Las últimas semanas antes de las vacaciones siempre activan el mismo ritual. Empiezan a llenarse las agendas de tratamientos corporales, aumentan las búsquedas sobre nutrición y los centros deportivos se convierten en un ir y venir de mujeres que quieren llegar al verano sintiéndose mejor. No se trata tanto de perseguir un ideal imposible como de llegar medio decente a la playa después de meses de trabajo, reuniones y jornadas interminables sentadas frente al ordenador.
Y si hay un lugar donde parece concentrarse buena parte de ese movimiento en Madrid es Zentro Urban Yoga, el centro fundado por Mercedes de la Rosa. Durante años fue uno de los templos de esta disciplina en la capital, pero últimamente hay una de sus clases que ha empezado a atraer a muchas de las mujeres más observadas del panorama social madrileño: Full Body Sculpt.
La propuesta es sencilla sobre el papel, aunque bastante exigente cuando se practica: las sesiones combinan ejercicios de fuerza y movilidad utilizando tanto el propio peso corporal como diferentes resistencias. El objetivo no es únicamente tonificar. También se trabaja la coordinación, el equilibrio y la agilidad a través de secuencias dinámicas que implican a todo el cuerpo.
La fórmula parece haber convencido a un grupo de alumnas que comparten algo más que dirección en Madrid. Por allí se dejan ver nombres como Renata Collado, Ana María Chico de Guzmán o Laura Vecino.
Esta última, además, mantiene una estrecha relación con la mujer que mueve esta nueva disciplina: María Alonso Otero, más conocida como MeryDanceFit. De hecho, la diseñadora viste habitualmente a la entrenadora con prendas de su firma, en concreto de la línea deportiva.
El fenómeno lleva tiempo creciendo casi de forma silenciosa. Antes de desarrollar su propio método, Alonso Otero pasó por la escuela de Tracy Anderson, la entrenadora estadounidense que ha construido un auténtico imperio alrededor de un entrenamiento basado en el movimiento continuo y que cuenta entre sus clientas con celebridades como Gwyneth Paltrow, Jennifer Lopez o Nieves Álvarez a nivel patrio.
Pero Mery ha adaptado muchas de esas influencias a una visión propia. Bailarina profesional, graduada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y especializada en movimiento, ha desarrollado una metodología que mezcla fuerza, movilidad y conciencia corporal. Su planteamiento se aleja de los entrenamientos militares que dominaron durante años las redes sociales. La prioridad no es agotarse hasta la extenuación, sino construir un cuerpo fuerte y ágil a través de rutinas que puedan mantenerse en el tiempo.
Su comunidad ha crecido precisamente alrededor de esa idea. Los entrenamientos, que pueden realizarse desde casa y sin necesidad de gimnasio, buscan mejorar la condición física sin convertir el ejercicio en una obligación difícil de sostener.
Un plus, además del deporte
Sin embargo, el entrenamiento no es el único elemento que está compartiendo este grupo de mujeres. Según hemos podido saber, muchas de ellas también se han sumado a una de las tendencias nutricionales que más ruido está generando dentro del universo wellness: el caldo de huesos.
Lo que durante años se asoció a una receta tradicional ha terminado convirtiéndose en uno de los productos estrella de la nutrición integrativa. El interés ha llegado hasta el punto de que Cooldo, una de las empresas españolas especializadas en este segmento, acaba de lanzar junto a MeryDanceFit un programa específico para el verano.
La nutricionista y la entrenadora (Cortesía Cooldo)
La iniciativa combina cuatro semanas de entrenamiento online con una pauta nutricional diseñada por la nutricionista Beatriz Rakosnik. El planteamiento gira alrededor de una alimentación antiinflamatoria flexible y de alta densidad nutricional, donde el caldo de huesos ecológico actúa como complemento dentro de la estrategia global.
El programa incorpora también otros hábitos que los especialistas consideran fundamentales durante los meses de verano: caminar más, exponerse al sol de forma responsable, mantener una hidratación adecuada, cuidar el descanso y prestar atención a la gestión del estrés.
La propia Rakosnik defiende desde hace tiempo que la alimentación saludable no debería entenderse como una sucesión de restricciones temporales previas a las vacaciones, sino como un conjunto de hábitos sostenibles que permitan llegar a esa época con mejores niveles de energía y bienestar.
Quizá por eso resulta interesante observar lo que está ocurriendo alrededor de estas nuevas rutinas. Frente a los antiguos planes exprés para perder peso antes de ponerse el bañador, todo ha cambiado. La fuerza ha ganado protagonismo frente a la delgadez, la movilidad se considera tan importante como la estética y conceptos como la recuperación o la inflamación empiezan a formar parte del vocabulario cotidiano.
De Sotogrande a Comillas, pasando por Madrid, los cuerpos que este verano ocuparán playas, piscinas y terrazas probablemente tengan algo en común. No necesariamente una talla, una edad o una silueta concreta.
Las últimas semanas antes de las vacaciones siempre activan el mismo ritual. Empiezan a llenarse las agendas de tratamientos corporales, aumentan las búsquedas sobre nutrición y los centros deportivos se convierten en un ir y venir de mujeres que quieren llegar al verano sintiéndose mejor. No se trata tanto de perseguir un ideal imposible como de llegar medio decente a la playa después de meses de trabajo, reuniones y jornadas interminables sentadas frente al ordenador.