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Los Torretta y Alejandra Martos: cuando la moda es una cuestión de familia (y de amistad)
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Los Torretta y Alejandra Martos: cuando la moda es una cuestión de familia (y de amistad)

Moda, memoria y relevo generacional se cruzan en este encuentro único que revela el alma de la firma

Foto: Roberto y Maria Torretta
Roberto y Maria Torretta

Lo que en la agenda figuraba como “sesión de fotos para presentar la nueva línea de Roberto Torretta” acaba convirtiéndose, en cuanto se encienden los focos, en algo mucho más íntimo. En el atelier de la calle Fereluz, entre percheros, espejos y abrigos colgados con mimo, la atmósfera es la de una reunión de amigos que se conocen de toda la vida.

Están Roberto Torretta, su hija María y Alejandra Martos… la hija de Raphael y Natalia Figueroa es una amiga de la familia de toda la vida, una más entre ellos, y, moviéndose en segundo plano, pero marcando el ritmo de todo, Carmen, la matriarca de los Torretta, quien sin duda, pese a su reticencia a salir en las fotos es “el alma de la casa”.

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Carmen llama “Alex” a Alejandra y, aunque no se pone delante de la cámara, es imposible imaginar la escena sin ella: corrige un bajo con la mirada, acaricia los tejidos, se sorprende en voz alta de los precios de esta nueva línea –“¡esto está tirado!”, exclama divertida– y acude cada vez que María le lanza un “mamá, ven a verme” buscando esa aprobación que solo da alguien que ha hecho historia en la moda española desde la trastienda, entre patrones, clientas fieles y colecciones inolvidables.

Alejandra también forma parte de esa historia. El vínculo con la familia Torretta viene de lejos: fue Roberto quien diseñó su vestido de novia, un traje del que habla con una mezcla de nostalgia y gratitud. Recuerda las pruebas, las charlas con Carmen, aquel día en el que negoció con Roberto sobre si llevar o no velo, ganó ella, y la pena de no tener fotos de todo el proceso porque como dice ella: "entonces aún no vivíamos pegados a un móvil". La complicidad entre ellos se nota en cada gesto, en cada broma que salta entre toma y toma.

Mientras el equipo ajusta luces y coloca reflectores, Alejandra reflexiona en voz alta sobre lo que significa ser mujer a su edad: insiste en que muchas veces hemos perdido el “norte estético”, que ella huye de las estridencias y que lo que más valora hoy es la normalidad. María y ella comparten como buenas amigas series que vieron la noche antes hablan de: "Envidiosa", "La novia", y "Las gotas de Dios", según la anfitriona, la mejor de la historia con diferencia. Y quizá por eso su relación con la firma Torretta es tan natural: comparte esa búsqueda de belleza serena, nada impostada.

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La nueva línea que presentan aquí junto a Alejandra nace precisamente de escuchar a sus clientas de siempre, que pedían prendas para el día a día, sin renunciar al sello de la casa. También responde al deseo de Roberto y Carmen de dejarle a María, que lleva más de quince años trabajando con ellos, un proyecto sólido, actual y ganador. Queda claro que lo que está en juego es mucho más que una colección: es el relevo natural de una saga de moda.

A partir de ahí, dejamos que hablen ellos.

Alejandra Martos: “Al final, el arte es subjetivo, igual que la moda”

Pregunta: ¿Tenéis algún recuerdo especialmente bonito juntos?

Alejandra: Mi boda, sin duda. Ellos hicieron mi traje y fue un momento importantísimo. Yo llegué sin tener claro lo que quería, solo lo que no quería, y a partir de ahí Roberto dibujó bocetos y fuimos definiendo. También me han vestido para bodas de mis hermanos, para muchos eventos… Ahora visten también a mi hija. Para mí venir aquí es como venir a casa: me conocen, saben qué colores me favorecen. Carmen me tiene siempre preparadas cuatro cosas y acierta. Siempre que vengo encuentro algo.

P: Si tuvierais que definir la moda en una sola palabra que resuma vuestra amistad y vuestra visión estética, ¿cuál sería?

Alejandra: Expresión. Y también estado de ánimo. Yo puedo vestirme muy distinta de un día para otro según cómo me levante. Hay días que voy muy arreglada al trabajo, otros días que nada, tengo un estilo sobrio, pero unas veces me sofistico y otras no. También me viene a la cabeza la palabra carácter.

Roberto: Iba a decir exactamente lo mismo.

María: Identidad

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P: Estáis estrenando una nueva etapa con esta línea. ¿Cómo definirías su identidad estética y qué rasgos de la firma son irrenunciables?

Roberto Torretta: Esta nueva línea nace para acercar nuestro diseño de autor al día a día, tanto de mujer como de hombre. Queremos que sean prendas accesibles, que la gente pueda incorporar a su armario real. Pero hay cosas que no se tocan: la elegancia, el cuidado del patronaje y la elección de los tejidos. Después de más de cuarenta años, nuestro objetivo es que, más allá de las tendencias, se reconozca un estilo.

María: Yo siempre digo que se nota que es Torretta en cómo sienta la ropa. Está pensada para favorecer, para que quien se la ponga se vea bien, guapa, segura.

En un alto de la sesión, Carmen revisa los abrigos que Alejandra llevará delante de la cámara. Los toca, comprueba el peso, sonríe al ver a “Alex” envuelta en uno de los diseños de mujer, que en este invierno son exclusivas prendas de abrigo. La química es evidente: parecen más una familia ampliada que nada.

