Todas las veces que las casas reales han tenido que pedir perdón en público
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'No volverá a ocurrir'

Todas las veces que las casas reales han tenido que pedir perdón en público

Como humanos, los miembros de la realeza también cometen errores, lo que es menos habitual es que tengan que disculparse por ellos en público

placeholder Foto: Guillermo y Máxima de Holanda, pidiendo disculpas. (EFE)
Guillermo y Máxima de Holanda, pidiendo disculpas. (EFE)

En la memoria de todos está el momento en el que el rey Juan Carlos, mirando a cámara, decía las palabras que pasarían a la historia: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Se disculpaba así públicamente y en persona, en lugar de hacerlo a través de un comunicado, tras la polémica que suscitó su viaje a Botsuana en el año 2012, durante el que se fracturó la cadera, teniendo que ser intervenido.

Por raro que resulte ver cómo un miembro de la realeza reconoce su error y, con humildad, pide disculpas como el caso de don Juan Carlos, esta no ha sido la única vez que hemos podido presenciar un hecho de estas características. Los motivos han sido variados, pero también las reacciones suscitadas, así como la forma de disculparse. Por eso hemos querido recordar algunos de esos momentos que ya forman parte de la historia.

placeholder El rey emérito, don Juan Carlos I. (Getty)
El rey emérito, don Juan Carlos I. (Getty)

Hay disculpas necesarias y de carácter histórico, como las que pronunció el rey de los belgas en el año 2020, durante el 60 aniversario de la independencia del Congo. En una carta enviada al presidente de la República Democrática del Congo expresaba “mis lamentaciones más profundas por estas heridas del pasado, el dolor de las cuales se reaviva par las discriminaciones aún hoy demasiado presentes en nuestras sociedades”.

Algo similar hizo Alberto de Mónaco en el año 2015, pidiendo disculpas por el papel de su país en la deportación de judíos a los campos de concentración nazis. “Decir esto hoy en día es reconocer un hecho. Decir esto hoy, delante de ustedes, es una petición de perdón”, entonó durante un acto en el que se desveló un monumento en honor a las víctimas. A pesar de estos ejemplos, no todas las disculpas han tenido un carácter tan institucional.

placeholder Haakon y Mette-Marit, en una imagen de archivo. (EFE)
Haakon y Mette-Marit, en una imagen de archivo. (EFE)

La mayoría de las veces que miembros de la monarquía han tenido que disculparse ha sido a raíz de algún desliz en sus vidas privadas. Por ejemplo, Haakon de Noruega tuvo que pedir disculpas en 2016 por alquilar cinco viviendas de su residencia sin tener los permisos requeridos. Lo hizo a través de un comunicado en el que asumía toda la responsabilidad: “El príncipe heredero pide perdón por el alquiler sin permiso”.

Tiempo después, en 2019, su mujer tuvo que hacer lo propio, esta vez por reunirse en varias ocasiones con Jeffrey Epstein entre 2011 y 2013. “Nunca hubiera tenido nada que ver con Epstein si hubiera sido consciente de la gravedad de sus actos criminales. Debería haber investigado su pasado y lamento no haberlo hecho”, decía Mette-Marit en un comunicado que hacía llegar al periódico ‘Dagens Næringsliv’, medio que reveló sus reuniones.

placeholder Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, en una imagen de archivo. (EFE)
Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, en una imagen de archivo. (EFE)

Con un escueto “lo lamento de verdad”, el rey Carlos Gustavo de Suecia reconocía que sus infidelidades afectaban a su credibilidad y la de la institución. Aunque nunca llegó a confirmarlas directamente, tampoco desmentía lo que se había publicado en 2010 sobre pasados romances, y daba a entender que eran cosa del pasado y que su mujer, la reina Silvia, ya lo había perdonado.

También un escándalo ha llevado a reconocer sus errores a Ernesto de Hannover, al confesar ante el juez que asumía “toda la responsabilidad, estoy muy arrepentido por lo ocurrido y estoy dispuesto a pagar los daños. No recuerdo parte de lo sucedido”. Esto no le ha evitado ser condenado a 10 meses de prisión y a dejar el alcohol.

placeholder Nicolás de Dinamarca, en una imagen de archivo. (Getty)
Nicolás de Dinamarca, en una imagen de archivo. (Getty)

Mucho menos delictivo fue el detalle que llevó a la Corona danesa a publicar un comunicado pidiendo disculpas por las acciones de Nicolás de Dinamarca, nieto mayor de la reina Margarita. El joven aparecía en una fotografía que se hizo viral en la que parecía apoyar a una empresa privada, algo que no sentó muy bien. “Los miembros de la familia real no comercializan empresas o productos. El príncipe Nicolás pide disculpas por el error cometido”, rezaba el comunicado.

Aunque siempre correctos, esta no ha sido la única vez que la Casa Real danesa se ha visto en la obligación de pedir disculpas. En agosto del año pasado Mary de Dinamarca tuvo que pedir perdón tras sufrir un lapsus y estrechar la mano de director del acuario Kattegatcentret, sin percatarse de que, debido al coronavirus, esto es imprudente cuando menos.

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Máxima de Holanda, en una imagen de archivo. (Getty)

También relacionado con las medidas de seguridad que todos debemos cumplir, los reyes de Holanda tuvieron que entonar el mea culpa. Máxima y Guillermo se fueron de vacaciones a Grecia tras las restricciones impuestas por el Gobierno de su país. A través de un vídeo, la pareja reconocía su error: “Estamos entregados, pero no somos infalibles”, aseguraba el monarca.

Errores cometidos de forma no deliberada, pero que provocan una gran conmoción en la opinión pública, como el día en el que el príncipe Harry escogió disfrazarse de oficial nazi. “Siento mucho si he ofendido a alguien. Fue una mala elección del traje y pido disculpas por ello”, se podía leer en el comunicado que hizo pública la Casa Real en el año 2005.

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Los príncipes Guillermo y Harry, en una imagen de archivo. (Getty)

Su hermano Guillermo también se vio obligado a pedir disculpas en el año 2009, pero en esta ocasión por una cuestión más ligera y frívola. Es tradición que la familia real felicite por su cumpleaños a los súbditos que superan los 100 años, pero una anciana británica escribió a la reina para quejarse, porque en los últimos cinco años había estado recibiendo la misma tarjeta. El príncipe Guillermo acudió en persona a su residencia para asegurarle que no pasaría más.

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