Ha vuelto la tendencia de las zapatillas de Isabel Marant y así tienes que llevarlas
Las zapatillas con cuña que creíamos olvidadas, para bien o para mal, siguen teniendo mucho que decir. Una inversión que ha vuelto
Han pasado más de diez años desde que parecían desterradas al fondo del armario, pero la moda, que todo lo recicla, ha decidido concederles una segunda oportunidad. Las zapatillas con cuña de Isabel Marant han vuelto.
Hablar de este regreso es hablar de una de las siluetas más divisivas de los años 2010. Un híbrido imposible entre sneaker y tacón que prometía altura sin renunciar a la comodidad y que acabó convirtiéndose en símbolo de una época concreta. Ahora, reaparecen en lugares inesperados, desde boutiques vintage perdidas en pueblos remotos hasta plataformas de reventa donde se libran auténticas batallas por conseguir un par a buen precio. Señal inequívoca de que algo se está moviendo.
Para entender su impacto hay que volver al origen. El modelo Bekett, lanzado en 2011, condensaba a la perfección el ADN de Isabel Marant: espíritu tomboy, bohemia despreocupada y una estética que parecía huir de la corrección.
La cuña oculta de varios centímetros, la forma de botín deportivo, los paneles de ante superpuestos, las tiras de velcro y una lengüeta exagerada componían un diseño tan reconocible como difícil de defender. Precisamente ahí residía su fuerza.
En un momento en el que la industria veneraba el minimalismo estas zapatillas eran casi una provocación. Tanto, que la propia diseñadora llegó a calificarlas de vulgares en una entrevista años después. Y, sin embargo, fueron un éxito arrollador. Modelos fuera de pasarela, cantantes de primer nivel y editoras de moda las convirtieron en parte de su uniforme diario, alimentando una conversación constante entre detractores y fieles defensoras.
No se llevaban solas: formaban parte de un look muy concreto. Chaquetas de cuero, pantalones ultraceñidos, camisetas aparentemente descuidadas y grandes bolsos slouchy componían una estética que hoy resulta casi caricaturesca, pero que en su momento definió a toda una generación obsesionada con el street style. Aquella fórmula funcionó tan bien que dio lugar a nuevas versiones del concepto, con modelos posteriores que intentaron replicar el fenómeno inicial, sin demasiado éxito.
El rechazo llegó con la misma intensidad que el entusiasmo. Cuando la moda giró hacia otro lado, las zapatillas con cuña pasaron de objeto de deseo a símbolo de exceso. Durante años, evocarlas era sinónimo de mal gusto o, como mínimo, de un pasado que muchas preferíamos olvidar. Hasta ahora.
Su regreso no implica repetir el uniforme de 2011. Al contrario: hoy se llevan desde otro punto, combinadas con prendas que rompen cualquier lectura literal. Faldas midi, vaqueros amplios, abrigos clásicos o incluso trajes relajados sirven para actualizar una pieza que ya no pretende ser cool en el sentido tradicional, sino interesante. La clave está en asumirlas como lo que son: un icono polémico que habla de moda y punto.
Puede que no todas estemos preparadas para reincorporarlas a su vestidor (yo las he recuperado). Pero su vuelta confirma algo que la industria sabe bien: las tendencias más discutidas son, a menudo, las que dejan una huella más profunda. Y las zapatillas con cuña de Isabel Marant, para bien o para mal, siguen teniendo mucho que decir.
Han pasado más de diez años desde que parecían desterradas al fondo del armario, pero la moda, que todo lo recicla, ha decidido concederles una segunda oportunidad. Las zapatillas con cuña de Isabel Marant han vuelto.