Hay una nueva coctelería en el centro de Madrid, elegante y oscura, que sí nos ha convencido
Entramos en Jack’s Club, un bar inglés con alma clandestina bajo el hotel Thompson, para comprobar si lo que nos habían prometido era cierto. Y sí, lo fue: buenos cócteles de autor, atmósfera noir y un virtuoso al piano
Jack's Club, en los bajos del Hotel Thompson, es la nueva coctelería noir de Madrid. (Cortesía)
Bajo el hotel Thompson Madrid, en plena plaza del Carmen —tras una reforma eterna—, acaba de abrir Jack’s Club, un speakeasy que juega deliberadamente al escondite. No hay rótulos llamativos ni voluntad de ser el típico bar de paso. La propuesta es clara: un elegante club nocturno de acceso discreto, pensado para quedarse, beber bien y escuchar buena música sin prisa —qué importante es la buena música y qué pocas coctelerías de la capital son capaces de conjurarla—.
El espacio ocupa el subsuelo del hotel, en el mismo solar donde —hasta mediados del siglo XX— estuvo la iglesia de San Luis Obispo. De algún modo, el alma sigue elevándose aquí; es lo que pasa cuando trabajas con espirituosos. La piel de madera de Jack's Club, los sofás ingleses, las lámparas de luces bajas, la moqueta, logran un ambiente muy agradable. Quizá sobren todos los cuadros de las paredes, pretenden contar una historia, pero no lo consiguen —puedes inventarte todos los storytelling que quieras para envolver bonito tu negocio, pero eso no quiere decir que vayan a funcionar—. En este caso, menos sería más.
La interesante carta e Jack's Club se articula como una sucesión de microrrelatos, con referencias a la cultura escocesa y británica, a su literatura y folclore. No hay fuegos artificiales (gracias sean dadas, nadie quiere salir ardiendo por culpa de otra bengala) ni exhibicionismos de bartenders de ego disparado. Hay, en cambio, un equipo de profesionales impecable en el que no caben estrellitas. Tras la barra: alcoholes premium, ejecuciones equilibradas y presentaciones sobrias. Es decir: todo encaja con la atmósfera noir del club.
La música en directo completa la experiencia. El piano marca el pulso de la noche. En nuestra visita, agradecimos el afinado virtuosismo de un pianista joven, de pelo muy rizoso, al que aplaudimos, pero olvidamos preguntar el nombre (disculpas). De jueves a sábado, suenan versiones rock, pop, soul y jazz con personalidad. A medida que avanza la noche, la selección sonora deriva hacia los altavoces y ritmos suaves de funk y house. Intimidad sin estridencias.
Jack's Club - Hotel Thompson. Plaza del Carmen, s/n. Madrid. (Cortesía)
No se permiten fotografías ni vídeos. La prioridad es la conversación, la música y la experiencia compartida, no el registro constante de lo que ocurre.
Jack’s Club abre de lunes a domingo, de 18:00 a 3:00 horas —hasta las 6:00 los viernes y sábados—. “Toca otra vez viejo perdedor / haces que me sienta bien / Es tan triste la noche que tu canción / sabe a derrota y a miel”.
Nos gustaron especialmente estos tres:
SPITFIRE
Qué lleva: mezcal Derrumbes Durango, Primo Aperitivo, licor de chipotle, miel de azahar y zumo de limón. Cómo es: un trago ahumado y cítrico, con picante (chipotle) y un punto floral (miel de azahar).
COMPASS ROSE
Qué lleva: pisco Barsol Italia, crème de mûre (mora), Bitter Chinato Nardini, lavanda, zumo de limón y clara de huevo. Cómo es: perfumado y frutal, con mora y lavanda, estructura amarga (chinato) y textura sedosa por la clara.
TWEED KILT
Qué lleva: Chivas 12 años, Vecchio Amaro del Capo, zumo de limón, miel de brezo y ginger beer. Cómo es: un whisky highball con amaro: fresco, especiado y ligeramente herbal, con burbuja y un dulzor de miel muy británico.
HAY MÁS...
Nightingale, War of the Roses, Magna Carta, Abbey Road, Dr. Livingstone, God Save the Queen, The White Unicorn, Orchard’s Season, Royal Margarita, Remember, Remember, The Crown, The Grand Jack, Eilean Donan, A Tale of Two Lizes y Llanito.
Volveremos.
Bajo el hotel Thompson Madrid, en plena plaza del Carmen —tras una reforma eterna—, acaba de abrir Jack’s Club, un speakeasy que juega deliberadamente al escondite. No hay rótulos llamativos ni voluntad de ser el típico bar de paso. La propuesta es clara: un elegante club nocturno de acceso discreto, pensado para quedarse, beber bien y escuchar buena música sin prisa —qué importante es la buena música y qué pocas coctelerías de la capital son capaces de conjurarla—.