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San Valentín en Madrid: las mejores mesas para celebrar el amor sin artificios
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CÓMEME LA BOCA

San Valentín en Madrid: las mejores mesas para celebrar el amor sin artificios

Entre clásicos fiables y aperturas recientes, Madrid cuenta con infinidad de refugios para celebrar cosas de dos; pero no todos valen. ¿Cocina española de guiso y brasa, japoneses precisos o peruanos mestizos? Elegimos por ti

Foto: Makoto Madrid es la primera parada europea de Makoto Okuwa, gran chef japonés que domina EEUU desde Miami. (Cortesía)
Makoto Madrid es la primera parada europea de Makoto Okuwa, gran chef japonés que domina EEUU desde Miami. (Cortesía)

Cuando se ama de verdad, no hay que racionalizar nada, solo hay que dejarse llevar por esa fuerza, misteriosa e impredecible, que nos define como humanos. Con esta premisa, Madrid propone un buen número de refugios para celebrar con el corazón y el estómago. Una mesa bien elegida, una luz perfecta, un servicio afinado y una cocina que cumpla lo que promete: no hace falta mucho más.

San Valentín puede ser la excusa para reservar en ese restaurante en el que siempre quisiste entrar, regresar a un clásico que nunca falla o probar una apertura reciente que está dando que hablar. Hay japoneses de técnica precisa, peruanos con fondo y mestizaje, y también cocina española en su versión más apetecible: guisos, arroces, brasa, barra y producto. Además, direcciones con vistas o restaurantes de hotel que permiten alargar el plan sin tener que moverse demasiado. Estas son algunas de las mesas que te proponemos para dejarse llevar.

Makoto

Makoto Madrid es la primera parada europea de Makoto Okuwa, chef japonés asociado al sushi contemporáneo y al concepto de 'gran casa' que ya funcionó en Miami y otras plazas americanas. El aterrizaje en Marqués de Villamagna, junto al Hotel Rosewood Villa Magna, apunta alto: 450 m² firmados por Manuel Clavel y una terraza llamada a ser imán de temporada. La promesa es una experiencia muy coreografiada —hospitalidad japonesa, puesta en escena y barra con peso propio— en un Madrid que vive el boom del japonés 'serio', pero social. Un restaurante que es destino en sí mismo.

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placeholder Makoto: Marqués de Villamagna, 1, Hotel Rosewood Villa Magna, Madrid
Makoto: Marqués de Villamagna, 1, Hotel Rosewood Villa Magna, Madrid

En la cocina manda el sushi de autor con producto prémium y un pie en el fuego: wagyu A5, erizo de mar, vieira de Hokkaido o toro de Oma conviven con ingredientes españoles —ibérico, AOVE, pulpo, almadraba, carabinero— en una carta pensada para compartir. Hay robata y platos calientes que buscan umami y textura: arroz frito Frosty Kobe con foie y huevo, lubina al miso con ume, branzino con chimichurri de wasabi y shiso, o wagyu a la piedra para cocinar en mesa. La parte líquida acompaña con bodega amplia, sakes, whisky japonés y coctelería con guiños de yuzu y fermentos.

Quispe

Quispe se ha convertido, desde su apertura en 2018, en el gran punto de referencia de la cocina peruana en Madrid. En Conde de Aranda, a un paso del Retiro, el buque insignia del grupo liderado por César Figari y Constanza Rey juega el papel de 'casa madre': un restaurante que lleva la tradición peruana a un registro más ambicioso sin perder su perfil popular y mestizo. El proyecto se apoya en un relato coherente —Perú como mezcla— y en una ejecución sólida: equipo mayoritariamente peruano, un servicio pensado para el disfrute y un local cálido y envolvente, con estética vegetal y dos plantas, más terraza.

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placeholder Quispe: Conde de Aranda, 4, Madrid
Quispe: Conde de Aranda, 4, Madrid

En la mesa, Quispe combina cocina criolla como columna vertebral con guiños nikkei y chifa, y una carta amplia que funciona tanto para ir a lo seguro como para picar por pura curiosidad. La barra marca el tono: ceviches, tiraditos y causas con producto y salsas bien trabajadas, incluidos hits como el ceviche de corvina o el 'Quispe' con pulpo y chicharrón de calamar en leche de tigre de ají amarillo. En calientes, el recetario se estira con técnica: anticuchos de secreto ibérico, arroz con pato, seco de asado de tira Angus o tortellini loche. En bebidas manda el pisco sour, con chilcanos y otros cócteles de autor.

Amets

Amets es el proyecto más personal de Diego Sánchez: una gastroteka vasca que quiere hacer alta cocina sin solemnidad, con el chef cerca de la sala y un ambiente con ruido de taberna bien entendida. Tras una carrera internacional —de casas con tres estrellas a la vida de chef privado en yates—, Sánchez vuelve a Madrid para cocinar desde su propio idioma: tradición vasca de familia, técnica aprendida fuera y una carta corta que cambia con el mercado. El local acompaña el discurso con estética de taberna contemporánea y un relato visual vasco, sin intentar ser 'temático'.

