El Festival de Venecia desde dentro: crónica de una ‘dolce vita’ perpetua (junto a JLo)
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UNA EXPERIENCIA ÚNICA

El Festival de Venecia desde dentro: crónica de una ‘dolce vita’ perpetua (junto a JLo)

Lo divino y lo humano se abrazan en esta fiesta pagana de la cultura, donde casi todo es fascinante. El Festival de Venecia, del que Lexus es su principal patrocinador, merece ser vivido desde dentro

placeholder Foto: Jennifer Lopez y Ben Affleck en la alfombra roja de la 78 edición del Festival de Venecia. (Getty)
Jennifer Lopez y Ben Affleck en la alfombra roja de la 78 edición del Festival de Venecia. (Getty)

A mediodía de este jueves, según informan varios medios internacionales, un watertaxi llamado Confusión (hay casualidades que son regalos del Señor) recorría a toda velocidad las aguas que separan el aeropuerto Marco Polo del centro de la ciudad de Venecia. En dicha lancha viajaban dos estrellas (alguna que otra vez también se han estrellado) que han hecho correr estos últimos meses ríos de tinta en el mundo del colorín por reavivar la llama de un antiguo romance.

Foto: Ben Affleck y JLo. (Getty)

Hablamos, claro, de Ben Affleck y Jennifer Lopez. No se puede no hablar de ellos en este momento. Y por eso probablemente estaban estos días en Venecia, en el marco del festival de cine más longevo del mundo, porque durante esta semana si eres alguien tienes que estar allí. Venecia es el epicentro cultural de Occidente, pero dicha efervescencia metafísica va inexorablemente ligada a lo corpóreo, al deseo carnal y a todas las bondades (muchas) de lo frugal.

placeholder Ben Affleck y Jennifer Lopez en el watertaxi, en el Festival de Venecia. (Getty)
Ben Affleck y Jennifer Lopez en el watertaxi, en el Festival de Venecia. (Getty)

De esa dualidad hablaba por ejemplo ‘La dolce vita’, la obra maestra de Fellini, ese “provinciano” (así se consideraba él mismo) con hambre de filosofía. ‘La dolce vita’ se desarrolla en Roma y no en Venecia, y ganó la Palma de Oro en Cannes, el festival rival, pero lo cierto es que ese viaje por capítulos a la noche, el amanecer y el día de una ciudad tan promiscua a veces como santa en otras define a la perfección lo que se vive estos días en el Festival de Venecia.

Para muestra de esta relación de espejos entre realidad y ficción, un botón. Mientras Ben y JLo se entregaban al amor en el espacio público de los canales que recorren la ciudad, otra lancha, en paralelo, les perseguía. Sobre ella un grupo de paparazzi se peleaba por la foto más preciada de la pareja, la del beso. No todo el mundo sabe que este término, ‘paparazzi’, fue acuñado para definir a los fotógrafos a la caza de una exclusiva precisamente gracias a la imaginación de Fellini y al célebre personaje de ‘La dolce vita’ llamado Paparazzo.

Esta vez, los retratados no lo iban a poner difícil. Para JLo más siempre es más. Eso ya nos había quedado claro el pasado 30 de agosto precisamente en Venecia, cuando apareció vestida con un lookazo de Dolce & Gabbana a las puertas del Palacio Ducal para el desfile de alta costura de la marca. Así que la cantante y actriz se mostró efusiva con su pareja y se entregó al amor sobre una lancha que surcaba las aguas del glamour, camino del Lido, donde él debía presentar un día después la película en la que participa, ‘The Last Duel’ (‘El último duelo’), dirigida por Ridley Scott. De nuevo, lo divino y lo humano dándose la mano. Con los años, algunos recordarán las películas de esta edición, otros los besos de amor en los canales. Para bien o para mal, eso es el Festival de Venecia.

placeholder Jennifer Lopez llegando a la fiesta de Dolce Gabbana. (Instagram)
Jennifer Lopez llegando a la fiesta de Dolce Gabbana. (Instagram)

20 metros de poliéster

La ciudad es una ‘dolce vita’ constante durante los días que dura el festival, digna de ser disfrutada en todo su exceso y capacidad de fascinación. Ya si te alojas en uno de los hoteles más lujosos de la zona, los que están relacionados con el festival, la experiencia puede ser 360. Podría pasarte incluso como al director de cine Michael Moore, que subió a pedir explicaciones al vecino de habitación por el ruido y le abrió la puerta el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Acabaron la noche tomando tequila.

Al atardecer, los canales de camino al Lido se convierten en un ir y venir de watertaxis cargados de estrellas y cinéfilos. Ya por la noche, con todas las lanchas compitiendo a gran velocidad, uno tiene la sensación de estar grabando un capítulo de ‘Corrupción en Miami’. Vives en tensión esperando a que alguien empiece a tirar los fardos por la borda o se encienda la luz azul de la policía. Todo ese exceso, incluso de kilómetros por hora, forma parte del paquete.

Vivir el festival desde dentro, accediendo al hotel Excelsior, te garantiza estar en el meollo antes y después de las proyecciones. Esos días, el hotel es un ir y venir de de gentes de toda procedencia y condición, JLo y Ben Affleck incluidos. Una torre de Babel bañada por el mejor champán. Las chicas entran y salen de los corners que colocan estratégicamente por allí las grandes marcas de cosméticos para el último retoque antes de la alfombra, el momento estelar.

Apenas son 20 metros de tela roja, pero quién no ha soñado alguna vez con una lluvia de flashes que se activa justo en el momento en el que tú pisas el poliéster o posas cual diva al lado del cochazo que patrocine el festival, en este caso Lexus. Un centenar de profesionales de la prensa, todos vestidos rigurosamente de negro, uniformados y ordenados en las gradas casi por orden alfabético, esperan para inmortalizar ese momento. En un festival de cine la estética es importante, claro.

placeholder Jennifer Lopez y Ben Affleck junto al coche Lexus en el Festival de Venecia, (Getty)
Jennifer Lopez y Ben Affleck junto al coche Lexus en el Festival de Venecia, (Getty)

También la ética. Aunque eso normalmente se deja ya para el interior de las salas. Ir a un estreno en Venecia es una lotería, como en todos los festivales. La calidad media de los filmes es muy buena, pero algunos pueden pecar de exceso metafísico, como ocurrió este jueves por la noche con el estreno de ‘América Latina’, de los hermanos Damiano y Fabio D'Innocenzo. A la mitad de la sala la película no le gustó. A la otra mitad, ni le pareció bien ni le pareció mal, porque estaba probablemente dormida.

Estas cosas pasan en los festivales. Pero al salir a los jardines del Excelsior uno se toma un vino y la vida vuelve a ser maravillosa en Venecia. Porque el alcohol, como el cine, en ocasiones puede resultar sanador.

De nuevo esa dicotomía. De nuevo ‘La dolce vita’. Por muy mala que sea una película, siempre nos quedarán los besos en los canales de JLo y Ben Affleck.

placeholder Sophia Loren en el Festival de Venecia de 1958. (Getty)
Sophia Loren en el Festival de Venecia de 1958. (Getty)

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