La buena relación de la reina Sofía y sus nietas Leonor y Sofía, forjada por Felipe VI
Las hijas de los Reyes aparecieron del brazo de su abuela en Marivent en un momento en el que doña Sofía sufre por el deterioro de salud de su hermana, la princesa Irene
La reina Sofía, con sus nietas Leonor y Sofía en Marivent. (Europa Press)
Ha sido una tradición familiar desde que los bebés Leonor y Sofía llegaron al mundo: cada semana, al menos una vez, las hijas de los Reyes acudían a casa de su abuela, la reina Sofía, el Palacio de La Zarzuela, a un kilómetro de su residencia, el Pabellón del Príncipe, acompañadas por su padre. Desde que Leonor nació -y su hermana la siguió poco después- esa rutina se convirtió en costumbre.
El rey Felipe ha sido el artífice de una relación estable, sólida y cercana entre su madre y sus hijas. Las niñas han conocido a doña Sofía en la intimidad, en el entorno doméstico, lejos de los focos y las obligaciones oficiales. Las visitas se mantuvieron de forma constante hasta que ambas se fueron a estudiar fuera.
Los Reyes, seguidos de sus hijas y la reina Sofía. (Europa Press)
Así lo confirman a Vanitatis fuentes que han sido testigos de esos encuentros semanales. Testigos silenciosos, que no son parte de la Familia Ral, sino que les acompañan en su día a día y han visto, informan, cómo cuando eran pequeñas, por ejemplo, saludaban a su abuela con una reverencia, un gesto que enternecía a doña Sofía, tan amante del protocolo.
Convivido en Zarzuela
La relación de las niñas con su abuela ha sido siempre buena, y en esa ecuación ha tenido un papel importante también la princesa Irene de Grecia, hermana inseparable de doña Sofía, que ha convivido durante años en Zarzuela y ha visto crecer a sus sobrinas nietas de cerca.
Incluso en la adolescencia -una etapa en la que los hijos suelen girar su atención hacia los amigos y la independencia- el rey Felipe seguía llevando a sus hijas a ver a su madre. Además, el monarca acompañaba a doña Sofía a misa los domingos siempre que podía, y en muchas de esas ocasiones lo hacía junto a una o ambas hijas.
Paloma Rocasolano con la princesa Leonor, en una imagen de archivo. (EFE)
Igualmente, Leonor y Sofía también han mantenido una estrecha relación con su abuela materna. Paloma Rocasolano, madre de la reina Letizia, ha hecho incluso de canguro en más de uno de los viajes oficiales de los Reyes. Doña Letizia, mucho más familiar en ese sentido que su marido, siempre ha tenido claro que no quería que sus hijas crecieran en un entorno de palacio con mucho servicio, pero con poca familia.
Apenas un kilómetro
El trayecto entre el pabellón del Príncipe -actual residencia de los Reyes- y el pabellón de la Reina Sofía, a apenas un kilómetro de distancia, ha sido escenario de esas visitas semanales que se han replicado cada verano en Palma de Mallorca, donde también se ha visto la buena sintonía entre abuela y nietas.
La infanta Sofía, Irene de Grecia, Tatiana Radziwill, la princesa Leonor y la Reina Sofía, el verano pasado. (Europa Press)
Esta misma semana, esa cercanía se ha hecho pública una vez más. La Reina Sofía ha pasado apenas 48 horas en el Palacio de Marivent para asistir a la tradicional recepción veraniega. Lo llamativo, además de su su presencia, ha sido la forma en que Leonor y Sofía han aparecido agarradas del brazo de su abuela, cariñosas y afectuosas, dando a entender que querían acompañarla especialmente en estos momentos complicados. Fuentes cercanas aseguran que doña Sofía está sufriendo por el deterioro de salud de su hermana Irene, su inseparable confidente y compañera de vida.
Ha sido una tradición familiar desde que los bebés Leonor y Sofía llegaron al mundo: cada semana, al menos una vez, las hijas de los Reyes acudían a casa de su abuela, la reina Sofía, el Palacio de La Zarzuela, a un kilómetro de su residencia, el Pabellón del Príncipe, acompañadas por su padre. Desde que Leonor nació -y su hermana la siguió poco después- esa rutina se convirtió en costumbre.