Cantinflas, cinco casas, avión privado y una colección de arte: la gran disputa por la herencia de Mario Moreno
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Cantinflas, cinco casas, avión privado y una colección de arte: la gran disputa por la herencia de Mario Moreno

Sus nietos siguen peleando, a día de hoy, por una herencia que ha pasado de mano en mano desde que el artista falleció en 1993. Esta es la historia

placeholder Foto: Mario Moreno, Cantinflas, en una imagen de archivo. (Getty)
Mario Moreno, Cantinflas, en una imagen de archivo. (Getty)

Queda poco más de un año para que México vuelva a recordar a una de sus grandes leyendas. Mario Moreno (o Cantinflas, para entendernos) cumpliría cien años en 2022 y, a unos cuantos ya de su muerte (falleció el 20 de abril de 1993 a los 81), su recuerdo sigue muy presente, no solo en los mexicanos sino en los ciudadanos de todo el mundo.

También colean las trifulcas en torno a su impresionante patrimonio, que ha hecho que muchos de sus herederos sigan en pie de guerra. El ‘New York Times’ fue el encargado de enumerar, en su día, la cuantiosa herencia: cinco casas, una cadena de peluquerías y varios salones de belleza, además de una colección de arte privada, un avión privado, una finca de unas 400 hectáreas llamada La Purísima y varios automóviles y apartamentos en la ciudad de Acapulco. A ello habría que sumar unos 70 millones de dólares y los derechos de unas películas que, en pleno siglo XXI, siguen dando dinero. ¿Qué pasó con todo ese arsenal de posesiones?

placeholder El hijo de Cantinflas, en 2011. (EFE)
El hijo de Cantinflas, en 2011. (EFE)

Durante años, Eduardo Moreno Laparade, sobrino del artista, peleó contra el único hijo de este, Mario Arturo Moreno Ivanova, por la herencia. Laparade aseguraba que su tío le había legado los derechos cinematográficos de las películas poco antes de morir. La Corte Suprema de México le acabó dando la razón en 2014. Pero el daño entre primos estaba hecho: un cruce de declaraciones a cada cual más horrible y docenas de horas en los tribunales que los enemistó para siempre. Laparade alegaba que la parte de la fortuna que había sido cedida al hijo fue, supuestamente, malgastada y perdida para siempre.

La disputa, además, acabó destapando muchos datos desagradables en la prensa. Por ejemplo, las supuestas adicciones de Moreno Ivanova, causantes según algunos medios del despilfarro de la herencia. El apurado hijo de Cantinflas no tardó en defenderse, alegando que eran las triquiñuelas de los bancos, que se las habían apañado para arañar gran parte del dinero de su padre, las responsables de la pérdida. Moreno Laparade, sin embargo, pensaba de forma bien distinta, tal y como reveló a ‘El País’ en 2012: “Sí, Mario Moreno Ivanova era el dueño de casi todo lo de mi tío, pero se lo tiró, se lo metió todo por la nariz”, dijo sin fisuras.

Moreno Ivanova falleció en 2017 de un infarto fulminante y sin dirigirle la palabra a su primo. El patrimonio de su padre que aún le quedaba recayó, para más inri, en Tita Marbez, su tercera esposa, separada de él en el momento del fallecimiento y, de forma súbita, heredera universal de los bienes.

A los tres hijos de Moreno Ivanova, a su vez nietos de Cantinflas, no les ha hecho ninguna gracia que una mujer a la que consideran ajena a la familia, se quede con los recuerdos del artista. “No estamos yendo por las cosas de mi papá sino por las de mi abuelo, y no las cosas materiales ni económicas sino lo sentimental, su imagen, los derechos que se tienen hacia el personaje y las cosas de valor, la memorabilia, como sus zapatos y su gabardina”, asegura Mario, el mayor de los tres nietos y, a juzgar por las informaciones de varios medios, el único capaz de mantener cierta serenidad.

placeholder Los tres nietos de Cantinflas, en 2017. (EFE)
Los tres nietos de Cantinflas, en 2017. (EFE)

Y es que, a los problemas judiciales de la familia, se unen los de las adicciones de los otros dos nietos del artista, Gabriel y Marisa Moreno, que han pasado esta Navidad, según informó ‘El Mundo’, en una clínica de desintoxicación.

Su propio padre, Moreno Ivanova, tampoco les ayudó. Cuentan que, siendo ellos unos niños, crecieron en un entorno de violencia soterrada. Los medios señalan que el malgasto del patrimonio de Cantinflas tuvo una razón obsesiva: contratar abogados y vencer a su primo en los tribunales. Tenía especial empeño en recuperar los derechos de las películas, que siempre consideró suyos. Tras la guerra interminable y las malas decisiones, son los nietos de Cantinflas los que sufren hoy por hoy las consecuencias. Ahora su enemiga es la que fuese mujer de su padre, mientras que el primo de este, aún en posesión de los derechos de las cintas, parece haber pasado página.

Con el batiburrillo judicial todavía caliente, es un hecho que gran parte del patrimonio de lo que fue Mario Moreno amenaza con evaporarse a causa de las batallas campales que mantienen sus familiares. Mientras tanto, el mito de Cantinflas sigue creciendo ajeno a las polémicas mundanas.

Nacido en México en el año 1911 y miembro de una familia humilde, desde el principio fue testigo de la desigualdad entre ricos y pobres e infundió esa experiencia a su eterno personaje: el del bajito bravucón de la clase popular. Pese a su popularidad, no siempre despertó las simpatías de todo el mundo. El primero en sacar a pasear los fantasmas del genio fue Guillermo Cabrera Infante. Cuando Mario Moreno falleció en 1993, el autor afirmó, con todas las letras, que era “insoportable”. El calificativo se lo había ganado cuando intentó entrevistarle y Cantinflas se mostró bastante reacio y antipático a la hora de tocar ciertos temas, incluidas sus propias películas.

Más allá de las oscuridades de su vida, Mario Moreno proporcionó alegría a millones de personas que necesitaban reír con su personaje. También acuñó una de las frases más populares del siglo XX. “Algo malo tendrá que tener el trabajo, si no, los ricos lo habrían acaparado”. Una muestra imperecedera de su ingenio, que permanecerá en el recuerdo pese a las interminables noticias sobre su herencia.

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