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Cuatro años sin la duquesa de Alba: ¿cómo están sus hijos? ¿Y el viudo?

Tuvo tres maridos, seis hijos, nueve nietos y seis bisnietos que formaron un árbol genealógico de última generación muy especial

Foto: Cayetana y sus hijos en una foto de archivo de Getty.
Cayetana y sus hijos en una foto de archivo de Getty.

El 20 de noviembre se cumplen cuatro años del fallecimiento de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, la XVIIII duquesa de Alba. La matriarca de la familia moría a los 88 años después de vivir intensamente. Tuvo tres maridos, seis hijos, nueve nietos y seis bisnietos que formaron un árbol genealógico de última generación muy especial. Cada uno de sus hijos recibió en vida la herencia; y su viudo, Alfonso Diez, una renta de por vida y algunos regalos que Cayetana le ofreció en fechas señaladas. El mapa familiar de los Alba se encuentra en estos momentos fuera del foco mediático tras la boda de Fernando, heredero del título con Sofía Palazuelo. Un acontecimiento social catalogado como la boda del año y a la que acudió la reina Sofia. A continuación, la radiografía de la familia con la gran Cayetana siempre en el horizonte.

Carlos Fitz-James Stuart, el titular del ducado

Es el duque titular, administrador del legado y la fundación que él mismo aconsejó a su madre crear en 1975. Igual que su hermano Jacobo alternó sus apellidos utilizando en primer lugar el de la madre. A sus 70 años no ha variado su estado civil. Sigue siendo un soltero de oro con pocas ganas de cambiar salvo si Alicia Koplowitz le diera un sí. Una decisión improbable por parte de la empresaria.

El duque de Alba y su hijo Carlos Fitz-James Stuart este verano en Sotogrande. (Getty)
El duque de Alba y su hijo Carlos Fitz-James Stuart este verano en Sotogrande. (Getty)

Hay una gran amistad y de hecho la dama ocupó un lugar especial a la derecha del duque en el almuerzo nupcial de su hijo Fernando con Sofía Palazuelo. Se ha dejado ver en la Feria de Abril con Silvia Bruttini, de la que aseguró a Vanitatis: “Es una buena amiga, nada más, y me veréis más de una vez con ella”. Viaja a menudo a Estados Unidos por temas relacionados con la fundación y las exposiciones itinerantes. Su decisión de abrir al público el palacio de Dueñas en Sevilla (en contra de la opinión de Cayetano) ha resultado rentable.

Alfonso, duque de Híjar

Lleva el apellido de su padre como sus tres hermanos pequeños. Así lo sigue manteniendo. Si antes de su muerte vivía alejado de las polémicas familiares, ahora mucho más. Mantiene un perfil muy bajo y no participa en las decisiones que toma el primogénito con respecto a la fundación. Tiene su propio patrimonio heredado del ducado de Híjar, que es el título que utiliza una vez que cedió Aliaga hace tres años a su hijo mayor.

El duque de Híjar, Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, a su llegada  al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para asistir a la misa por don Juan de Borbón en el 25 aniversario de su muerte. (EFE)
El duque de Híjar, Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, a su llegada al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para asistir a la misa por don Juan de Borbón en el 25 aniversario de su muerte. (EFE)

La relación con sus hermanos se limita a los actos de representación, salvo con el primogénito por cuestiones financieras. No hay malos rollos, pero tampoco intimidad fraternal. En cambio, sus hijos (Luis y Javier) frecuentan amistades y salidas sociales con sus dos primos, Fernando y Carlos, hijos del duque de Alba. Luis colabora en varios de los negocios de la Casa. Es director ejecutivo de los productos gourmet que se venden con la marca Alba.

Jacobo, conde de Siruela

Su vida sigue igual, como la canción de Julio Iglesias. Vive en una masía que le regaló su madre y que remodeló junto con su mujer, Inka Martí, filóloga y expresentadora de TV. Es el único que ha mantenido equilibrada la faceta afectiva y continúa casado. No acude a las misas recuerdo por su madre ni tampoco se le espera este 20-N. Sus apariciones públicas tienen que ver con actos culturales y presentaciones de su editorial Atalanta, que fundó en el 2005 junto a su mujer.

