La Galería de Cristal del Palacio de Cibeles volvía a demostrar por qué es uno de los escenarios más agradecidos de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Bajo su estructura de hierro y luz, Pedro del Hierro presentaba 'Jardín de Invierno', una colección que huye del impacto inmediato para reivindicar algo casi contracultural: la pausa.
El espacio, planteado como un invernadero contemporáneo, evitaba cualquier exceso. Vegetación medida, casi silenciosa, en línea con una propuesta donde, omo en 'El Principito', lo esencial no es evidente a primera vista.
Sobre la pasarela, Nacho Aguayo dibuja una mujer que se mueve entre lo sobrio y lo delicado. Vestidos que parecen clásicos hasta que la luz revela encajes, perlas o tejidos trabajados; destellos metálicos que irrumpen sin imponerse; y una elegancia que no necesita subrayarse. Las siluetas oscilan entre guiños a los años 20, hombros marcados y volúmenes que reinterpretan el cuerpo sin rigidez.
En paralelo, Álex Miralles construye un armario masculino donde la sastrería se relaja sin perder precisión. Hay un aire romántico, casi dandi, en trajes entallados, tejidos nobles como mohair o alpaca y camisas que suavizan la estructura clásica. Todo con una paleta contenida —verdes, marrones, azules— salpicada de acentos más cálidos.
Tamara Falcó apostaba por la simplicidad pulida: camisa azul impecable y un pantalón con pañuelo en la cintura, un look limpio que encaja con la narrativa de su línea TFP, presente también en la pasarela. Comentaba que le gustaría ver a Rosalía "que es monísima" con uno de sus looks como nos ha contado a Vanitatis. "Me quedaría con el traje verde" nos ha confesado "sobre todo para una boda, con una sandalia o incluso con un buen tacón". En esta ocasión ha diseñado su colección basándose en el archivo de la marca, y Nacho le ha dedicado unas palabras muy cariñosas: "es un gusto trabajar con ella, es muy educada, transmite mucha paz, cuando llega —porque al final ellos están muy metidos en su propio proceso—, aporta como un aire fresco a todo".
Tamara Falcó (José Oliva / Europa Press)
Marta Hazas elegía un traje de dos piezas en tono coral, con top lencero, equilibrando feminidad y estructura en una versión luminosa de la sastrería.
Marta Hazas (Gtres)
María García de Jaime optaba por un conjunto fluido en azul noche, con blazer oversize y pantalón amplio, demostrando cómo el minimalismo puede resultar sofisticado sin esfuerzo.
Ana Cristina Portillo apostaba por una camisa blanca y una falda roja con volantes, alejada de los estampados a los que nos suele tener acostumbradas.
Ana Cristina Portillo (Gtres)
Raquel Sánchez Silva, apostaba por el contraste cromático: traje estampado en tonos burdeos combinado con una blusa amarilla vibrante, un juego de color que aportaba carácter.
Raquel Sánchez Silva (Gtres)
Entre las parejas, Nacho Aragón y Bea Gimeno ofrecían uno de los momentos más fotografiados: él con gabardina y aire despreocupado; ella con un vestido fluido en degradé naranja, que aportaba movimiento y color.
Nacho Aragón y Bea Gimeno (Gtres)
En conjunto, Jardín de Invierno no es una colección que se agote en el primer vistazo. Es de las que piden tiempo —y lo recompensan—. Y en una semana de la moda donde todo sucede rápido, esa intención ya marca la diferencia.
Entre los invitados, el front row reforzaba esa misma idea de elegancia sin estridencias.
Elegancia invisible
En esta colección no todo es evidente. Las lentejuelas no brillan de forma obvia, los cortes no siempre se entienden a la primera y hay prendas que funcionan mejor cuando se mueven que cuando están quietas. Incluso elementos muy básicos, como una camiseta interior, aparecen reinterpretados en tejidos que cambian completamente su lectura.
En cuanto a siluetas, hay guiños claros a los años 20 en algunos vestidos, hombros marcados que aportan cierto dramatismo y pantalones que juegan con el volumen pero se ajustan al cuerpo de formas menos convencionales. No es una colección especialmente complaciente, pero tampoco busca ser complicada: está en ese punto intermedio donde lo interesante aparece en los detalles.
La parte masculina, firmada por Álex Miralles, sigue una línea bastante coherente con esa idea general, pero llevada al terreno de la sastrería. Aquí hay un giro hacia una masculinidad más romántica, con referencias al dandismo británico pero sin caer en lo literal. Trajes más entallados, tejidos como alpaca o mohair y camisas con lazos o cuellos más trabajados que rompen con la rigidez habitual.
También hay un intento claro de ampliar el armario masculino sin hacerlo extraño: pantalones ligeramente acampanados, proporciones que cambian lo justo y una paleta dominada por marrones, verdes y azules, con acentos en mostaza o crudo que funcionan bien en conjunto. En las imágenes se ve una colección bastante equilibrada, donde cada look tiene sentido sin necesidad de forzar el discurso.
Como añadido, la pasarela incluía tres salidas de la línea TFP by Tamara Falcó, integradas sin romper demasiado el ritmo del desfile.
La Galería de Cristal del Palacio de Cibeles volvía a demostrar por qué es uno de los escenarios más agradecidos de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Bajo su estructura de hierro y luz, Pedro del Hierro presentaba 'Jardín de Invierno', una colección que huye del impacto inmediato para reivindicar algo casi contracultural: la pausa.