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placeholder Amets: Calle Limón, 15, Madrid
Amets: Calle Limón, 15, Madrid

La nueva carta de invierno aprieta en fondos, salsas y platos reconfortantes, con un punto de audacia medida. Conviven clásicos de casa (gilda Amets) con entradas más gastronómicas como la milhojas de patata con holandesa y trufa o el tartar de vaca madurada con emulsión de tuétano. Hay fuego y verdura (piperrada a la llama con stracciatella, porrusalda en ceniza) y guiños de umami bien integrados (sopa de cebolla y miso). En platos largos: kokotxas al pil pil con alcachofa, txipirones en su tinta con chipotle, merluza de pincho con chocolate blanco y un ciervo a la brasa que abre la puerta a la caza. Bodega corta y de pequeños productores, con txakoli y 18 vinos por copa.

Árdia

Árdia es el regreso de Nazario Cano a un lugar con memoria: el mismo callejón donde, hace 25 años, asumió su primera jefatura de cocina en el desaparecido Amparo. El chef alicantino vuelve a Madrid tras su etapa al frente de la dirección gastronómica de Ritual de Terra Moraira y lo hace con un concepto que pone el foco en el recetario español clásico, sin nostalgia impostada: guisos, cuchara y arroces como columna vertebral, y una brasa que actúa como punto de llegada. El local se divide en dos plantas de restaurante y un ático con coctelería.

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placeholder Árdia: Callejón de Puigcerdà, 4B, Madrid
Árdia: Callejón de Puigcerdà, 4B, Madrid

La propuesta se construye con producto de temporada y bastante peso del fuera de carta. En la planta baja, el guiño es madrileño: una barra de aire vermutería para picar desde gildas, salazones, anchoas y embutidos hasta ostras y caviar, con vermut de barrica y una versión propia del 'Yayito', además de cocina ininterrumpida y terraza a pie de calle. En cocina, Cano se reencuentra con Víctor Vila para firmar una línea sabrosa y reconocible, con arroces secos y melosos que miran al Levante. La bodega, diseñada por João Silva, suma más de cien referencias con predominio nacional. Arriba, ÂM-BAR plantea un 'viaje líquido' por España con siete cócteles por regiones, clásicos, DJ (de miércoles a sábado desde las 21:00) y terraza.

La Cuadra de Salvador

La Cuadra de Salvador se ha posicionado en menos de un año como steakhouse de referencia para quien busca carne prémium en el centro. El proyecto ocupa el antiguo Café Galdós y juega a lo grande: cerca de 1.000 m² en dos plantas, varios ambientes y un privado para grupos, con una puesta en escena donde el diseño y el arte tienen tanto peso como la sala. La reforma, firmada por Andrés Stein, conserva la estructura del edificio y la actualiza con una atmósfera íntima y táctil, reforzada por lámparas de cuarzo de la firma peruana Amaminerali y obras de Miguel Ángel Campano.

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placeholder La Cuadra de Salvador: Calle de los Madrazo, 10, Madrid
La Cuadra de Salvador: Calle de los Madrazo, 10, Madrid

La cocina, dirigida por Vicente Aliaga, es de carne certificada —USDA Prime— con guiños peruanos sin caer en una fusión obvia: aparecen el rocoto, el huacatay u otros tubérculos como acento, pero el centro es el producto y su punto. Aquí no hay parrilla clásica: trabajan con broiler a 560–600 ºC para marcar, sellar y mantener jugosidad sin ahumados que tapen la calidad. Entre los platos que más definen la casa están las mollejas crocantes con miel de rocoto, los nigiris de entraña, el lomo saltado o cortes como tomahawk, ribeye y solomillo Prime con foie y trufa. La bodega supera las 300 referencias y la coctelería tiene barra propia.

Monster Sushi

Monster Sushi estrena su segundo restaurante en Madrid dentro de NUGA Castellana, el callejón gastronómico del número 200 del Paseo de la Castellana, un 'microdistrito' que se recorre a pie, con adoquín, vegetación y un gran lucernario que marca el ambiente. Tras el local de Zurbano, la marca de Umai Group busca aquí al público del norte de la ciudad con el mismo planteamiento: japonés contemporáneo, muy de escena, que combina técnica nipona con una estética y una energía más urbana y desenfadada. Es un sitio pensado para quedarse: luz, terraza y un punto de plan social, no solo de cena.

