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la ultraderecha vence en el país

Michelle Bolsonaro: así es la primera dama de Brasil que habla lengua de signos

La llamada 'era Bolsonaro' comenzó este martes con ella hablando lengua de signos y mostrando una faceta solidaria que le viene de lejos

Foto: Michelle Bolsonaro junto a su marido en la toma de posesión.(CORDON)
Michelle Bolsonaro junto a su marido en la toma de posesión.(CORDON)
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La mujer de Jair Bolsonaro es una mujer de pocas palabras. Sin embargo, este día de Año Nuevo, en la ceremonia en la que su marido tomó posesión de su cargo, se ha saltado los protocolos y ha demostrado que sí que tiene cosas que decir. La primera dama de Brasil se dirigió a los brasileños en lengua de signos, la cual aprendió gracias a su madrastra. En su estreno, Michelle Bolsonaro ha querido reflejar lo comprometida que está con muchas causas solidarias. Tampoco pasó desapercibido su vestido rosáceo, con el que parecía preparada para ir a una entrega de premios.

La recién estrenada primera dama de Brasil tiene 38 años, es guapa, inteligente y su diferencia de edad con el mandatario de Brasil (es 25 años más joven que él) nunca ha sido un impedimento para ella. Ambos se conocieron en la Cámara de Diputados en 2007 cuando ella ejercía de secretaria parlamentaria. Su noviazgo fue exprés, ya que apenas seis meses después de encontrarse ya se estaban casando. Aquello ocurrió en 2007. En 2013 celebraban una nueva y sencilla ceremonia religiosa ante unos 150 invitados.

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Poco después de salir juntos, el exmilitar Bolsonaro se aseguró de darle trabajo como asesora de su partido nada más llegar al poder. La polémica acompañó al cargo desde el principio, ya que la justicia acusó al político de nepotismo al triplicar el sueldo de su esposa. Eso fue lo que la acabó apartando de la administración pública.

Jair Bolsonaro y su esposa Michelle. (EFE)
Jair Bolsonaro y su esposa Michelle. (EFE)

Desde entonces, Michelle se las ha apañado para permanecer en un segundo plano y no llamar demasiado la atención. Máxime teniendo en cuenta las incendiarias declaraciones de su marido, que no se suele caracterizar por su sutileza precisamente. Sin embargo, cuando ha tenido que imponer sus reglas lo ha hecho. Por ejemplo, cuando en 2011 tuvo a su hija Laura incitó a Bolsonaro a deshacer su operación de vasectomía. Desde entonces, los dos viven en una casa residencial de Barra de Tijuca, una de las zonas privilegiadas de Río de Janeiro, una ciudad que se caracteriza por la abundancia de zonas conflictivas.

Como buena mujer de presidente, cumple una tradición: la de entregarse a las causas filantrópicas. Michelle ayuda activamente a la Iglesia Bautista y se entrega en cuerpo y alma a las actividades humanitarias. En 2003, cuando tenía 23 años y Bolsonaro aún no se había cruzado en su vida, viajó a Bahía participando en una misión humanitaria de cara a ayudar a comunidades necesitadas. Michelle nunca ha querido ser un simple florero al lado de un hombre con poder. La mejor prueba de su carácter humanitario e independiente es su trabajo como intérprete en el lenguaje de signos, fruto de una preparación exhaustiva.

Bolsonaro levanta el brazo de la victoria junto a su esposa. (EFE)
Bolsonaro levanta el brazo de la victoria junto a su esposa. (EFE)

Desde que la justicia brasileña la apartase de la actividad pública, ha preferido estar en la retaguardia y solo ha participado en la campaña electoral de su marido en contadas ocasiones. Cuando lo hizo, tres días antes de la segunda vuelta electoral entre él y Fernando Haddad, todo fueron elogios para él. “Es un ser maravilloso”, comentó. También estuvo a su lado de manera pública cuando este fue apuñalado en Juiz de Fora el 6 de septiembre, un incidente que estuvo a punto de costarle la vida al hoy electo presidente de Brasil.

Pese a todo, nadie espera verla de manera activa en actividades que tengan que ver con su marido. Algunos medios, de hecho, destacan su carácter discreto y su indumentaria sencilla frente a la imagen avasalladora de Bolsonaro, bastante aguerrido a la hora de defender valores tradicionales y familiares. De hecho, por eso mismo muchos la comparan ya con Melania Trump: la típica mujer que tiene que salvar los trastos de un marido marcado por la polémica. Y para ella esa actividad, nada fácil, no ha hecho más que empezar.

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