Roberto Torretta: Hay cosas que no se tocan: la elegancia, el cuidado del patronaje y la elección de los tejidos.

P: ¿Por qué lanzar ahora esta nueva línea más accesible?

María: Porque el mercado lo estaba pidiendo. Hemos querido escuchar lo que nos decían nuestras clientas: que deseaban llevar Torretta en su día a día. La colección mezcla el legado de 44 años de empresa con lo que busca hoy la mujer real. Es nuestra manera de acercar el universo de la casa a más armarios, con precios ajustados, sin renunciar a la calidad.

Roberto: No se trata de bajar precios sin más, sino de ampliar público. Seguimos con la costura, con el lujo a medida, pero esta línea nos permite llegar a mucha más gente.

P: ¿De dónde bebe la inspiración de esta colección? ¿Habéis mirado al archivo?

María: El archivo está muy presente, aunque no trabajamos copiando piezas tal cual. Hay prendas y patrones que llevamos años viendo funcionar y que reinterpretamos y actualizamos. Y luego nos inspiramos en muchas otras cosas: el arte, por ejemplo, nos ha servido para elegir coloridos o jugar con las siluetas.

P: Hablemos de la parte más empresarial. ¿Dónde se puede encontrar ya esta nueva línea?

María: Ahora mismo estamos en 46 puntos de venta de El Corte Inglés, además del e-commerce, plataformas como Es Fascinante, tiendas NAC y distintas multimarca. En un futuro puede que lleguen corners, pero ahora mismo el objetivo es consolidar el proyecto donde estamos y aprender de cómo reaccionan las clientas a cada prenda, a cada patrón.

Roberto: Estar de la mano de El Corte Inglés es un lujo: por distribución, por capacidad y por prestigio. Es el mejor socio posible para arrancar. A los españoles se nos olvida que es el tercer centro comercial más importante del mundo.

María Torretta: El hombre se cuida cada vez más, se interesa por la moda, y nos parecía el momento perfecto para ofrecerle nuestro punto de vista.

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P: Dentro de esta nueva etapa habéis incorporado una línea masculina. ¿Qué os ha llevado a dar este paso?

Roberto: Yo tenía esa espina clavada desde hace años. Siempre he querido hacer hombre y ahora, con esta estructura, con este socio y con esta línea, creo que es el momento adecuado.

María: Veíamos un hueco clarísimo: no hay tanto diseñador español haciendo hombre a estos precios. El hombre se cuida cada vez más, se interesa por la moda, y nos parecía el momento perfecto para ofrecerle nuestro punto de vista.

Entre respuesta y respuesta, Alejandra habla de su trabajo como restauradora en el Museo Thyssen: una disciplina, dice, a medio camino entre la artesanía de taller y la ciencia más avanzada. Trabaja rodeada de belleza, de color, de texturas. “Al final, el arte es subjetivo, igual que la moda”, resume. Quizá por eso rehúye los disfraces: confiesa que le gustan los looks sencillos, con un punto elegante, y que desconfía de tanto ruido estilístico. Necesita normalidad, rutina, esconderse de vez en cuando en una Ibiza discreta.

P: Alejandra, tú entras aquí como amiga, pero también como clienta. ¿Qué te transmite esta colección cuando te la pruebas?

Alejandra Martos: Sobre todo comodidad y ganas de ponértelo. Ves los abrigos y te apetece meterte dentro; los tocas y es una delicia. Son piezas muy ponibles, con las que puedes ir a trabajar, a cenar o de viaje. Tienen muchas vidas posibles.

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P: ¿Qué tendencias crees que marcarán la próxima temporada y cómo encajan en vuestro lenguaje?

María: Ahora mismo conviven muchas cosas: se llevan las minifaldas y las faldas largas, los tiros altos y los bajos… casi todo está permitido. Pero sí vemos que el oversize sigue muy presente; la gente se siente cada vez más cómoda con prendas un poco amplias. En hombre, apostamos mucho por los azules marinos y toda su gama, y por los verdes caqui. Y de cara al verano, la colección viene cargada de vestidos pensados para acompañarte de la oficina a una boda simplemente cambiando las sandalias planas por un tacón. La idea es simplificarte la vida.

Cuando las cámaras se apagan, los percheros siguen llenos de opciones y las conversaciones continúan, ahora ya sin grabadora. Roberto, Carmen, María y Alejandra montan una sobremesa como las de cualquier familia alrededor de unos sandwiches argentinos adictivos y de fotos familia en los años 70 en Ibiza. Se habla del documental de Movistar + "Raphaelismo", Alejandra se declara fan, y nos invita a ver el futuro biopic, se despide prometiendo volver y remata su plan para guiar a los Torretta una tarde en el Museo Thyssen. La sensación, al salir del taller, es que la moda, aquí, es exactamente lo que ellos dicen: pura expresión. Y, sobre todo, una historia compartida.

Maquillaje y Peluquería: Lorena Jiménez Santos (@ljimenezsantos)

Lo que en la agenda figuraba como “sesión de fotos para presentar la nueva línea de Roberto Torretta” acaba convirtiéndose, en cuanto se encienden los focos, en algo mucho más íntimo. En el atelier de la calle Fereluz, entre percheros, espejos y abrigos colgados con mimo, la atmósfera es la de una reunión de amigos que se conocen de toda la vida.

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