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placeholder Monster Sushi: Paseo de la Castellana, 200, Madrid
Monster Sushi: Paseo de la Castellana, 200, Madrid

La carta juega a la fusión sin complejos y al bocado reconocible: tataki de atún, rolls de autor y guiños con picante y salsas, en una línea más 'street' que ceremoniosa. Entre los clásicos que empujan están el roll anticuchero (langostino en tempura y salsa anticuchero) y una selección cuidada de nigiris y sashimis con producto de calidad. En novedades, aparecen el Gyu Katsu Sando —sándwich de solomillo con salsa katsu— y el Uramaki Sauvage con tartar de atún, pepino y cebollín, rematado con gamba roja.

Mercado de la Reina

Mercado de la Reina es de esos locales que han sobrevivido a la rotación constante del centro con un argumento sencillo: cocina reconocible, ejecución constante y un servicio de barra que funciona todos los días. Cumple 20 años como neotaberna de gran formato en plena Gran Vía, con cocina vista y una carta que no se ha movido por capricho: los 'hits' siguen ahí porque siguen vendiendo. Ravioles de toro, ensaladilla rusa, pulpo a la brasa, torreznos y unas bravas con salsa propia conviven con tortilla de patata y una oferta pensada para desayunar, tapear o comer sin ceremonia.

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placeholder Mercado de la Reina: Gran Vía, 12, Madrid
Mercado de la Reina: Gran Vía, 12, Madrid

El espacio se organiza como un pequeño ecosistema: barra a pie de calle para el picoteo rápido, un salón comedor amplio con mesas largas para grupos y, abajo, un gin club al que también se accede por la calle Reina. Ese sótano tiene historia propia: abrió en 2006 como uno de los primeros espacios madrileños centrados en la ginebra y el gin tonic, y se adelantó al afterwork cuando aún no era palabra de moda. Hoy mantiene el tirón con referencias de ginebra y destilados prémium, cócteles y música para alargar la noche sin necesidad de cambiar de dirección.

Cornamusa

Cornamusa, en las terrazas del Palacio de Cibeles, es la apuesta de Azotea Grupo para comer con la ciudad a los pies, en un escenario que ya hace parte del plan: altura, vistas y un punto institucional que aquí se vuelve restaurante. Para San Valentín, el reclamo es claro: 'Noches en Vela(s)' —el 13 y 14 de febrero— con el espacio iluminado por centenares de velas y música clásica en directo en formato íntimo. Un plan pensado para parejas, pero también para quien quiere una cena especial sin caer en el menú de siempre.

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placeholder Cornamusa: Plaza de Cibeles, 1, Madrid
Cornamusa: Plaza de Cibeles, 1, Madrid

La propuesta gastronómica la firma Manuel Berganza, chef ejecutivo del grupo, y funciona como un recorrido cerrado con ritmo de cena festiva. Incluye cóctel de bienvenida y entrantes al centro: brioche tostado con sobrasada y limón confitado; ensalada tibia de puerros, avellanas y stracciatella; y salteado de setas de temporada con gnocchis glaseados. Como principal, merluza en caldo corto con coliflor tostada y salsa de mantequilla negra, y de postre, tarta tibia de almendra y cítrico con helado de nata fresca para compartir.

Antigua Embajada

Antigua Embajada es el restaurante del Hotel Intelier Palacio San Martín y juega con una doble carta: tapas reconocibles y platos de autor con guiños a Madrid. Su personalidad mezcla castizo bien ejecutado con un punto actual, y el menú enseña por dónde va: gildas, croquetas y tortillas en varias versiones, callos a la madrileña, patatas hojaldradas con salsa picantona y una ensaladilla con gambón al ajillo. En el segundo acto aparecen brasas y horno —puerros, alcachofa, estofado de alubias—, además de entrepanes y platos principales como pollo picantón o bacalao. Para comer bien en un ambiente íntimo y discreto.

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placeholder Antigua Embajada: Plaza de San Martín, 5, Madrid
Antigua Embajada: Plaza de San Martín, 5, Madrid

InterContinental

El hotel InterContinental propone este San Valentín un plan de lo más completo: cena, brunch y bienestar, con opción de rematarlo con alojamiento. El sábado 14 de febrero, su restaurante El Jardín sirve un menú degustación firmado por Miguel de la Fuente con entrantes para compartir, dos principales —mero y cordero en falsa lasaña— y postre de chocolate con especias, además de maridaje y piano en directo.

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placeholder InterContinental: Paseo de la Castellana, 49, Madrid
InterContinental: Paseo de la Castellana, 49, Madrid

También ofrecen 'escapada romántica' con habitación y desayuno. El domingo 15, el brunch especial suma música y un apartado dulce temático. El Wellness Center añade masajes en pareja.

Cuando se ama de verdad, no hay que racionalizar nada, solo hay que dejarse llevar por esa fuerza, misteriosa e impredecible, que nos define como humanos. Con esta premisa, Madrid propone un buen número de refugios para celebrar con el corazón y el estómago. Una mesa bien elegida, una luz perfecta, un servicio afinado y una cocina que cumpla lo que promete: no hace falta mucho más.

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