La historia de la princesa Irene: la Tía Pecu y su íntima unión a los nietos de la reina Sofía
Las noches en Zarzuela, la convivencia con Irene Urdangarin, la relación estrecha con Leonor y Sofía, y una amistad clave entre primas: la vida de la princesa y sus sobrino-nietos
Victoria de Marichalar e Irene Urdangarin, en el funeral de la princesa Irene, en Madrid. (Europa Press)
Es una imagen que se repite en casi todas las casas de este país: los nietos pasando una noche en casa de los abuelos. También sucedía en el Palacio de la Zarzuela. En su caso, la ‘pijamada’ era de chicas. Como Irene Urdangarin vivía fuera de España, viajaba a Madrid y se quedaba unos días con su abuela y con sus primas madrileñas, Victoria de Marichalar y Leonor y Sofía de Borbón. Aquellas fiestas de pijama las organizaba la reina Sofía y en ellas estaba siempre su hermana, la princesa Irene de Grecia, fallecida la semana pasada.
La relación de todos los nietos de los reyes eméritos con la princesa griega era muy estrecha y ha quedado demostrada estos días, especialmente el lunes, durante el funeral celebrado en Grecia. Allí se pudo ver a todos muy afectados, e incluso a Pablo Urdangarin llorando, con ese gesto contenido que recuerda al de un niño.
El funeral de Irene de Grecia, en Atenas, en lunes. (EFE /Mariscal)
Que la llamaban Tía Pecu (de peculiar) no es una sorpresa, era una licencia familiar ni un apodo creado con el tiempo. Es un hecho documentado. En los correos electrónicos privados del caso Nóos incorporados al sumario judicial aparece al menos un mensaje de Iñaki Urdangarin dirigido a la reina Sofía en el que pregunta directamente cómo se encuentra Tía Pecu. Así se referían a ella dentro de la familia, con naturalidad y cariño. Un diminutivo que a la princesa Irene le hacía gracia y que asumía con ese humor discreto que la caracterizaba.
Tía Pecu era una figura muy especial dentro del núcleo familiar. Cariñosa con los Urdangarin, los Marichalar y los Borbón, tenía un carácter poco adaptado a los códigos rígidos de la realeza europea. Nacida en Ciudad del Cabo y criada entre la India y palacios desvencijados, entre ratas y joyones de vapor incalculable, la hermana de la reina Sofía conservó siempre un aire bohemio, algo hippie, que fascinaba a sus sobrinos nietos.
Cada uno, una historia
La relación con cada uno de ellos fue distinta. Leonor y la infanta Sofía fueron quienes más la veían por una cuestión de cercanía, puesto que llevaba décadas instalada en Zarzuela en casa de su hermana. Tenía su propia zona y hasta sus propios escoltas. Se ha dicho muchas veces que la reina Sofía ve poco a sus nietas, pero lo cierto es que mientras ambas vivían en Madrid, mantuvo una relación constante con ellas. El rey Felipe siempre ha procurado que sus hijas visitaran a su madre al menos una vez por semana cuando residían en el Palacio de la Zarzuela, y eso implicaba también el contacto habitual con la princesa Irene, hacia quien ambas sentían un profundo cariño y admiración.
Con los Urdangarin el vínculo fue incluso muy intenso. Tras su marcha de España y durante los años marcados por el caso Nóos, necesitaron más apoyo familiar que el resto de los nietos, y ese respaldo llegó, sobre todo, de los abuelos, en especial de doña Sofía. Mientras, los Marichalar, a quienes en la familia en ocasiones se ha visto más descolgados, también encontraron en sus abuelos un apoyo constante y firme.
En los últimos tiempos, además, la relación de la benjamina de la infanta Cristina se intensificó todavía más por la convivencia. Irene vivió en Zarzuela durante algo más de un año tras finalizar sus estudios en Ginebra, lo que estrechó el vínculo con su abuela y con su tía abuela. Compartían comidas y cenas fuera de palacio, paseos por los jardines de palacio y una cotidianidad poco habitual en una familia marcada por agendas y protocolos.
Esa cercanía se reforzó también cuando Leonor y Sofía se encontraban en Madrid, lo que permitió que las primas mantuvieran una relación fluida y natural. En ese núcleo ocupa un lugar central Victoria de Marichalar, prima y, además, mejor amiga de Irene Urdangarin.
Lo que han hecho Victoria e Irene ha sido replicar, casi de forma natural, la relación que mantienen las infantas Elena y Cristina. Son hermanas, pero también grandes amigas. Victoria e Irene son primas y, además, grandes amigas. Una amistad que han intentado extender siempre a su alrededor y que han procurado mantener también con la princesa Leonor y con la infanta Sofía. Aunque la vida las haya llevado por caminos muy distintos -especialmente a Irene, marcada por el caso Nóos-, ese vínculo entre primas ha resistido el paso del tiempo y las circunstancias.
Es una imagen que se repite en casi todas las casas de este país: los nietos pasando una noche en casa de los abuelos. También sucedía en el Palacio de la Zarzuela. En su caso, la ‘pijamada’ era de chicas. Como Irene Urdangarin vivía fuera de España, viajaba a Madrid y se quedaba unos días con su abuela y con sus primas madrileñas, Victoria de Marichalar y Leonor y Sofía de Borbón. Aquellas fiestas de pijama las organizaba la reina Sofía y en ellas estaba siempre su hermana, la princesa Irene de Grecia, fallecida la semana pasada.