directa. Le gusta participar activamente en todo aquello para lo cual se le presente la oportunidad; cuando lo hace, imprime su sello personal”.

Este 20 de diciembre, la infanta Elena cumple 57 años. En plena madurez, la hermana de Felipe VI destaca de sí misma sus valores personales: “Soy espontánea, valoro mucho la familia y los amigos, procuro vivir con intensidad lo que hago. Tengo sentido del humor y lo valoro en los demás”. En estas palabras radica su esencia, y el beneficioso efecto que irradia en la familia real.

placeholder La infanta Elena y don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (CP)
La infanta Elena y don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (CP)
Infanta Elena