Para entender los estilismos que ha llevado la cantante en sus conciertos de Bilbao hay que haber crecido viendo videoclips en la MTV, anuncios de fitness en Televisión Española y pasarelas de finales de los 90 cuando la moda empezó a obsesionarse con el cuerpo técnico, el futurismo y el efecto “segunda piel”.
Las redes se han llenado de comentarios. Algunos celebrando el giro estético. Otros completamente desconcertados. Y muchos preguntándose por qué Amaia parece salida a la vez de un ensayo de Beyoncé, de una rave de 2002 y de un programa de aerobic de domingo por la mañana.
El primer look, body amarillo neón ajustadísimo, pantalón cargo oversized y botas fruncidas, tiene más moda de la que parece a simple vista. La referencia más clara está en el Balenciaga de Nicolas Ghesquière entre 2003 y 2007, cuando el diseñador convirtió el neopreno, las siluetas deportivas y los pantalones técnicos en alta moda futurista. Aquella época estaba obsesionada con imaginar cómo vestiríamos en el futuro y, curiosamente, el futuro acabó pareciéndose bastante a un backstage de gira pop.
Un vestido de Mugler de los 90 (Resee)
También hay bastante Mugler ahí. Tanto el Thierry Mugler original como el revival posterior de Casey Cadwallader. Ese body fluorescente con efecto escultural recuerda muchísimo a la estética “segunda piel” que convirtió la anatomía femenina en una especie de armadura sexy. Más escenario que calle. Más performance que tendencia.
Y luego está toda la parte athleisure utilitaria que inevitablemente lleva a Off-White y al sportswear de Virgil Abloh: prendas técnicas, funcionales, casi deportivas, mezcladas con una puesta en escena de estrella pop. Ese híbrido entre ropa de ensayo y look de pasarela.
Pero claro, para mucha gente en España la referencia automática no es Mugler. Es Eva Nasarre.
Porque esas botas fruncidas, esos colores subrayador y esa silueta de “vamos a hacer cardio pero glamourosas” conectan directamente con la estética del aerobic televisivo de los 80 y 90. Hay algo muy “Puesta a punto” en todo esto. Muy de mallas saturadas, cuerpo en movimiento y optimismo físico. Solo que ahora filtrado por el lujo y por TikTok.
La cantante Amaia Montero durante el concierto en Barakaldo (EFE/Miguel Toña)
El segundo look, completamente rosa, juega en otra liga pero sigue dentro del mismo universo. Top corto, leggings ajustados y botas slouchy rosas: aquí la referencia Y2K es total. Es imposible no pensar en el Blumarine de Nicola Brognano, que entre 2021 y 2023 recuperó toda la estética Barbie dosmilera que durante años estuvo enterrada bajo el minimalismo normcore.
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También hay muchísimo Versace. Especialmente ese Versace de principios de los 2000 obsesionado con las monocromías saturadas y las siluetas de popstar.
Y luego aparece otra referencia inevitable: Christina Aguilera en la era “Dirrty”, pero reinterpretada desde 2025. Esa mezcla entre sexualidad pop, ropa deportiva y exageración cromática que ahora vuelve a estar completamente legitimada. Lo que antes parecía hortera hoy está en las pasarelas.
De hecho, toda la estética de Amaia conecta bastante con lo que llevan haciendo artistas como Tate McRae o FKA twigs. Ese concepto de “performance wear” donde la ropa no solo viste, también construye personaje. Ya no se trata de subir al escenario elegante. Se trata de generar una identidad visual instantánea.
Y ahí entra otro fenómeno interesante: mucha gente critica estos looks porque los está mirando desde parámetros antiguos. Esperando que Amaia Montero vista como la cantante que fue. Pero el pop actual ya no funciona así. La estética ha absorbido el gimnasio, la rave, el streetwear técnico, el dancewear y la nostalgia Y2K todo al mismo tiempo.
Por eso aparecen términos como “athluxury”, “techwear pop” o “sport-glam”. Porque la moda lleva años mezclando categorías que antes parecían incompatibles. Leggings con botas de pasarela. Bodies de entrenamiento convertidos en alta costura. Ropa de ensayo transformada en look principal.
Quizá por eso hay tantas reacciones divididas. Porque quien haya nacido en los 70 u 80 entiende perfectamente la cadena completa de referencias: Eva Nasarre, el aerobic televisivo, MTV, las popstars de los 2000, el futurismo de Ghesquière, el revival Y2K. Todo está ahí mezclado.
Para entender los estilismos que ha llevado la cantante en sus conciertos de Bilbao hay que haber crecido viendo videoclips en la MTV, anuncios de fitness en Televisión Española y pasarelas de finales de los 90 cuando la moda empezó a obsesionarse con el cuerpo técnico, el futurismo y el efecto “segunda piel”.