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El lado más personal de Jane Goodall, más allá de los chimpancés: la mujer detrás de la científica
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El lado más personal de Jane Goodall, más allá de los chimpancés: la mujer detrás de la científica

Detrás de la científica admirada había una mujer con sueños infantiles, afectos profundos y pérdidas que marcaron su vida; un lado íntimo que revela tanto como sus descubrimientos en la selva de Gombe

Foto: Jane Goodall (Jane Goodall Institute)
Jane Goodall (Jane Goodall Institute)

Jane Goodall no solo fue la pionera que transformó la primatología y el estudio de los chimpancés. También fue una mujer que supo conjugar la pasión por la ciencia con una vida personal marcada por sueños infantiles, relaciones intensas y pérdidas dolorosas.

Nacida en Londres en 1934 y criada en Bournemouth en la posguerra, desde niña mostró un interés inusual por los animales. Su padre le regaló un chimpancé de peluche al que llamó Jubilee, que se convirtió en un compañero inseparable durante su infancia. A los diez años ya imaginaba un futuro en África rodeada de fauna salvaje y escribiendo libros sobre ella.

Ese sueño se hizo realidad cuando en 1960 llegó a Tanzania bajo la guía del antropólogo Louis Leakey. Instalada en la selva de Gombe con una tienda de campaña, la compañía de su madre y un cocinero, comenzó una investigación que cambió para siempre el conocimiento de los chimpancés. Fue allí donde observó cómo fabricaban y utilizaban herramientas, un descubrimiento que derribó viejas creencias científicas y la catapultó a la fama internacional.

La mujer detrás de la científica vivió también grandes momentos personales. En 1964 contrajo matrimonio con el fotógrafo Hugo van Lawick con quien tuvo a su hijo Hugo. Más tarde se divorció y se casó de nuevo con Derek Bryceson, director de parques nacionales en Tanzania. La muerte de Bryceson en 1980 fue un golpe que marcó su vida, aunque también reforzó su compromiso con la protección del proyecto de Gombe.

Goodall era una persona profundamente sensible. Su afecto por los perros era conocido y hablaba abiertamente de su dificultad para reconocer rostros debido a la prosopagnosia, una condición neurológica poco frecuente. Durante décadas viajó con un muñeco de peluche llamado Mr. H, que se convirtió en un símbolo de esperanza y su compañero de viaje entre conferencia y conferencia.

Más allá de la ciencia dedicó su energía a las personas convencida de que la conservación no podía avanzar sin mejorar la vida de las comunidades que convivían con los ecosistemas. De esa convicción nació el programa juvenil Roots & Shoots, que hoy está presente en más de cien países.

Jane Goodall falleció a los 91 años después de una vida de viajes incansables, discursos, libros y documentales. Su legado no se limita a los chimpancés ni a la ciencia, también se encuentra en la manera en que convirtió su historia personal en un movimiento cultural para mirar la naturaleza con empatía y respeto.

Jane Goodall no solo fue la pionera que transformó la primatología y el estudio de los chimpancés. También fue una mujer que supo conjugar la pasión por la ciencia con una vida personal marcada por sueños infantiles, relaciones intensas y pérdidas dolorosas.

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