Inka Martí con su marido, el conde de Siruela. (Cordon Press)
Inka Martí con su marido, el conde de Siruela. (Cordon Press)

Hace dos años publicó su último ensayo, 'Libros, secretos', y tiene previsto editar en el 2019 otras dos obras. Su madre le consideraba el más culto de todos sus hijos. En estos cuatro últimos años ha recibido varios reconocimientos, como la Medalla al Mérito por la Universidad de Veracruz y Personaje del Año en el 2014 por su aportación a la cultura. Hubo dudas de si acudiría a la boda de su sobrino Fernando. No solo fue, sino que se compró un traje nuevo. Quiere mucho a su hermana Eugenia, a la que apoyó presencialmente cuando Francisco Rivera interpuso la demanda para solicitar la custodia de Tana.

Fernando, marqués de San Vicente del Barco

Es el mayor de los pequeños y lleva el apellido paterno. A diferencia de su hermano Cayetano, tiene un trato espléndido con la prensa y nunca hace desaires cuando hay polémicas familiares. Es habitual de las fiestas de proveedores y tampoco le importa posar en los photocalls. Este último año se encuentra más relajado porque “no hay líos en casa”. Vive en el palacio de Liria por deferencia del duque de Alba.

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Se llevan bien aunque se ven poco y mucho mejor con Eugenia, con la que comparte salidas sociales y verano en Marbella e Ibiza. Cada uno de ellos recibió como herencia sendas casas en estas localidades. Fernando busca novia, pero por ahora no ha tenido suerte. “Será que soy aburrido”, explica como razón para su soltería. Con sus hermanos varones mantiene una relación estable aunque, como confirmó a Vanitatis, “mi madre no favoreció nuestra relación. No sé por qué fue así”.

Cayetano M. de Irujo, conde de Salvatierra

Era el preferido de la duquesa y desde que murió su vida cambió de arriba abajo. Tanto en la parte afectica como en la económica. "Me quedé sin efectivo", dijo. Tuvo que abandonar el palacio de Liria, donde vivía, y volver a su tríplex en Pozuelo de Alarcón (Madrid). La decisión de su hermano mayor le hizo romper con él. Le costó entender que una cosa era la casa de mamá y otra de un hermano. Tampoco le pareció bien que el nuevo duque le apartara de los negocios familiares. Consideraba que fue el responsable de poner en valor algunas de las empresas como la dedicada a productos gourmets.

Cayetano Martínez de Irujo a su llegada al funeral de Carmen Franco. (EFE)
Cayetano Martínez de Irujo a su llegada al funeral de Carmen Franco. (EFE)

Y no intentaba disimular su desacuerdo con el mayorazgo de la Casa Alba y así lo dijo: “Debemos ser la única familia en el mundo que cumple con el mayorazgo en pleno siglo XXI, donde el mayor se quede con el 60% o 70% de todo”. Es el único que se ve de vez en cuando con el viudo, Alfonso Diez.

Eugenia Martínez de Irujo

Era la que más unida estaba a su madre y la más consentida, aunque cuando se divorció de Francisco Rivera, la duquesa no lo entendió. Después le hizo la cruz al torero por reivindicar la custodia de la nieta Tana.

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Un año después tal día como hoy... Feliz❤️ @narcisrebollo #eugeniamartinezdeirujo

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Eugenia agradece los homenajes y procura acudir a las misas siempre que no esté de viaje con Narcís Rebollo, el hombre que la da seguridad. Se casaron hace un año en una ceremonia en Las Vegas. Él vestido de Elvis y ella de Marilyn. Un matrimonio sin validez y que por ahora no tienen intención de repetir legalmente en España: “Estamos muy bien así”.

Alfonso Diez, duque viudo

Le cambió la vida cuando se casó con Cayetana. Los hijos lo consideraron un oportunista, cazador de dotes. Pero gracias a este último tren afectivo, la duquesa donó en vida su herencia y todos contentos. Unos con el patrimonio a buen recaudo y el marido volcado en su 'porcelana', como la llamaba. Cuando murió no recibió herencia directa pero sí colateral.

Alfonso Diez y la reina Sofía en el funeral por la muerte de la duquesa de Alba en 2014. (Getty)
Alfonso Diez y la reina Sofía en el funeral por la muerte de la duquesa de Alba en 2014. (Getty)

Una cifra cercana al millón de euros, con la que se compró una casa de doscientos cincuenta metros cuadrados muy cerca de su antiguo apartamento en el barrio de Chamberí. Carlos Fitz-James Martínez de Irujo mantuvo el acuerdo y continuó pagando la hipoteca de la casa de Sanlúcar, como el mismo duque confirmó públicamente. Además de una pensión vitalicia de tres mil euros. El duque viudo se ha mantenido alejado de los medios incluso cuando se publicó que mantenía una 'amistad' con la reina Sofía. Está considerado un buen hombre.

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