De Mirko de Bulgaria con el bisturí a la faceta artística de Boris: los brillantes nietos de Simeón II y Margarita Gómez-Acebo
Once herederos que, entre la medicina, el arte, la música y la disciplina académica, encarnan la nueva generación de la familia real búlgara
En tiempos en los que gran parte de los herederos aristocráticos abogan por la discreción o las pasiones artísticas, los tres descendientes de Kubrat de Bulgaria y Carla Royo-Villanova han sorprendido por un denominador común: el esfuerzo académico. Mirko de Bulgaria, el primogénito del matrimonio, ha culminado su residencia en el Hospital Clínico San Carlos y empieza su andadura como cirujano general y del aparato digestivo en Madrid. Este logro no solo evidencia su preparación. También está vinculado con la vocación médica de su progenitor, que, como se publicó, fue pionero en el uso del láser quirúrgico en Madrid.
El camino de Mirko parece que siempre ha estado marcado desde joven. El royal estudió Medicina en la Universidad de Navarra y realizó prácticas de cirugía cardiotorácica en el Royal Brompton Hospital de Londres. Después se especializó en cirugía general y aparato digestivo tras un lustro de residencia en el Clínico San Carlos. Ahora, con la bata puesta en el Hospital Nuestra Señora del Rosario, el vástago de Kubrat y Carla Royo-Villanova encarna el modelo de profesional discreto y eficaz, capaz de trazar su trayectoria más allá del foco. Así, su currículum lo sitúa entre los jóvenes a seguir en una nueva generación de médicos formados en hospitales punteros.
Cabe apuntar que el mérito es familiar. Su hermano Lukas también ha elegido la medicina como vocación y se proyecta hacia la psiquiatría, la especialidad que escogió tras licenciarse en Navarra. En este caso, el joven ha optado por la comprensión del mundo interior, una faceta que dista bastante de la de Mirko, quien representa la precisión del bisturí. Por otro lado está el benjamín de la familia, Tirso, quien estudia Telecomunicaciones y ya se le ha vinculado a firmas de consultoría tecnológica como Deloitte. Los tres tienen trayectorias que dibujan un mismo retrato: el de una familia que empuja a cada descendiente hacia su ámbito de realización.
Pero no son los únicos que han destacado en distintos ámbitos. Los hijos de Kardam de Bulgaria y Miriam de Ungría también lo han hecho. Por una parte está Boris, el primogénito y heredero del título de príncipe de Tarnovo, quien ha encontrado su vocación en el arte contemporáneo. Parte de su formación fue en Londres. Aunque no todo se limita a la ciudad británica. El royal ha expuesto sus obras en Madrid, Sofía y otras capitales europeas. En cambio, su hermano pequeño, Beltrán, ha optado por la Economía y las Ciencias Políticas. Así, ha apostado por un perfil más académico, reservado y alejado del foco mediático.
La rama de Kyril de Bulgaria y Rosario Nadal es, quizá, la más cosmopolita. Mafalda, la primogénita, se graduó en el Berklee College of Music de Boston y ha desarrollado una carrera como cantautora que incluye giras en Nueva York, Londres y Madrid. En cambio, Olimpia se formó en la Georgetown University y, con el paso de los años, ha logrado convertirse en una figura habitual de los desfiles de moda y del circuito cultural europeo. Así, ha conseguido aunar su formación académica con la proyección social. El tercero de los vástagos, Tassilo, se ha instruido en Reino Unido y ha orientado sus pasos hacia la gestión empresarial. Es el más discreto de los hermanos.
En el caso de Umberto y Sofía, los hijos nacidos del matrimonio entre Konstantin de Bulgaria y María García de la Rasilla, ambos han mantenido un perfil bajo. Umberto se ha orientado hacia las Ciencias Sociales, mientras que Sofía ha preferido un itinerario académico vinculado a las Humanidades. Esta discreción mediática, que dista con la exposición de algunos de sus primos, confirma la apuesta de esta rama de la familia por una educación sólida y alejada de cualquier frivolidad.
La última y más joven de las ramas es la de Kalina de Bulgaria y el explorador Kitín Muñoz. Su vástago, Simeón Hassan, que nació en 2007, acaba de graduarse del Bachillerato Internacional. También ha manifestado que uno de sus sueños es convertirse en militar de élite. Incluso ya habría comenzado a preparar su carrera militar para, algún día, llegar a ser un boina verde. Cabe señalar que habla cinco idiomas: español, inglés, francés, árabe y búlgaro. Así, a su corta edad, representa la continuidad de una generación que, aunque diversa en vocaciones, comparte el sello de la exigencia. Su figura encarna el vínculo entre la modernidad y la tradición que caracteriza a los descendientes de Simeón II.
En tiempos en los que gran parte de los herederos aristocráticos abogan por la discreción o las pasiones artísticas, los tres descendientes de Kubrat de Bulgaria y Carla Royo-Villanova han sorprendido por un denominador común: el esfuerzo académico. Mirko de Bulgaria, el primogénito del matrimonio, ha culminado su residencia en el Hospital Clínico San Carlos y empieza su andadura como cirujano general y del aparato digestivo en Madrid. Este logro no solo evidencia su preparación. También está vinculado con la vocación médica de su progenitor, que, como se publicó, fue pionero en el uso del láser quirúrgico en Madrid.